Las vidas posibles de Mr Nobody

por patricia

Ayer fui al cine. Cuando empezó la película, y aquel anciano, el último mortal en un mundo de inmortales, mantiene con un periodista el siguiente diálogo:

Nemo Nobody aged 118: I’ve got nothing to say to you. I’m Mr. Nobody, a man who doesn’t exist.
Young journalist: Do you remember what the world was like before quasi-immortality? What was it like when humans were mortals?
Nemo Nobody aged 118: There were cars that polluded. We smoked cigarettes. We ate meat. We did everything we can’t do in this dump and it was wonderful! Most of the time nothing happened… like a French movie.
Young journalist: And, um, sexually? Before sex became obsolete.
Nemo Nobody aged 118: Ha ha, we screwed! Everybody was always screwing. We fell in love… we fell in love.

Nos enamorábamos. Nos enamorábamos… Cuando escuché este diálogo no pude evitar llenarme de melancolía, y recordé también lo que sentí escribiendo aquel último hombre solo.

El caso es que para mí la película no es ciencia ficción, en realidad. Ni tampoco creo que su finalidad fuera hablar de las millones de posibilidades que ofrece una vida, de lo distinta que puede llegar a ser en función de las decisiones que se toman en ella, y en función también de un millón de otra serie de variables impredecibles- dios, también en esa cinta el batir de alas de una mariposa en Pekin y sus consecuencias- .

Bien, voy a resumir un poco la historia, un tanto complicada, para ver si consigo hacerme entender. El hecho es que el protagonista debe, siendo un niño, elegir entre  quedarse con su padre o con su madre cuando éstos se divorcian. Y de esa decisión se desprenden otras muchas, y se desarrolllan muchas vidas posibles, todas ellas en torno a tres mujeres. Con una de ellas vive un intenso amor correspondido, de otra se enamora pero ella de él no, y la tercera se enamora de él pero no a la inversa. Tres posibles mujeres, un millón de vidas en torno a ellas, sólo se mantienen constantes los sentimientos.  Y aún así, aún conociendo el futuro, el niño es incapaz de tomar una decisión. ¿Por qué? Porque ninguna de las vidas es sencilla. Porque todas ellas conllevan momentos maravillosos y momentos de sufrimiento. Porque no hay una correcta entre las incorrectas, no hay un único camino. Porque todas las vidas merecen ser vividas.

Quizá las decisiones en realidad no son tan importantes, quizá lo importante sea quitarse presión ante ellas, y tomarlas, y decidir para poder seguir viviendo.

Y por supuesto pensando todo aquello, no pude evitar recordar a mi amigo César.

“Si mezclas el puré de patatas con la salsa, después no se pueden separar, es para siempre. El humo sale del cigarrillo de papá, pero nunca vuelve a entrar. No podemos volver atrás, por eso cuesta elegir. Hay que tomar la decisión correcta. Mientras no elijas, todo sigue siendo posible…

Mr Nobody, a los 9 años”

La decisión correcta no es una.

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