Madeira no es Tenerife

por patricia

Yo no tengo un círculo de amigos, sino un mosaico de amigos. Uno de mi niñez, uno del colegio, uno de un antiguo trabajo, otro de otro trabajo, otros de proyectos personales… No soy de quedarme inserta en un círculo que tomar en bloque. Si bien me llevo con mucha gente, amistad, entendiendo por amistad eso que es mucho más profundo, que va más allá de bromas, trivialidades y buenos momentos ligeros, la tengo con personas muy contadas, muy escogidas, y a mi juicio muy especiales.

El otro día, hablando con Manu, me decía tras haber estado hablando con un amigo suyo con el que hacía años que no hablaba que ahora entendía por qué era su amigo. ¿Y por qué? -le pregunté-. Por complicidad, – me dijo-. No nos parecemos en nada, pero existe. Yo le dije que llamaba a ese algo difuso que existe y que te une a ciertas personas “conexión”.

A raíz de esa conversación me puse a pensar en la conexión que me une a cada uno de mis amigos, de los de verdad, mi pequeño y maravilloso mosaico, y una de las más fuertes la tengo con Raquel. La conozco desde que éramos niñas, y a lo largo de nuestras vidas hemos alternado temporadas de convivencia estrecha con otras de alejamiento. Sin embargo, haya pasado el tiempo que haya pasado, cuando nos vemos esa conexión está ahí. Siempre.

Raquel es un ser  asombroso. Tiene una inteligencia muy fuera de lo común, una creatividad desbordante, imaginación, y una determinación incansable para encontrar el lado bello de todo, y si no lo encuentra lo construye. Y mira que a veces es difícil. Pero a pesar de momentos de dolor, de desconcierto, de desorientación, de pérdida y de distorsiones, lo construye. Por no hablar de lo bonita que es ella, de su sentido del humor, de su conmovedora búsqueda incesante. Con ella hablo de unos temas  y de una forma que no se repite prácticamente con nadie más.

Una de las cosas que más le gusta a Raquel últimamente, y quizá lo que me hace sentir más orgullosa de ella -al fin y al cabo, la inteligencia, la imaginación o la belleza no son mérito propio, pero lo que  hace con todo eso sí-,  es hacer regalos. Su Galería de la Magdalena fue concebida no tanto como arte urbano, sino como un regalo para las personas. Hay mucha gente que no lo entiende. “¿Y por qué cada semana empleas tiempo y dinero en idear tus exposiciones que cuelgas y regalas en la calle?” Porque cuando hay personas que andan por la calle y disfrutan con ello, y se paran a mirar, y a jugar, o se llevan algo a su casa, le hace feliz.

El caso es que hace poco me envió por mail el último regalo en el que había trabajado. Esta vez era un regalo especial, imagino que para ella uno de los que más, uno para su madre. Un vídeo. 

 Aquí lo dejo.

Después de hacerlo se enteró de que había un concurso para vídeos realizados con la aplicación Super 8 de i.phone, y decidió presentarlo. Y supongo que le haría ilusión ganarlo, para su madre, aunque no pueda llamarla para contárselo.

Parece ser que haciendo click en me gusta, hay más posibilidades. Si te gusta, dilo. Es bonito.

 

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