Proceso de desintoxicación del league of legends

Lo que más odio de tener que reconocer que me he equivocado es haberme equivocado. Porque normalmente no me formo opiniones ni actúo, ni adopto una filosofía de vida al azar. No he tirado una puñetera moneda al aire y esperado al cara o cruz. Si pienso de una determinada forma sobre algo es porque, después de haber analizado y estudiado con mucha profundidad, creo que es la mejor forma de pensar. Hasta que llega el método del prueba y error y me demuestra lo segundo, mi puto error. Y más aún cuando se trataba de una apuesta importante. Como el estilo educativo con un hijo de catorce. Y más aún cuando lo que yo quería que fuese la realidad era algo bonito, y había coleccionado cientos de discursos, tan bonitos como mi fé, de grandes pedagogos, psicólogos, sociólogos, filósofos, y adoptado sus argumentos y sus nubes rosas. Y me he empapado de un discurso victimista acerca de lo mucho que sufren los niños de hoy en día, que si un sistema educativo desmotivador, que si una metodología mediocre, que si no se tiene en cuenta sus sentimientos, bla bla bla. Que si la empatía, el diálogo, y el consenso. Y he empatizado, hablado, comprendido, respetado, argumentado, ayudado, motivado, dialogado, preguntado, criticado, reconvenido, explicado, advertido, argumentado, solicitado opinión, re-advertido, amenazado. Una vez que no queda ya un resquicio de autoengaño al que acudir, ni victimismo con que exculpar, ni confianza que otorgar, queda oficialmente inaugurado el imperio del terror.

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14 comentarios en “Proceso de desintoxicación del league of legends

  1. A ver, pulso un ‘me gusta’, es tan fácil; pero no me gusta, digo lo que creo que te pasa. Y opino a ciegas: creo que no hay pedagogo, sociólogo o filósofo que comprenda a la adolescencia, si acaso algún sufrido maestro, no por ser más listo sino porque pasa la mitad de su vida con adolescentes.
    Saludos.

    1. Al final hay que poner límites. Si supieran ser responsables ellos solos se independizarian con 10 años y no es el caso. Pero el papel de limitadora me disgusta mucho. Supongo que va en el cargo.

  2. Catorce años… Bien, ¿te acuerdas cuando tenías catorce años? Yo me recuerdo libre, adulto, con una consciencia absoluta sobre todo lo que me sucedía. Es cierto que cuando pasan los años te ves con catorce como un niñato, pero la cuestión no es cómo te ves después sino cómo lo vives cuando tienes esa edad.

    El problema no es que sean empática, ni pienses que tu hijo es víctima de las circunstancias, la educación y miles de etcéteras. El único problema es que tu hijo tiene catorce años. Punto. Da igual que utilices el imperio del terror, que te des cabezazos contra la pared, que le grites y que le intentes imponer tu estilo de vida: porque recuerda que prohibir el league of legends no es más que imponerle tu estilo de vida. El te dirá, vamos, como si le escuchara: “Quién eres tú para decirme lo que yo tengo que hacer”, “es mi hobbie, sabes. ¿Te digo yo algo porque leas o porque te guste cocinar?”. A los catorces comienzas a decidir. “Va a venir mi madre a decirme lo que tengo que hacer, vamos, estaría bueno”.

    Solo hay un método, y es tratarle como un adulto; porque en definitiva, aunque nos empeñemos en pensar lo contrario, es un adulto. Mi hermano también estaba enganchado al league of legends. Si le dejabas quemaba el ordenador. En casa siempre estaba a gritos con el tema. Al final y al cabo siempre intentaban imponerle lo que ellos creían que era bueno: “¿Por qué no lees un libro?” Con lo que él quería hacer. Al final la solución fue fácil. Un día, al fijarnos en él -metro 90, fuerte, ancho, con una conversación ágil e ingeniosa- aceptamos todos que ya no era un niño. Y como no era un niño le independizamos. Alquilamos una habitación en una ciudad cercana para él, aprovechando que allí juega al baloncesto, y le hicimos responsable de su vida.

    Curiosamente -apenas han pasado unos meses- ya no juega apenas al Lol. Nadie le ha dicho que deje de jugar. Tampoco creo que hubiera servido de nada.

    1. Sartre decía que ser libre no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. Para mi gusto eso es matizable, pero algo hay…. Estoy de acuerdo contigo en parte. Recuerdo cuando tenía 14 años, claro, pero no me sirve como elemento de comparación, sólo como elemento de comprensión. Y creo que no debo limitarme a comprender (aunque no estoy del todo segura). Yo tenía un carácter rebelde y un poco insoportable pero sin embargo era responsable con mis obligaciones. Él es amable, cariñoso y de trato fácil, pero muy vago. Él es él y yo soy yo y tú eres tú, y tu hermano es tu hermano, y no existe una ley única que nos iguale a todos salvo el spoiler de que al final morimos.
      El problema no es que no me gusten sus hobbies. En eso no me meto, puede hacer lo que quiera, y de hecho, cuando para hacer lo que ha querido ha necesitado mi ayuda la ha tenido. Intervengo cuando no cumple con sus responsabilidades. Los actos tienen consecuencias, al menos para los adultos (para los niños depende de lo consentidores que sean sus padres). Parece una perogrullada, pero si no lavo mi ropa no tengo ropa limpia, si no voy a trabajar me despiden, si no pago mis impuestos me multan, si me comprometo a hacer algo por alguien y no cumplo, daño a ese alguien. Yo prefiero cumplir con las mías no por miedo a las consecuencias sino porque hacerlo me haga sentir bien. Prefiero que para él también sea así. Pero a veces hace falta ese límite. Incluso para los adultos… En cuanto a que vaya o no a servir, como mucho se lo puede poner algo más fácil si lo cambia por otro juego un poco menos absorbente. (De hecho en septiembre tuvo un momento de lucidez y dijo “mamá, he decidido desengancharme del LOL, voy a vender mis cuentas para evitar las tentaciones de volver, y ahora me voy a encerrar en mi cuarto con unos litros de sopa de tomate, una palangana y una caja de valium”). De hecho, ayer me reconoció que no le parecía mal. Pero eso no va a arreglar el problema de la pereza y la inconstancia per sé.

  3. Ánimo. Hacer de poli malo no es agradable pero tampoco hay que adoptar ese papel de forma permanente, solo de vez en cuando, también puedes seguir utilizando todos esos verbos tan bonitos. Una de cal y otra de arena, paciencia, memoria de cómo éramos a esas edades y humor para aguantar el tirón.

  4. Buf, todo esto es complicado, y no da para opiniones cerradas. Yo me recuerdo a esa edad muy vacío, y además yo no era buen estudiante. Yo sí creo que a esa edad se maneja muy mal a los chavales, entran en un bucle de desmotivación (independientemente de si aprueban, supenden, parecen espabilados o tristes) que un sistema para mí obsoleto alimenta. Tampoco creo que se tenga que tratar a los chavales presumiendo que tengan que ser necesariamente muy listos; pero lo que sí debe hacerse es ayudarles a despertar a sí mismos (por decirlo así) en lugar de crear un discurso sobre lo atolondrados que están a esa edad y que eso sencillamente no es suscepctible de cambio.

    1. Estoy muy de acuerdo. A ver, esto que he escrito es una especie de autoparodia en un día de enfado, supongo que si un día mis hijos lo leen se descojonarán con la última frase, como cuando les digo “cuidado conmigo que puedo hacer que vuestra vida sea un infierno”; nos conocemos y saben cuándo estoy tirando de humor.
      Pero volviendo a lo serio, sí, es complejo, porque cada persona es un mundo, cada niño por tanto también, y cada relación padre-hijo también. A mí me parece muy importante conocer a la persona, eso se consigue observando, hablando, preguntando, respetando, y conviviendo. A veces presuponemos lo que piensan o lo que les pasa, o sus por qués, y actuamos en base a nuestra presuposición, sin saber realmente qué tienen ellos en su cabeza. Una vez que conoces los por qués, es más fácil encontrar soluciones que realmente les puedan ayudar.
      En cuanto a la motivación, es muy difícil la vida cuando no tienes un impulso, algo que te ilusione. Si un niño sólo tiene como meta la vida académica, con lo terrible que es el método y el sistema actual, entra en un estado de desidia. Si desde fuera lo que interpretan es”lo único importante es sacar buenas notas, hacer una carrera útil con la que poder ganar dinero, casarte tener dos hijos, dos coches y un apartamento en la playa, y no busques más allá porque la vida es esto y no hay nada más”imagina, eso sí es terror. Ni más ni menos que un adulto que sólo tiene un trabajo que odia, y el resto del tiempo se anestesia con la tele y el centro comercial. Y eso sin entrar en las hormonas ;-).
      Es imprescindible tener ilusiones y desarrollar los talentos propios, coincidan o no con lo que la sociedad indique como camino correcto a seguir. Pero eso no es incompatible necesariamente con adquirir ciertas responsabilidades, y desarrollar una cierta voluntad para ir más allá de la pereza y la desidia. Hasta cuando uno hace algo que le gusta a veces también hace falta.

  5. Querría añadir que sé que es fácil hablar desde fuera, yo no soy padre ni docente, pero no por ello ese PROBLEMA (así en mayúsculas) educativo deja de existir, y realmente creo que existe. No trato con niños, pero sí fui uno, y he pensando mucho en esa etapa.

    1. Gracias por tu aportación. La adolescencia, como la niñez, no son exclusivas de padres y educadores :-). Forman parte del ser humano, y como otras tantas facetas del mismo, suscitan curiosidad, reflexión y análisis, y sorpresa, y debate….

      1. La verdad es que el post me encanta, eso sí, es la clase de tono que me gusta y me gusta hacer a mí también, porque agita el avispero. Lo que yo llevo mal es la síntesis 🙂

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