inconclusos y póstumos

por fin he conseguido terminar “el proceso“. perdí el interés antes de llegar a la mitad al invadirme la sensación de que no iba a sorprenderme ya nada de lo que pudiera leer, y que continuar leyendo estaba resultando un redundar en lo ya leído.

no terminé de empatizar con K, ni con nadie. he estado a punto de dejarlo a medias dado que he iniciado un propósito vital de obtención -y transmisión- de placer y alegría, y la lectura no me estaba procurando ninguna de las dos cosas, pero terminé autoimponiéndomelo en total contradicción con el propósito anteriormente citado.

elegí el proceso porque se lo oí citar a emilio la noche en que lo conocí, en su septuagésimo cumpleaños. esa noche me ganó para siempre, y además, refiriéndose a la crisis, y a su percepción, dijo algo así como que se sentía como el protagonista de “el proceso”. eso fue hace tres o cuatro años.

esta primavera me regaló una foto, en el pie escribió los versos:

Que mañana entrará

satisfecha, capulí de obrería, dichosa

de probar que sí sabe, que sí puede

¡CÓMO NO VA A PODER! 

azular y planchar todos los caos.”

ahora también quiero leer trilce. no he tenido la oportunidad de ver a emilio en muchas ocasiones, pero me ha ganado para siempre en cada una de ellas.

he terminado el proceso, y hasta el epílogo no me entero de que he estado leyendo un libro inconcluso. ya después, en el epílogo, aclara max brod que kafka había dejado capítulos sueltos, sin enumerar, y que antes de morir le había pedido al amigo que lo quemara todo. cuando kafka muere brod toma todas las notas, ordena los capítulos como mejor le parece, hace una corrección sucinta, y lo publica, haciendo una interpretación muy libre de las últimas voluntades del autor.

he terminado el proceso y he empezado con alabardas, para continuar alimentando mi obsesión saramaguiana, y ahora que lo pienso, parezco estar iniciando una serie de lectura de libros inconclusos y póstumos.

ya he terminado alabardas. alabardas alabardas, espingardas espingardas.

tres únicos capítulos, unas notas de trabajo del autor, y dos reflexiones sobre la obra de saramago de dos autores de los que no recuerdo nombre, y unas ilustraciones de gunter grass. me falta el final de la última reflexión, la que se titula yo también conocí a artur paz semedo.

mientras leo esos tres últimos capítulos me vuelve a pasar por la cabeza la fantasía de escribir una novela. desde el lunes fantaseo con una historia. escribir solo tiene sentido si hay una historia, pero no se trata tanto de una historia que pueda resultar interesante para el lector, sino una historia que yo quisiera contar. tengo que querer contarla.

creo que tengo una historia que me gustaría contar pero no he empezado, empiezan las excusas para no dar el primer paso. entre ellas esta entrada de hoy. y ahora pienso en los propósitos de placer y alegría, en los versos de emilio, en fantasear, en la inconclusión y sobre todo, en contradicciones.

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2 comentarios en “inconclusos y póstumos

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