El último habitante del planeta

por patricia

De vez en cuando miro el programa del Café Central. Aunque el jazz me gusta por los pelos tengo  inexplicables ganas de ir. Del programa me llama la atención Mastretta, y además ese mismo día, un rato después, leo la recomendación de Raquel. Busco su página web, leo su discografía, me gusta el nombre del grupo y sus portadas,  y me envío un link por correo con el título “para escuchar”, porque en el trabajo puedo curiosear pero no escuchar música, ni siquiera con auriculares porque algo me he cargado y no lo he sabido arreglar y es terrible. Echo de menos la música.

Por la tarde pongo a Mastretta, y se me queda enganchada El último habitante del planeta. Y yo, que a veces me pienso tan filósofa y tan lírica, escucho el último habitante del planeta y lo que se me pasa por la cabeza es una frase hecha. Muy cinematográfica, eso sí. Como la canción. “No follaría contigo aunque fueras el único hombre en el mundo”. Las cosas se dicen muy a la ligera, no se debería jugar tan alegremente con la grandilocuencia. Salvo que la grandilocuencia sea un intento de doblegar la voluntad propia, como si pensarlo bajito no fuera suficiente porque la que piensa bajito es ella normalmente, y para poder negarla hubiera que emitir sonidos, pronunciar palabras. Y me pongo cinematográfica también. Y visualizo una pareja. Y ella le dice a él, en blanco y negro, no estaría contigo aunque fueras el único hombre sobre la faz de la tierra. Quizás también le diría te odio. No sé aún si antes o después de la frase. Lo que sí sé es que la voz sonaría alterada, vehemente. Si hay bofetón el beso llegaría de inmediato, de lo contrario quizás habría que esperar más. También para el sexo. Pero es seguro que llega, y que después fuman cigarrillos, sin besarse. Y les queda ceniza en las encías y bajo la lengua. Gana la voluntad y pierden ellos. Cuando alguien pierde se queda la ceniza, no se le vaya a echar la culpa al tabaco también de eso. Podríamos adaptar la escena al color. Sólo habría que cambiar vehemencia y bofetada por desprecio e indiferencia. “Creo que ya no voy a venir más” “No follaría contigo aunque fueras el único” dicho despacio y en voz queda, “me voy ya” y no hay ni un adiós, no se miran y no dejan de hacer lo que quiera que estén haciendo mientras, uno vivir quedándose y el otro vivir yéndose.  Y una vez pasada la solemnidad, una vez interpretado el papel, llega la noche y llega un whatsapp (nadie osaría llamar al timbre sin antes enviar un whatsapp) “estoy en la puerta de tu casa, ¿duermes?” y el otro abriría la puerta no sin antes contestar “hasta hace un momento sí”. Y entonces sexo. Y después desprecio, indiferencia y por supuesto cigarrillos. El último habitante del planeta. ¿Y si de verdad fueran la única pareja sobre la faz de la tierra? Si fueran los últimos habitantes del planeta, tras haber conjurado esas palabras muchas veces, incluso en el muy improbable caso de que hasta el momento de ser los únicos las hubieran cumplido, aunque yo no pudiera dejar constancia porque, a pesar de ser ellos una imagen en mi cerebro ya he dicho que sólo quedan ellos, los últimos, ahora que son los últimos y no queda nadie, y casi no queda nada, ellos, se despreciarían y odiarían durante el día, pero seguirían follando por las noches. En realidad, qué importancia tiene.

El último habitante del planeta

Miró al espejo y vio su propia cara

Palpó la superficie con los dedos

Y le pareció brillar.

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