Equilibrio inestable

Parece que he llegado a un equilibrio con mis alumnos de primero. Soy consciente de que es un equilibrio inestable. No gano guerras, solo batallas. Que un día una clase funcione, o que durante unos días la clase funcione, es una situación efímera. Se aburrirán, se desbaratarán y tendré que inventarme algo nuevo. Sé que son más eficaces los premios que los castigos.

Cronológicamente, los premios por trabajar han sido ver un corto al final de la clase, los concursos y el juego del ahorcado. Ahora estamos con las canciones. Los últimos cinco minutos, si nos ha dado tiempo a hacer todo lo que teníamos previsto, les dejo pinchar música. Este último premio no está exento de desbarajuste. Genera conflictos. A quién le toca elegir canción, moderar los volúmenes, confiar en que no entre nadie en el aula justo en ese momento.

Es un grupo reducido. Cuando normalmente en un aula hay treinta alumnos y entras en un grupo de trece enciende las alarmas. La terapia ocupacional adquiere su máxima expresión. En las horas bajas he llegado a pensar que si durante todas las horas en las que les he explicado lengua hubieran estado coloreando mandalas, el resultado habría sido el mismo.

Rafa sigue trayendo anillos. Rafa, cuidadito con ellos, le digo. Aún se acuerda de aquel día. Del dedo hinchado. De su miedo. Llamamos a su madre y nos dice que le han retirado la custodia, que vive con un familiar. Llamamos al familiar y nos dice que está trabajando y que no va a salir del trabajo para eso. Cogemos un taxi con él una compañera y yo y lo llevamos al centro de salud y después al hospital. Hay que sacar el anillo urgentemente.

Rafa habla todo el tiempo, rara vez participa en las actividades de clase, se niega a sentarse en su sitio, y aunque sea la décima vez que le pides que se calle un poco hay que hacerlo con un tono de voz suave y utilizando las palabras mágicas. Por favor. Las amenazas de castigo y el tono de voz agrio le vuelven insolente. Los castigos también. Se los toma como algo personal. Creo que ahora vuelve a vivir con su madre.

He aprendido a tener paciencia. La mayor parte de ellos no conseguirá el graduado escolar. La mayor parte de ellos se marchará del instituto antes de terminar segundo. Y yo tengo que intentar que distingan entre un morfema flexivo y otro derivativo, o entre un complemento directo e indirecto. Pintar mandalas tiene muchas ventajas. Al menos creo que acabarán el curso sabiendo qué es estar desconcertado, ser astuto, reprochar o un galimatías, y, con un poco de suerte, distinguir entre objetividad y subjetividad.

Leímos Abdel en clase. Les gustó. Narra en primera persona, desde un centro tutelado de menores, las dificultades que sufrió un chico marroquí al emigrar a España en patera con su padre. Sofía lleva unos días también en un centro tutelado. Aún no sé si va a volver a clase o si la van a trasladar de forma definitiva y cambiará de instituto. Por lo visto tuvo un problema este fin de semana. Un problema. Los problemas no son los mismos en todas partes.

El primer libro que leímos en clase fue un fracaso. Los días en que llegaba cargada con ellos protestaban. De entrada siempre protestan. Manolo se dormía y roncaba como un oso. A mí esos ronquidos me quitaban el mal humor. Interrumpía la lectura y les decía: escuchad. Y se quedaban en silencio absoluto. Y retumbaban los ronquidos. (Aquí los ronquidos). Y estallaba la risa. Después de dejar que la risa estalle es difícil reconducir la clase, que se vuelvan a tranquilizar y continuar leyendo. Debería saberlo. Pero también sé que si no nos riéramos, a pesar de los riesgos que conlleva, no podríamos soportarlo.

Con Abdel sin embargo me pedían seguir. Es corto y es sentimental. Les gustan las historias sentimentales de personas con problemas. En la época de los cortos me pedían cortos tristes de maltrato y acoso y racismo y cosas así. Ahora me pedían continuar la lectura. Mañana también leemos, vale?, decían.

Manolo me pidió que leyera yo los dos últimos capítulos: es que tú lees bien. No hubo ronquidos. Cuando terminó les pregunté qué les había parecido a pesar de que lo supiera. Nos ha encantado.

Ese día salí contenta. Al cruzar paso junto a un corrillo con algunos de mis alumnos. Rafa me grita, adiós, profe! Se separa de sus amigos y me abraza. Después continúo caminando hasta el autobús que me lleva de vuelta al otro mundo. Feliz.

2 comentarios sobre “Equilibrio inestable

  1. Lo estás haciendo muy bien.
    Has aprendido a tener paciencia y les has enseñado mucho, a interesarse por un texto escrito aunque se lo lea otro. Pero si hasta Manolo ha dejado de roncar!!
    Genial, Patricia.

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