Creación y juego

Voy a compartir una comparación entre proceso creativo y juego, fantasía y sueño que me ha parecido bonita. De Freud.

Dice Freud que el poeta (extiéndase a…..)  se conduce como un niño cuando juega. Al jugar, los niños se crean un mundo propio, situando las cosas y las personas en un orden nuevo, grato para ellos. El poeta/escritor (extiéndase a…) hace lo mismo que un niño que juega: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio. Se siente íntimamente ligado a él, aunque sin dejar de diferenciarlo con la realidad.

El hombre, al crecer y dejar de jugar, se refugia en la fantasía, con sueños diurnos, con ensoñaciones. Los deseos insatisfechos son las fuerzas que impulsan las fantasías, y cada fantasía es una satisfacción de un deseo, una rectificación de la realidad insatisfactoria.

Por último, Freud dice que en el quehacer poético se da una separación entre imaginación y pensamiento racional, al igual que en la neurosis (qué miedo…).  Muy freudiana (y tranquilizadora) es su conclusión al respecto: en las obras se da una cura psicoanalítica, pues se hace consciente lo inconsciente. Al hacer consciente lo que el inconsciente reprime se produce una cura. Al igual que al reprimirlo genera enfermedad.

Pues eso, a escribir (extiéndase a….)

Binta y la gran idea

La raíz de todo

Hoy, en la asamblea de padres del cole, han ocurrido dos cosas que me han gustado. No, gustado no, lo siguiente.

La primera de ellas es que en el turno de ruegos y preguntas ningún progenitor ha levantado la mano. Nadie. Eso podría llegar a valorarse como un acontecimiento paranormal, milagroso.

Pero la importante ha sido la segunda: el lema que han elegido para este año, justificado de la siguiente forma:

La justicia, sin amor, nos hace duros.
La inteligencia, sin amor, nos hace crueles.
La amabilidad, sin amor, nos hace hipócritas.
La fe, sin amor, nos hace fanáticos.
EL deber, sin amor, nos hace malhumorados.
La cultura, sin amor, nos hace distantes.
El orden, sin amor, nos hace complicados.
La amistad, sin amor, nos hace interesados.
La responsabilidad, sin amor, nos hace implacables.
La vida, sin amor, no vale nada.

El lema es «la raíz de todo en el corazón«. Siempre me ha parecido un camino bonito por el que andar. De hecho, el mejor. El amor no es un lema, es toda una filosofía de vida.

Más por qués

Al margen de los sindicatos, de su convocatoria de huelga que ha llegado tarde y mal, de sus motivos y sus discursos trasnochados,  yo sí tengo los míos para manifestar mi descontento y hacer huelga en el día de hoy no en nombre de ningún sindicato, sino en el mío propio.

Aunque yo no me haya quedado sin trabajo, no me hayan rebajado el sueldo, no me hayan ejecutado una hipoteca, no me hayan denegado un préstamo, no hayan reducido las horas en que me ayudan con la asistencia domiciliaria, etc…. y porque a pesar de todas estas medidas, más la de la reforma del mercado laboral tan de libre mercado con probada eficiencia en el glorioso modelo capitalista americano, aún no se haya legislado nada en materia de regulación de ciertas prácticas financieras que ponen en riesgo la estabilidad de los países, ni en materia de especulación inmobiliaria, práctica que pone en riesgo la estabilidad del nuestro -además de imposibilitar el acceso a la vivienda a tantas personas… he decidido que me siento moralmente obligada a manifestarme de forma pacífica, quedándome en casa y renunciando a un día de sueldo. De forma que, si no cambia nada, al menos sentiré que, de alguna forma, he expresado mi disconformidad con la realidad en la que vivo.

El actuar siempre pensando en la utilidad de nuestros actos nos lleva a la inacción. ¿Sirve de algo guardar un minuto de silencio después de un atentado? ¿Va a hacer eso que los muertos resuciten? ¿Va a eliminar el hambre en el mundo aportar unos euros al año a una ONG? ¿Va a conseguir una manifestación que en ciertos países se dejen de vulnerar los derechos humanos?

Podemos no hacer nada nunca, podemos caer en la abulia más absoluta, en el desencanto y en la falta de fe. Pero creo que ciertos actos sí que tienen utilidad. Puede que no inmediata. Pero tienen un efecto de contagio y de esperanza, de solidaridad y de apoyo. Y nos hacen más humanos.

Se pueden buscar muchos motivos para callar y para dejarse llevar por el derrotismo ante realidades injustas.  No se trata sólo de un día de huega, ni de sucia política, ni de vociferaciones sindicales.  Por supuesto no se trata de arrojar piedras, ni de violencia, ni de vulnerar los derechos de otras personas.

Se trata sobretodo de una toma de conciencia, de responsabilidad y de sensibilidad. Lo que hacemos y el cómo lo hacemos sí importa.

Fuera de temporada

Casi nunca como melocotones.  Porque me encantan. Precisamente porque me encantan.  Pero ahora tienen forma de melocotón, piel de melocotón, tacto de melocotón, color de melocotón, sabor a nada. Nada. Como fuera de temporada. Como sacrificados en nevera. Como el tomate en invierno.

Nunca compro tomates en invierno. Porque me encantan.