dentro fuera

Desconectar. Desconectar suena a paraíso. Los viernes se llenan de los mejores deseos, a ver si desconectas, y los treinta y uno de julio, y las vísperas de puente. Y todos los lunes del año, y los primeros de septiembre, responden con sonrisas a la pregunta de ¿cómo te ha ido?, sonrisas rememorantes que preceden a las cuatro palabras que, a modo de resumen, acompañan al muy bien: he desconectado un montón.

Desconectar suena a liberación, para desconectar veo la tele, para desconectar leo, para desconectar miro el facebook, instagram, twitter y whatsapp, para desconectar cocino, para desconectar voy al cine, para desconectar hago runnig, spinning y frunfring, y todo el mundo comparte sus maneras de desconexión desinteresadamente pues si quieres te cuento lo que yo hago para desconectar, lucrativamente desconectará seguro, pruebe gratis el primer mes, cooperativamente, podemos desconectar juntos, a veces competitivamente, mi desconexión es más desconectante que la tuya. Y podría seguir enumerando adverbios de modo, mas no lo haré.

Todo el mundo persigue la desconexión, y yo me descubro en contramensaje persiguiendo lo contrario. Ansiando conectar, y, por fin, conectando. Conectando con el rubio, que ya no está frente a la pantalla sino delante de mí misma. Y habla. Me sorprendo redescubriendo el habla del rubio: abundante, enérgica, apresurada, ininterrumpida, a borbotones. Y me doy cuenta de que lo había echado de menos, pero como estaba desconectada no era consciente de que lo echaba de menos, y mientras él habla de ritmos, de música, de algoritmos que resuelven el cubo de rubick, de su historia con youtube, de sus progresos en el league of legends, de sus planes de futuro inmediato, y como estoy conectada, soy capaz de escucharle hablar, de entender lo que dice a pesar de lo vertiginoso de su discurso, de sentir la energía y la pasíón que desprende. Y conecto con miguel, que habla y se mueve, y conecto y me muevo también, con él, y nado, y corro, y juego al futbolín, que es lo más cercano al fútbol de lo que soy capaz, y siento la energía del movimiento, y me doy cuenta de que la había echado de menos, pero como estaba desconectada no era consciente, y lo miro reírse y, como estoy conectada, consigo distinguir en su risa la alegría universal. Y conecto también con el pequeño, y me pide que le dé un masaje, primero de jirafa, luego de elefante, luego de murciélago, y como estoy conectada, cuando sonríe travieso y le brillan de picardía los ojos, que es lo único pícaro que tiene pues, aunque le divierta sentirse travieso y pícaro, mantiene intacta la inocencia y la ternura de su edad, como estoy conectada, me hago cómplice de esa travesura inocente y divertida que tiene cinco años.

Y después, cada vez más consciente, sigo conectando conmigo, y contigo. Y en ese punto, en ese momento de conciencia máximo, vuelvo a ser yo, y desde mi, contigo, continúo conectando.

Con el mar. Con el viento. Con la música. Con el paisaje que se ve desde la ventanilla del coche. Con el libro que estoy leyendo. Con las noticias que leo en prensa, con las imágenes que muestran, y es horrible, y estoy tan conectada que puedo sentir ese desgarro con tanto dolor como se merece. Y me digo que menos mal que duele. Que duela, que siga doliendo. Y con el sol que vuelvo a ver saliendo por las mañanas, otra vez, de lunes a viernes, y con las tareas pendientes del trabajo, y con terminar de comprar lo que hace falta, los libros, llenar la nevera, la cena, una llamada perdida, contestar un mensaje, un nuevo grupo de whatsapp llamado pretemporada alevines, 15 mensajes sin leer, un correo electrónico, revisión médica, una peli, otra peli, despertador, una expo, un ensayo, el trabajo, entrenamiento, ensayo, trabajo, facebook, las noticias, la rabia, la inscripción, la comida para dos y la cena para cinco…. y…. he tardado menos de diez días en perderme

pero si piensas que me resigno a que se desintegre toda la conexión, si piensas que no voy a seguir buscando formas de abrirme un hueco en todas estas distracciones pesadas y desconcertantes, si piensas que me resigno al viernes por la tarde y al treinta y uno de julio para ser lo que soy mientras toda esa gente desconecta, si lo piensas, es que aún no sabes del todo con quién te la estás jugando…

la normalidad es una mierda

Miguelito tiene que llevar uniforme para ir al colegio. A Miguel le gustan algunos uniformes. Le gusta el chándal de educación física, le gusta el uniforme de entrenamiento, le gusta la primera equipación de los partidos de los sábados, y le gusta también la segunda. Pero el uniforme del colegio, el de pantalón gris, polo blanco y jersey azul marino y mocasines, no. ¿Por qué unos uniformes le gustan y otros no? me pregunto. A juzgar por los que sí y los que no, deduzco que los que son cómodos para el juego, que es lo que a él le divierte, le parecen bien, y los que no, no. Me pregunto por qué diseñarán uniformes escolares que son tan poco compatibles con el juego, cuando todo el mundo sabe que si hay algo que hacen los niños, muy a pesar de las clases, es jugar.

Y como no lo entiendo, y además me parece una tontería, llevo dos o tres años haciendo trampas con el uniforme antijuego. Concretamente, con el calzado. Descubrí que hay una marca que hace zapatillas deportivas más o menos camufladas de azul marino y negro, muy duras y resistentes, con las que se juega mucho mejor que con mocasines, y que además duran todo el año. Todo son ventajas.

Alguna vez la profe le ha dicho que esos no eran zapatos escolares. Y yo le he dicho que le diga que si hay algún problema con sus zapatos que lo hablen conmigo: al fin y al cabo, yo soy la que los compra, la responsable de la supuesta infracción y la que puede explicar los por qués de la misma. Pero nunca lo han hecho.

Antes de comprar los zapatos de este año quise confirmar con Miguel que los quería del mismo tipo que los años anteriores, convencida de ir a obtener un sí como respuesta. Pero la respuesta fue ¿y no me puedes comprar unos mocasines como llevan los demás?

¿y por qué quieres unos mocasines?

porque quiero ser NORMAL!!!!!

¿que quieres ser normal?

sí, lo contrario de normal es anormal, y ser anormal es una mierda.

bueno, depende de la palabra que escojas, si dices que eres anormal suena mal, pero si utilizas «especial» suena mejor, no? eso se llama marketing… en fin, vamos a lo importante: qué es lo que más feliz te hace en el mundo?

jugar al fútbol.

¿y vas a jugar cómodo en el recreo con mocasines?

Miguel no contesta.

bueno, entonces qué hago, ¿quieres mocasines o deportivos?

pues …  cómprame unos zapatos que parezcan normales y que también sean un poco deportivos… pero menos que el año pasado.

Pequeña y única introspección

Sólo una vez me adentré en el océano, sola. Y dentro del agua, cuando se apagaba de pronto el estruendo de las olas, y sólo veía agua verde, lo suficientemente turbia como para no distinguir qué podría haber un metro más allá de mí pero lo suficientemente transparente como para que dejara entrar la luz, o la oscuridad según la traspasara el sol o lo cubriera una gran ola, allí, sumergida en el mar agitado, inquietante en esa falsa calma submarina, sentí la necesidad de continuar, de adentrarme aún más allá, de seguir buceando cada vez más lejos de la orilla, hasta dejar de hacer pie, hasta que nada me retuviera o me impidiera seguir mar adentro, y continuar mirando bajo el agua, y no distinguir más que agua, hasta el punto de ser yo misma agua, inmensa agua, tan silenciosa y calma ahí debajo como salvaje en superficie.  Y a pesar de la inquietud y del miedo, y de todos modos, necesité ser ahí.  Sólo entonces, sin suelo en el que sujetar los pies, sin ver más que agua en la superficie, sin ver más que agua en el agua, siendo yo misma agua, sólo entonces, habiéndome entregado al océano, me di la vuelta. Y vi la orilla a lo lejos, y a ti, diminuto, agitando los brazos haciéndome señales. Recuperé entonces mi forma, mis brazos, mis piernas, y con ellas comencé a bucear en sentido contrario, y las corrientes de las que había formado parte segundos antes corrieron a mi favor y me dejé arrastrar por las olas que se sucedían con fuerza. En un par de ellas ya hacía pie, y en pocas más estaba, otra vez, caminando en firme.

nostalgia primigenia en la pausa de la publicidad

el lunes rompemos el voto de un mes sin tele para ver mátalos suavemente.  en una pausa publicitaria anuncian un producto que sirve para evitar que los pezones de los corredores -o runners- se irriten con el roce de sus camisetas.

pienso que el mito del tipo duro, encarnado en el cine por John Wayne, Clint Eastwood, Gary Cooper, Burt Lancaster, Paul Newman, o Brando, ha muerto para siempre. pero pienso que eso no debe importarme, pues mi ideal de tipo duro es también el del tipo puro, y no es un vaquero sino un piel roja.

pienso también en la especie humana en su conjunto, diseñada en sus inicios por la naturaleza para el ejercicio físico, para la búsqueda de agua y alimentos, para la caza y la recolección, para caminar sin calzado así sea supinador o pronador, para vivir en la desnudez antes de que el absurdo pudor tras el también absurdo episodio de la manzana nos condenara como especie a cubrir la absurda vergüenza con ropa, a sufrir colas en las rebajas, a la vida en los centros comerciales, a los sostenes para ellas, y para ellos, el gel evitaescoceduras de pezón.

pienso que no hace falta irse miles de años atrás. me imagino preguntándole a mi abuelo qué opina acerca del uso de una protección para que no se irriten los pezones. pero no puedo porque está muerto. me pregunto a mí misma, y me descubro oponiendo resistencia a hacer un viaje de verano en coche sin aire acondicionado, cuando hace veinticinco años me cruzaba la península sentaba en el asiento de atrás de un coche, y por todo refrigerio el aire que entraba por la ventana.

somos una especie en vías de debilitamiento y fragilización.  a saber de cuántos remedios para poder soportar malestares terribles de los que aún no somos conscientes podrán disfrutar nuestros nietos.

pienso en pablo cuando vuelve de tocar los tambores con las manos llenas de callos y de heridas que sangran, en que ni las mira, ni las cura, ni le duelen, las ignora, y sólo piensa en volver a tocar otra vez. y me gusta. pienso en miguel, cuando vuelve de los entrenamientos o de los partidos o del colegio con las piernas llenas de heridas, o con lesiones musculares, en que ni las mira, ni las cura, ni le duelen, las ignora, y sólo piensa en volver a jugar otra vez. y me gusta.

pienso en las noches en que sufrimos ataques de mosquitos por no usar protectores en crema, eléctricos o ultrasonidos. y en tus combates cuerpo a cuerpo, armado con un trapo, y los matas suavemente…

pienso que esa admiración mía por la resistencia, la dureza, el instinto, la fuerza, la desnudez, lo salvaje, lo humano, siendo una urbanita irredenta, con aire acondicionado, podría parecer incompatible. y sin embargo….

«Déjenme ser un hombre libre. Libre para viajar o quedarme, para trabajar, para comerciar donde escoja, libre para elegir a mis propios maestros, para seguir la religión de mis padres, libre para pensar, hablar y actuar por mí mismo. La tierra es la madre de todas las personas, y todas las personas deben tener derechos iguales en ella»

HINMAHTOO-YAHLAHKET (Jefe Joseph)
Jefe de los Nez percé 

«Cuando todos los búfalos se hayan ido, los caballos salvajes hayan sido domados, el rincón más secreto del bosque invadido por el ruido de la multitud, y la visión de las colinas esté manchada por los alambres parlantes, cuando desaparezca la espesura y el águila se extinga, habrá que decir adiós al caballo veloz y a la caza».
SEATTLE
Jefe de los Suquamish

inconclusos y póstumos

por fin he conseguido terminar «el proceso«. perdí el interés antes de llegar a la mitad al invadirme la sensación de que no iba a sorprenderme ya nada de lo que pudiera leer, y que continuar leyendo estaba resultando un redundar en lo ya leído.

no terminé de empatizar con K, ni con nadie. he estado a punto de dejarlo a medias dado que he iniciado un propósito vital de obtención -y transmisión- de placer y alegría, y la lectura no me estaba procurando ninguna de las dos cosas, pero terminé autoimponiéndomelo en total contradicción con el propósito anteriormente citado.

elegí el proceso porque se lo oí citar a emilio la noche en que lo conocí, en su septuagésimo cumpleaños. esa noche me ganó para siempre, y además, refiriéndose a la crisis, y a su percepción, dijo algo así como que se sentía como el protagonista de «el proceso». eso fue hace tres o cuatro años.

esta primavera me regaló una foto, en el pie escribió los versos:

«Que mañana entrará

satisfecha, capulí de obrería, dichosa

de probar que sí sabe, que sí puede

¡CÓMO NO VA A PODER! 

azular y planchar todos los caos

ahora también quiero leer trilce. no he tenido la oportunidad de ver a emilio en muchas ocasiones, pero me ha ganado para siempre en cada una de ellas.

he terminado el proceso, y hasta el epílogo no me entero de que he estado leyendo un libro inconcluso. ya después, en el epílogo, aclara max brod que kafka había dejado capítulos sueltos, sin enumerar, y que antes de morir le había pedido al amigo que lo quemara todo. cuando kafka muere brod toma todas las notas, ordena los capítulos como mejor le parece, hace una corrección sucinta, y lo publica, haciendo una interpretación muy libre de las últimas voluntades del autor.

he terminado el proceso y he empezado con alabardas, para continuar alimentando mi obsesión saramaguiana, y ahora que lo pienso, parezco estar iniciando una serie de lectura de libros inconclusos y póstumos.

ya he terminado alabardas. alabardas alabardas, espingardas espingardas.

tres únicos capítulos, unas notas de trabajo del autor, y dos reflexiones sobre la obra de saramago de dos autores de los que no recuerdo nombre, y unas ilustraciones de gunter grass. me falta el final de la última reflexión, la que se titula yo también conocí a artur paz semedo.

mientras leo esos tres últimos capítulos me vuelve a pasar por la cabeza la fantasía de escribir una novela. desde el lunes fantaseo con una historia. escribir solo tiene sentido si hay una historia, pero no se trata tanto de una historia que pueda resultar interesante para el lector, sino una historia que yo quisiera contar. tengo que querer contarla.

creo que tengo una historia que me gustaría contar pero no he empezado, empiezan las excusas para no dar el primer paso. entre ellas esta entrada de hoy. y ahora pienso en los propósitos de placer y alegría, en los versos de emilio, en fantasear, en la inconclusión y sobre todo, en contradicciones.