Sol a secas

por patricia

El domingo cojo el metro y me doy cuenta de que Sol ya no se llama Sol, sino Sol Vodafone.  Un nombre provisional. Teatro Haggen Dags. Teatro Movistar. Metro Sol Vodafone. Quizás mi ciudad también pueda cambiar su nombre, o el país en el que vivo. Quizás en un momento dado todas y cada una de las cosas que conozco podrían pasar a cambiar de denominación si una marca comercial paga su precio. No sé para qué. Tiendo a comparar comportamientos colectivos con los propios. Si la pretensión es la de ganar clientes y yo no he corrido a cambiar de operadora nadie lo va a hacer tampoco. Es un argumento traido por los pelos, supongo que usar esa técnica explica mis numerosos desconciertos, y claro, quizás me equivoco y mi comportamiento es aislado, quizás desde el cambio de nomenclatura los viajeros de transporte público han acudido en masa para hacerse clientes, y de pronto el revenue cumple con el budget, y su CEO está siendo felicitado, y ya no necesitan hacer más ERES, y el mundo está en equilibrio.  Pero también cabe la posibilidad de que ese cambio de nomenclatura no haya supuesto un cambio en los patrones de consumo, ni en el de su cuenta de resultados, bueno sí, que ha engordado la partida de gasto en publicidad, y que únicamente sirva como una demostración de poderío económico, una más, para mostrar quién hace y deshace, quién manda, quién decide, quién impone las reglas, y ya no se hacen pirámides, se compran los nombres. Y quizás el venderlos haya sido muy práctico, y ahora a Metro de Madrid le salen mejor las cuentas, y quizás con esos ingresos por publicidad pueden evitar despidos, o no rebajar más aún sus sueldos. Y quizás estas cosas que pasan ahora son muy útiles, seguir las reglas del juego, y mi estructura de pensamiento es muy inútil, y por eso me desconcierto ante este fenómeno de nombres temporales que se compran y se venden. Para ver cómo me suena digo en voz alta hasta ahora mi nombre ha sido Patricia, pero si me pagas lo suficiente podrás llamarme como quieras. Esto lo diría en un bendito bar. Porque otra cosa que me ha llamado la atención es que además de comprarse los nombres, las empresas que venden refrescos y cervezas tienen que ensalzar y convencer de la bondad de los bares como puntos de reunión. Y me doy cuenta de que si hace falta de que nos convenzan para ir a tomar una caña con amigos a un bar, que nos lo vendan, benditos bares, todo está mucho peor de lo que pensaba. No me había dado tanta cuenta hasta ahora, o quizás es que no me lo había dicho así y tan seguido. En este mundo los nombres propios se cambian por nombres comerciales, y los nombres comunes también, y las personas toman cerveza a solas frente a la pantalla de un ordenador mientras se sonríen cuando la pantalla les muestra que han conseguido elevar su número de amigos/seguidores/me gusta/visitas/etc…. a 56.387, y pagan mensualmente la factura de su soledad a Sol Vodafone.

Yo paso.

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