Pequeña y única introspección

Sólo una vez me adentré en el océano, sola. Y dentro del agua, cuando se apagaba de pronto el estruendo de las olas, y sólo veía agua verde, lo suficientemente turbia como para no distinguir qué podría haber un metro más allá de mí pero lo suficientemente transparente como para que dejara entrar la luz, o la oscuridad según la traspasara el sol o lo cubriera una gran ola, allí, sumergida en el mar agitado, inquietante en esa falsa calma submarina, sentí la necesidad de continuar, de adentrarme aún más allá, de seguir buceando cada vez más lejos de la orilla, hasta dejar de hacer pie, hasta que nada me retuviera o me impidiera seguir mar adentro, y continuar mirando bajo el agua, y no distinguir más que agua, hasta el punto de ser yo misma agua, inmensa agua, tan silenciosa y calma ahí debajo como salvaje en superficie.  Y a pesar de la inquietud y del miedo, y de todos modos, necesité ser ahí.  Sólo entonces, sin suelo en el que sujetar los pies, sin ver más que agua en la superficie, sin ver más que agua en el agua, siendo yo misma agua, sólo entonces, habiéndome entregado al océano, me di la vuelta. Y vi la orilla a lo lejos, y a ti, diminuto, agitando los brazos haciéndome señales. Recuperé entonces mi forma, mis brazos, mis piernas, y con ellas comencé a bucear en sentido contrario, y las corrientes de las que había formado parte segundos antes corrieron a mi favor y me dejé arrastrar por las olas que se sucedían con fuerza. En un par de ellas ya hacía pie, y en pocas más estaba, otra vez, caminando en firme.

nostalgia primigenia en la pausa de la publicidad

el lunes rompemos el voto de un mes sin tele para ver mátalos suavemente.  en una pausa publicitaria anuncian un producto que sirve para evitar que los pezones de los corredores -o runners- se irriten con el roce de sus camisetas.

pienso que el mito del tipo duro, encarnado en el cine por John Wayne, Clint Eastwood, Gary Cooper, Burt Lancaster, Paul Newman, o Brando, ha muerto para siempre. pero pienso que eso no debe importarme, pues mi ideal de tipo duro es también el del tipo puro, y no es un vaquero sino un piel roja.

pienso también en la especie humana en su conjunto, diseñada en sus inicios por la naturaleza para el ejercicio físico, para la búsqueda de agua y alimentos, para la caza y la recolección, para caminar sin calzado así sea supinador o pronador, para vivir en la desnudez antes de que el absurdo pudor tras el también absurdo episodio de la manzana nos condenara como especie a cubrir la absurda vergüenza con ropa, a sufrir colas en las rebajas, a la vida en los centros comerciales, a los sostenes para ellas, y para ellos, el gel evitaescoceduras de pezón.

pienso que no hace falta irse miles de años atrás. me imagino preguntándole a mi abuelo qué opina acerca del uso de una protección para que no se irriten los pezones. pero no puedo porque está muerto. me pregunto a mí misma, y me descubro oponiendo resistencia a hacer un viaje de verano en coche sin aire acondicionado, cuando hace veinticinco años me cruzaba la península sentaba en el asiento de atrás de un coche, y por todo refrigerio el aire que entraba por la ventana.

somos una especie en vías de debilitamiento y fragilización.  a saber de cuántos remedios para poder soportar malestares terribles de los que aún no somos conscientes podrán disfrutar nuestros nietos.

pienso en pablo cuando vuelve de tocar los tambores con las manos llenas de callos y de heridas que sangran, en que ni las mira, ni las cura, ni le duelen, las ignora, y sólo piensa en volver a tocar otra vez. y me gusta. pienso en miguel, cuando vuelve de los entrenamientos o de los partidos o del colegio con las piernas llenas de heridas, o con lesiones musculares, en que ni las mira, ni las cura, ni le duelen, las ignora, y sólo piensa en volver a jugar otra vez. y me gusta.

pienso en las noches en que sufrimos ataques de mosquitos por no usar protectores en crema, eléctricos o ultrasonidos. y en tus combates cuerpo a cuerpo, armado con un trapo, y los matas suavemente…

pienso que esa admiración mía por la resistencia, la dureza, el instinto, la fuerza, la desnudez, lo salvaje, lo humano, siendo una urbanita irredenta, con aire acondicionado, podría parecer incompatible. y sin embargo….

«Déjenme ser un hombre libre. Libre para viajar o quedarme, para trabajar, para comerciar donde escoja, libre para elegir a mis propios maestros, para seguir la religión de mis padres, libre para pensar, hablar y actuar por mí mismo. La tierra es la madre de todas las personas, y todas las personas deben tener derechos iguales en ella»

HINMAHTOO-YAHLAHKET (Jefe Joseph)
Jefe de los Nez percé 

«Cuando todos los búfalos se hayan ido, los caballos salvajes hayan sido domados, el rincón más secreto del bosque invadido por el ruido de la multitud, y la visión de las colinas esté manchada por los alambres parlantes, cuando desaparezca la espesura y el águila se extinga, habrá que decir adiós al caballo veloz y a la caza».
SEATTLE
Jefe de los Suquamish

inconclusos y póstumos

por fin he conseguido terminar «el proceso«. perdí el interés antes de llegar a la mitad al invadirme la sensación de que no iba a sorprenderme ya nada de lo que pudiera leer, y que continuar leyendo estaba resultando un redundar en lo ya leído.

no terminé de empatizar con K, ni con nadie. he estado a punto de dejarlo a medias dado que he iniciado un propósito vital de obtención -y transmisión- de placer y alegría, y la lectura no me estaba procurando ninguna de las dos cosas, pero terminé autoimponiéndomelo en total contradicción con el propósito anteriormente citado.

elegí el proceso porque se lo oí citar a emilio la noche en que lo conocí, en su septuagésimo cumpleaños. esa noche me ganó para siempre, y además, refiriéndose a la crisis, y a su percepción, dijo algo así como que se sentía como el protagonista de «el proceso». eso fue hace tres o cuatro años.

esta primavera me regaló una foto, en el pie escribió los versos:

«Que mañana entrará

satisfecha, capulí de obrería, dichosa

de probar que sí sabe, que sí puede

¡CÓMO NO VA A PODER! 

azular y planchar todos los caos

ahora también quiero leer trilce. no he tenido la oportunidad de ver a emilio en muchas ocasiones, pero me ha ganado para siempre en cada una de ellas.

he terminado el proceso, y hasta el epílogo no me entero de que he estado leyendo un libro inconcluso. ya después, en el epílogo, aclara max brod que kafka había dejado capítulos sueltos, sin enumerar, y que antes de morir le había pedido al amigo que lo quemara todo. cuando kafka muere brod toma todas las notas, ordena los capítulos como mejor le parece, hace una corrección sucinta, y lo publica, haciendo una interpretación muy libre de las últimas voluntades del autor.

he terminado el proceso y he empezado con alabardas, para continuar alimentando mi obsesión saramaguiana, y ahora que lo pienso, parezco estar iniciando una serie de lectura de libros inconclusos y póstumos.

ya he terminado alabardas. alabardas alabardas, espingardas espingardas.

tres únicos capítulos, unas notas de trabajo del autor, y dos reflexiones sobre la obra de saramago de dos autores de los que no recuerdo nombre, y unas ilustraciones de gunter grass. me falta el final de la última reflexión, la que se titula yo también conocí a artur paz semedo.

mientras leo esos tres últimos capítulos me vuelve a pasar por la cabeza la fantasía de escribir una novela. desde el lunes fantaseo con una historia. escribir solo tiene sentido si hay una historia, pero no se trata tanto de una historia que pueda resultar interesante para el lector, sino una historia que yo quisiera contar. tengo que querer contarla.

creo que tengo una historia que me gustaría contar pero no he empezado, empiezan las excusas para no dar el primer paso. entre ellas esta entrada de hoy. y ahora pienso en los propósitos de placer y alegría, en los versos de emilio, en fantasear, en la inconclusión y sobre todo, en contradicciones.

cómo construir un círculo

Él dobla los cables sin utilizar el codo, con dobleces perfectamente simétricas, y después los sujeta con un velcro para que no se enmarañen antes de guardarlos en su sitio. Ella tiene un cajón enorme para todos los cables del mundo, por si algún día los guarda, sin doblar, enredados los unos con los otros.

Él tiende las camisas, que siempre lava del revés, en perchas. las saca de la lavadora, las pone del derecho, las coloca en las perchas, con especial cuidado para que los ganchitos de las perchas queden siempre en la misma dirección, y abrocha el botón superior. Ella a veces lava las camisas del derecho y otras del revés, en función de cómo se las haya quitado, que no es siempre de la misma manera. a veces tiende las camisas con pinzas, otras veces en perchas. cuando es así  casi nunca les abrocha el botón superior, aunque alguna vez lo hace para variar. lo que no ha conseguido nunca, hasta ahora, es tenderlas en perchas y que los ganchitos le queden siempre en la misma dirección.

Él revisa sus pertenencias todas las mañanas antes de irse. guarda las llaves en el bolsillo de las llaves, rellena la caja de los filtros, comprueba cuánto tabaco le queda y piensa en qué día debe ir a comprar para que en ningún caso la despensa de tabaco se vacíe, coge el móvil que previamente ha cargado, revisa a su alrededor para asegurarse que todo queda guardado y en su sitio, y después de darle un beso largo, se marcha. Ella a veces prepara sus cosas, y a veces no. unos días aparecen por arte de magia todas juntas, cerca del bolso, como de forma casual, y otros no. algunos días fuma cigarros como Lucky Luke porque ha olvidado reponer los filtros de su caja de filtros, otros días se deja las gafas de sol y se pasa el día guiñando los ojos para esquivar al astro rey, a veces se va sin el móvil, y también se ha olvidado, aunque con menor frecuencia, las llaves de casa o el almuerzo.

Él se desviste en cuanto llega a casa. con una percha en la mano, cuelga el traje, cuelga la corbata, lo deja dentro del armario, da la vuelta la camisa para lavarla, y se pone ropa cómoda. Ella se desnuda cuando se acuerda, a veces cuando llega a casa, a veces antes de preparar la cena, otras después, casi siempre antes de cenar, pero no siempre. antes de meterse en la cama, seguro. deja los vaqueros encima de la silla del dormitorio, la camisa o camiseta tiradas por el suelo, y hasta el día siguiente no guarda nada, aunque a veces le da por recoger en el momento, y otras, por amontonar la ropa en la silla durante varios días.

Él comprueba con regularidad los niveles de gasolina, y reposta cuando el depósito baja de la mitad. Ella busca una gasolinera cuando hace ya unos cuantos kilómetros que entró en reserva.

Él aparca el coche conservando la equidistancia entre el coche de delante y el de atrás, pegándolo a la acera. por último endereza el volante y al salir pliega los espejos. Ella no repara en la distancia al bordillo, ni en el lugar donde miran las ruedas, ni si la posición del vehículo es perfectamente paralela a la acerca, o si forma con ella un cierto ángulo. sale del coche y si está lo suficientemente bien como para no molestar, cierra y se va.

A ella le gusta mirarle. Cómo tiende, cómo se desnuda cuando llega a casa, cómo prepara sus cosas por las mañanas. Le asombra su método.

A él le gusta mirarla. Cómo tiende, cómo se desnuda cuando se desnuda, cómo prepara o no sus cosas. Le asombra su caos.

El método y el caos viven juntos. Y se aman.

corrientes circulares en el tiempo

  • Que me da igual si se llama Martín el Humano o Fernando décimo!
  • Dices que te da igual, pero luego no te da igual.
  • A mí sí pero a tu profesor no, así que también te lo tienes que saber, a mí lo que me importa es que sepas el qué y el por qué, no su nombre, la historia al fin y al cabo. Te lo has leído una vez en diagonal y a duras penas recuerdas unos nombres sueltos que no significan nada porque sabes que después voy a llegar yo, me lo voy a leer, y te lo voy a contar, lo que viene siendo que yo te voy a estudiar el examen, ¿sí o sí?

El niño rubio resopla, está tan aburrido del curso que no sabe si podrá sobrevivir a la última tarde de estudio, ni siquiera al último sermón materno, por mucho que sea consciente de que es el peaje por aliviar un poco la tortura medieval. La madre resopla, se infunde ánimos en voz baja, se propone no perder la paciencia con el último examen del curso y se resigna a bajarse al barro y a estudiarle al hijo el dichoso reino de Aragón en la primera mitad del siglo XV. Coge el libro, lee en voz baja y en diagonal, y tras un suspiro, se lanza con la dinastía de los Trastámara:

  • Cuando muere el rey Martín el Humano que no tiene hijos, surge un problema. Hay dos candidatos, Fernando de Antequera (el Trastámara), y un tal Conde de Urgel.
  • Sí, pero aquí se resuelve bien el problema, porque llegan a un acuerdo y no estalla una guerra por la sucesión como pasó en Castilla.
  • Pues sí, no hubo guerra, pero tanto como acuerdo no diría yo. Por lo visto Aragón y Valencia apoyaban a Fernando y Cataluña al conde de Urgel. Y ya sabes lo que pasa con el dos contra uno, de ahí las tensiones después entre Fernando y las cortes catalanas, que no estaban del todo conformes, no lo reconocían, y boicoteaban todas las propuestas del rey. La cosa es que Fernando muere pronto, y hereda el trono su hijo, Alfonso el Magnánimo, y las tensiones fueron a más. Incluso fueron motivo de disputa las expansiones territoriales por el mediterráneo, que favorecían la economía catalana.
  • ¿Por qué lo llaman magnánimo si tiene tensiones con las cortes catalanas y con la nobleza?
  • Pues no sé, habrá que saber por qué eran esas tensiones…. Aquí llegamos a la época de crisis. Claro, estamos a principios del XV, la población había sido diezmada por la peste y las guerras, había menos cosechas porque había menos gente para trabajarlas –es lo que tiene morirse en masa-, y los nobles en Cataluña –al igual que en Castilla- habían decidido que la crisis no iba con ellos, y que si disminuían sus ingresos porque se les habían muerto los campesinos, los que quedaban vivos iban a compensar las pérdidas pagando más impuestos.
  • Vamos, como ahora.
  • ¿Lo ves? Si no es tan complicado…, ¿y qué eran los campesinos de remensa?
  • Payeses de remensa, mamá. Pues los campesinos libres teóricamente podían ir a trabajar donde quisieran, pero para abandonar las tierras de un noble tenían que pagar un impuesto. Cuando la cosa se puso fea con la crisis, para evitar que los campesinos huyeran en busca de condiciones mejores, los nobles subieron los impuestos que debían pagar por abandonarlos hasta un límite imposible, así que los campesinos se quedaban adscritos en la práctica a un señor, y a merced de las condiciones que quisiera imponerles. Y esos campesinos que no podían abandonar sus tierras eran los de remensa.
  • Eso es, y a esto hay que sumarle los malos usos, que eran las condiciones abusivas que imponían los nobles a los payeses que no podían marcharse. Bueno, pues la cosa es que el tal Alfonso el magnánimo, que igual por eso lo llamaron así, quiso acabar con las remensas y los malos usos, e impuso una ley a los nobles que las prohibían. Pero los nobles se negaron a acatarla, y entonces se produjo una revuelta campesina.  Al final, el rey, harto de las tensiones con los nobles  y mucho más satisfecho con sus conquistas por el Mediterráneo, se termina largando a Nápoles. Y la cosa, con el rey fuera,  se termina de desestabilizar. Con su sucesor, su hermano Juan II, estalla la guerra civil.
  • ¿Y por qué los campesinos no protestaron antes con las condiciones que les imponían?
  • Pues porque en general las personas somos muy de aguantar, tenemos una cuerda muy larga. Y porque además, los campesinos estaban acostumbrados a obedecer y a respetar las normas que les imponían. Consideraban que no tenían ninguna fuerza ni poder de negociación, algo así como “y yo qué voy a hacer si soy un simple campesino, contra el señor, que tiene castillos, y caballos, y armas, y perros”. Es la cultura de la resignación y el sometimiento. Sin embargo, en número, eran muchos más campesinos que nobles.
  • Bueno venga, la guerra civil, a ver si de esto te sabes algo.
  • Pues que lucharon y al final ganó Juan….. ¿segundo?.
  • Y dale, que sólo te has mirado los nombres en negrita, ni te lo has leído…

(El niño rubio se despanzurra en la silla, con la cabeza hacia atrás y cara de dolor, temiéndose un nuevo sermón, y piensa que es injusto que a una persona sólo se le pueda juzgar y condenar una vez por un mismo delito, mientras que una madre no tenga fijado un límite legal de juicios y sermones para sus descendientes. Carta blanca para el reproche ilimitado. Si ya sabe que no se lo ha estudiado, ¿para qué insiste? La madre lo mira y se contiene, y piensa que si ya sabe que no lo ha estudiado, para qué insiste? Así que suspira y se lee la pregunta llamada “La guerra civil”.

  • Bueno, pues así las cosas en el campo resulta que mientras, en la ciudad, había dos partidos. Por un lado estaba la Biga, formado por la alta burguesía y la oligarquía catalana, un grupo reducido formado por las personas de mayor poder económico, que eran las que ostentaban todos los cargos municipales. Se hacían llamar “los honrados”. Por otro lado estaba la Busca, que era la agrupación de pequeños artesanos y comerciantes, asfixiados por la crisis, que querían acceder a los puestos de poder municipal para tratar así de recortar los privilegios con los que los oligarcas preservaban sus riquezas.
  • Vamos, como el PP y Podemos ahora, no?

La madre se cuestiona si no debería dejar de poner el Intermedio por las noches.

  • Es un tanto reduccionista, pero si a ti te sirve….
  • ¿Y entonces?
  • Entonces estalla la guerra civil, que por lo que dice en tu libro tiene dos bandos: por un lado está el rey que se alía con los payeses de remensa y con el partido de la Busca. Y por otro la nobleza, el clero, y el partido de la Biga. Al final, efectivamente, gana el rey Juan II y termina doblegando a la nobleza. Pero jamás solucionó los problemas de los remensas.
  • ¿Por qué? ¿El rey no hizo nada? Pero si le habían ayudado a ganar la guerra. Los campesinos lo habían apoyado luchando durante diez años!
  • Sí, pero ya ves, una vez recuperado el poder, se le olvidaron las promesas.
  • Vamos, como ahora, no?
  • Oye, si tienes curiosidad, esto continúa con el hijo del rey Juan II, Fernando el Católico….podemos investigar cómo acaba…

El niño rubio ve su oportunidad, se arrima de nuevo al teclado, se pone sus auriculares, y antes de irse para el resto de la tarde, replica:

  • No te lo tomes a mal, pero puedo esperar al curso que viene…
  • Yo también.