De la muerte y otros negocios

Trabajo en una asesoría. Y más concretamente me dedico a contabilizar para empresas, liquidar impuestos, hacer cierres mensuales, reportes y controlling financiero, consolidaciones, y procurar que no tengan problemas con la Temible Hacienda Pública, enseñándoles a portarse bien. Y si los tienen, arreglarlos de la mejor manera posible. Casi tan apasionante como ser piloto acrobático.

El caso es que un día corriente, en medio de este trabajo corriente, trabajando para un cliente corriente, una factura no muy corriente me llamó la atención. La emitía una funeraria. El importe era elevado. Miré el concepto. No había error. Estaban facturando un sepelio y demás servicios funerarios. No pude evitarlo, y la escudriñé hasta que vi el nombre del muerto. Por los apellidos até cabos. Era el hijo del socio de esa empresa. Por ley, la sociedad no se puede deducir esa factura. Pero lo cierto es que en esos momentos me dio reparo llamarle para decírselo. Hice mi trabajo como se debe sin consultarle. No encontraba palabras con tacto suficiente como para abordar el tema. Claro, que este señor no tuvo ningún reparo en pedirle a la funeraria una factura a nombre de la empresa con el cuerpo de su hijo sin terminar de enfriarse. Y eso que yo siempre he sido partidaria de buscar el lado positivo de todo. Pero el razonamiento ese de “bueno, ya que la ha diñado, al menos me deduzco los gastos del sepelio”… no coincide exactamente con lo que yo entiendo por “lado positivo”. Y es que cuando el lado positivo tiene que ver con el dinero, esa filosofía se envilece.

Supongo que todo el mundo piensa en su muerte, que es la única muerte que con certeza va a tener que vivir. Y también en su post-mortem. Y no me refiero a si hay o no vida después, a una posible reencarnación, o al Nirvana. Yo me refiero a imaginarme a mí misma dentro de una caja de pino abierta en un tanatorio. Y a la familia y amigos desplazándose para acompañar a los más allegados y afectados, desfilando delante de un cuerpo en el que a duras penas se reconoce la vida que antes hubo. Y no me gusta. Al igual que no me gustan los cementerios. Ni las visitas obligadas. Ni las limpiezas de lápidas. Ni mucho menos una urna dentro de una casa. Me pregunto si no sería posible que nadie velara mi cuerpo y que lo metieran directamente en un horno. Si no sería posible que mis cenizas se tiraran en algún lugar bonito. Aunque si es por el váter tampoco me importa. Total, no me voy a enterar.

Me pregunto si sería posible que no hubiera ningún lugar físico que recuerde el “aquí yace”, para poder yacer en los corazones de aquellos que me hayan querido. Ese se me hace un lugar mucho más hermoso. Y sobre todo me pregunto si sería posible vivir en su recuerdo.

Cuántas cosas con sólo una factura. No seré piloto acrobático, pero al menos puedo permitirme el lujo de ponerme pensativa. Sólo siento que, en mi caso, no vaya a existir factura que le permita a alguien pagar menos impuestos. Aún así espero que me lo perdonen y no me aparten de su memoria.

Mientras pienso todo esto, no puedo evitar escuchar a mi vocecita interior, esa que es mi amiga, recitarme:

When I am dead, my dearest,
Sing no sad songs for me;
Plant thou no roses at my head,
Nor shady cypress tree:
Be the green grass above me
With showers and dewdrops wet;
And if thou wilt, remember,
And if thou wilt, forget.

I shall not see the shadows,
I shall not feel the rain;
I shall not hear the nightingale
Sing on, as if in pain:
And dreaming through the twilight
That doth not rise nor set,
Haply I may remember,
And haply may forget
.

de Christina Georgina Rossetti

Anuncios

2 comentarios en “De la muerte y otros negocios

  1. Supongo que si leíste mi blog sabrás de sobra lo que pienso sobre el tema.
    En los 25 años que mi madre lleva en el cementerio, puede que haya ido, no sé, ¿cinco veces?, y por supuesto concentradas al principio y por acompañar a mi padre.
    Siempre dejé claro, a quien quiso oírme, que yo no quiero lo mismo para mí.
    Yo pienso lo mismo que tú, pero no puedo escribirlo tan bien.
    Un beso.

  2. Creo que lo primero que leí en tu blog fue el post en el que recordabas a tu madre, en el que quedó claro que eras capaz de emocionar.
    En fin, ya hemso expresado nuestras voluntades, ahora sólo queda esperar que nos hagan caso. Y a ser posible, que haya que esperar muuuucho muuuucho tiempo. Gracias por tus palabras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s