Más por qués

por patricia

Al margen de los sindicatos, de su convocatoria de huelga que ha llegado tarde y mal, de sus motivos y sus discursos trasnochados,  yo sí tengo los míos para manifestar mi descontento y hacer huelga en el día de hoy no en nombre de ningún sindicato, sino en el mío propio.

Aunque yo no me haya quedado sin trabajo, no me hayan rebajado el sueldo, no me hayan ejecutado una hipoteca, no me hayan denegado un préstamo, no hayan reducido las horas en que me ayudan con la asistencia domiciliaria, etc…. y porque a pesar de todas estas medidas, más la de la reforma del mercado laboral tan de libre mercado con probada eficiencia en el glorioso modelo capitalista americano, aún no se haya legislado nada en materia de regulación de ciertas prácticas financieras que ponen en riesgo la estabilidad de los países, ni en materia de especulación inmobiliaria, práctica que pone en riesgo la estabilidad del nuestro -además de imposibilitar el acceso a la vivienda a tantas personas… he decidido que me siento moralmente obligada a manifestarme de forma pacífica, quedándome en casa y renunciando a un día de sueldo. De forma que, si no cambia nada, al menos sentiré que, de alguna forma, he expresado mi disconformidad con la realidad en la que vivo.

El actuar siempre pensando en la utilidad de nuestros actos nos lleva a la inacción. ¿Sirve de algo guardar un minuto de silencio después de un atentado? ¿Va a hacer eso que los muertos resuciten? ¿Va a eliminar el hambre en el mundo aportar unos euros al año a una ONG? ¿Va a conseguir una manifestación que en ciertos países se dejen de vulnerar los derechos humanos?

Podemos no hacer nada nunca, podemos caer en la abulia más absoluta, en el desencanto y en la falta de fe. Pero creo que ciertos actos sí que tienen utilidad. Puede que no inmediata. Pero tienen un efecto de contagio y de esperanza, de solidaridad y de apoyo. Y nos hacen más humanos.

Se pueden buscar muchos motivos para callar y para dejarse llevar por el derrotismo ante realidades injustas.  No se trata sólo de un día de huega, ni de sucia política, ni de vociferaciones sindicales.  Por supuesto no se trata de arrojar piedras, ni de violencia, ni de vulnerar los derechos de otras personas.

Se trata sobretodo de una toma de conciencia, de responsabilidad y de sensibilidad. Lo que hacemos y el cómo lo hacemos sí importa.

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