Las víctimas como referentes

Aunque, cosa rara,  ya me había enterado ayer de las dos noticias que sabía iban a acaparar las portadas de hoy me ha dado por ser redundante y ojear los titulares de los grandes periódicos de tirada nacional.

Leyendo acerca de la gran noticia uno –fin de ETA-, y en pleno vuelo de lectura en diagonal, me hace detenerme un extracto de las declaraciones de un político. Dice lo siguiente (y cito textualmente, vamos, copy-paste):   Su primer pensamiento, para “las víctimas”, “el referente moral de la sociedad”.

Si no me equivoco, lo que este señor quiere decir es que las víctimas son el referente moral para la sociedad. Quizás se tratara de una falta de agilidad mental, pero no terminaba de encontrar la relación entre ser víctima y un referente moral, cuestión que despertó mi interés por sus implicaciones ético-filosóficas. De modo que pinché el enlace a las declaraciones completas, por si me aclaraban dicha relación. En ellas había un pequeño cambio, pues el político dice que “Las víctimas del terrorismo son y seguirán siendo el referente moral para nuestra democracia. Nunca perdieron la confianza en los instrumentos de nuestro Estado de Derecho.”

Siento mucho decir que aún después de haberlo leído sigo sin entender el por qué las víctimas, como colectivo, hayan de ser un referente moral, ya sea de la sociedad o de la democracia.

Víctima es, según la RAE, una persona que sufre daño o muere de forma fortuita o por causa ajena. La condición de víctima es una condición que se adquiere de manera involuntaria, y no sólo involuntaria sino en contra de la propia voluntad, salvo en casos de desequilibrios mentales si damos por hecho que una persona equilibrada no desea padecer daños ni morir. Es decir, el sujeto víctima no ha hecho nada, no ha emprendido ninguna acción con el fin de obtener dicha condición. La condición de víctima le viene impuesta desde fuera, y el sujeto es completamente pasivo en cuanto a la adquisición de dicha condición, pues cuando se escoge y se actúa persiguiendo dicho fin la condición adquirida no sería de víctima sino de mártir, que no es el caso. De modo que si una víctima no ha hecho nada para llegar a serlo, el ser una víctima no se puede tratar de algo meritorio. El ser víctima no implica ningún tipo de referencia moral, pues no es ninguna acción ni actitud, es una consecuencia.

De modo que el convertirse en víctima no es un hecho ni moral ni inmoral. Otro tema completamente distinto es el de convertir a alguien en víctima. El sujeto que daña o asesina en este caso sí que ejerce una acción, y como tal puede estar sujeta a un juicio moral. Y en el sistema de valores de nuestra sociedad, y de la democracia también, la acción de asesinar y de cometer actos terroristas se considera asocial, antidemocrática,  inmoral, y sancionable, y es la antítesis de un referente. Pero eso no implica que que lo contrario sea verdad. El hecho de que un asesino se considere la antítesis de un referente moral no implica que el asesinado o sus familiares se conviertan, per sé, en referentes morales, salvo que alguien el sufrimiento involuntario –o el voluntario- sea considerado como meritorio.

Parece ser que el político, por sus declaraciones, justifica el calificar de referente moral a las víctimas no sólo por ser víctimas sino porque además, incluso siéndolo, no perdieron la confianza en el Estado de Derecho. Creo entender que con no perder la confianza en el Estado de Derecho se refiere a que se sometieron a la ley, y en lugar de reparar su dolor por su cuenta, se encomendaron al poder policial y judicial. Esto, me temo, tampoco es strictu sensu, algo que se pueda considera a efectos sociales o democráticos como que constituya un referente moral, pues tampoco tienen, las víctimas otra elección. Es decir, la sociedad en la que viven y las reglas democráticas no les dicen “señores y señoras víctimas, pueden ustedes elegir entre impartir la justicia como la sientan ustedes, o ceñirse a la legislación vigente”. No, no pueden elegir, sólo pueden ceñirse a la legislación vigente, es decir, cumplir con los mínimos exigidos (la ley regula mínimos, es decir, como mínimo usted no matará, no robará, etc, etc, porque si no será sancionado.

Entonces, si una víctima por el hecho de ser víctima no puede ser un referente, porque no lo es por algo fortuito o por causa ajena, luego en ningún modo es mérito de la víctima,  ni tampoco por el sufrimiento, pues el sufrimiento per sé tampoco se trata de algo que destacar como algo que nos haga mejores, sólo cabría el que se convirtieran en referentes para la sociedad y la democracia debido a una determinada actitud ante su sufrimiento. Pero si lo que se exalta de esa actitud es el haberse mantenido dentro de los márgenes de la ley, que es una cuestión de mínimos –al menos en lo que respecta a comportamientos sociales y democráticos- ¿estamos convirtiendo en referentes, en modelos idóneos a personas por el mero hecho de haber cumplido con dichos mínimos?

 Una cosa es que la sociedad arrope a los miembros de la misma que sufren, a los que han convertido en víctimas, y sienta compasión y se solidarice con su dolor y su sufrimiento, y otra muy distinta es convertir o considerar como referente y modelo a esas víctimas, y como colectivo, por el hecho de serlo. Para mí es un argumento que tiene tanto peso como el de relacionar las témporas con el culo.

De la gran noticia número dos, el caso Gadafi, y la exhibición de su cadáver por parte de la prensa como última humillación pública, hablaremos otro día.

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6 comentarios en “Las víctimas como referentes

  1. Bueno, el rigor científico en declaraciones de políticos, y más españoles, eso sí es bastante pedir. Sin embargo, hay que aclarar ese punto sobre los “mínimos exigidos”. Las normas jurídicas del Código Penal Español no están redactadas como normas morales. En ningún lado existe el “No mataras” o “No Robaras”, eso se corresponde es, para los cristianos, al quinto y séptimo mandamiento de las tablas de Moisés. La Ley penal se redacta como un remedio para proteger un bien valorado por la sociedad, en este caso, si el bien es la vida se dice “El que matare a otro será castigado, como reo de homicidio, con la pena de prisión de diez a quince años.” En este sentido, el Estado no impone un comportamiento sino una sanción, de ahí que hablemos de un Código Penal, y no de un Código de Conducta. El Estado actuaría como garante con su poder coactivo, contra aquel que quitare la vida a otro. Si hombres y mujeres han aceptado esta norma para regir la sociedad, y que esto se enmarque en algo que llaman “Estado de Derecho” que es producto, además, de un Pacto Social, la sumisión que todo ciudadano tenga a ella si podría decirse que es un acto voluntario. Los ciudadanos delegamos al Estado la función de hacer justicia y de penar a quien incumpla las normas, y con ello, dejamos atrás el hacer justicia por nuestras propias manos, lo cual en sociedades “modernas” es considerado como característico de sociedades “tribales”. No siempre ha existido el Estado, el Estado es una figura ficticia inventada por los hombres, y de muy reciente aparición en la historia de la humanidad. Los ciudadanos han creído o se han adherido a la figura del Estado en nuestra sociedad actual, pero no es algo con lo que todos nacemos o nos hacemos conscientes a muy temprana edad. Además, cabría que preguntarse, ¿Que Pacto Social es ese? ¿Acaso este pacto funciona correctamente cuando yo delego la justicia al Estado, pero esta es inoperante o nunca llega? ¿Tiene sentido este pacto social? Yo creo que sí hay gente que se lo cuestiona, pero que aún, a pesar de sus deficiencias, considera que es el camino al cual adherirse. Decir que es loable, o admirable, siendo víctima de ETA someterse la justicia estatal, no lo sé, si la persona cree que esa es su única opción, pues es una decisión muy personal y lo creerá esa persona en particular por convencionalismos sociales conscientes o inconscientes, pero afirmar que someterse al Estado de Derecho es su única alternativa, en rigor, eso no es cierto.

    1. Gracias por tu precisión! Efectivamente, el someterse al Estado de Derecho no es su única alternativa, -ni la de ellos, ni la de nadie- pero desde el punto de vista del Estado de Derecho, ese sometimiento es una cuestión de mínimos. A eso me refería. En el hecho de qué sería para mí loable no entro, sólo discuto la argumentación del político, que, demonios, para dedicarse a ello, me pareció terrible. A ti sí da gusto leerte.
      Saludos.

  2. Conosco muy bien un país donde las reglas del sentido común y la decencia dejaron de ser la norma hace mucho tiempo. Hablo de Italia. Lo que justamente señalas como anomalía en tierras ibéricas, en la patria de la mandolina y pulcinella son pan cotidiano. Nunca un país necesitó tan desesperadamente de héroes así que los generan en continuación… pero de esto modo devalúan significado y significante, como con las huelgas o la confianza parlamentaria (traduzco una frase que adoro: hacen reír a los pollos).
    Aquí, por lo que mi memoria histórica y mi poca cultura me permiten saber, comienza con el “milite ignoto” y en cada municipio italiano los monumentos al anónimo combatiente se encuentran como travestis por el centro de Milano. El ápice se alcanzó con el asesinato de los jueces Falcone e Borsellino… que investigaban la mafia, pero cumplían con su deber; llámales personas con alto sentido cívico en este caso o víctimas si prefieres o incluso inconscientes pero no héroes.
    Ahora, no sé si sea peor exhortar a reconstruir o definir la identidad patria sobre héroes tan dudosos como los milagros atribuidos a Escrivá de Balaguer o sobre las víctimas como bien dices que por representar, representarían la locura de un grupo de violentos, o la incapacidad del Estado de utilizar los medios de los que dispone para garantizar el bien de la mayoría o incluso la fragilidad de la existencia humana… pero no como elementos constitutivos de la identidad de un País.
    A menos que no considerase “víctimas” a quienes les sobrevivieron. Y ahí se abre otro frente de baja retórica. ¡En fin! Cosas, de políticos.

    1. Sinceramente, desconfío de héroes de grupos, los grupos no me gustan, porque no me gusta tener que insertarme en uno en concreto, de esos que, una vez elegidos, excluyen todos los demás, y que exigen el acatar una serie de normas y de actitudes en bloque (llámese ese grupo patria, partido político, comunidad religiosa, equipo de fútbol, o club de fans). Los grupos, más que héroes, generan ídolos. Eso no significa que sea misántropa, todo lo contrario. Pero creo que hemos perdido exigencia a la hora de admirar y de ver lo extraordinario.

  3. No, no puede ser un mérito sufrir, quizá sí la forma de hacerlo que esa sí puede ser fruto de una elaboración personal o un mérito. No son referentes las víctimas por el mero hecho de serlo, pero eso no hace a los asesinos menos culpables. Una de las actitudes llamativas cuando hay un asesinato es empeñarse en citar los méritos del asesinado como si el que fuera una buena persona pudiera hacer al asesino más culpable. Las víctimas tienen derecho a no ser perfectas, a no ser un referente moral de nadie, y eso no les hace menos víctimas. Acertada reflexión. Bs.

    1. Claro, es que se mezclan las cosas. Una víctima puede ser una bellísima persona o un ser retorcido y cruel, o un poco de todo, como en la mayor parte de los casos. Y el mero hecho de ser victima no constituye per sé un motivo para ser un referente moral.
      Un beso

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