Madeira no es Tenerife

Yo no tengo un círculo de amigos, sino un mosaico de amigos. Uno de mi niñez, uno del colegio, uno de un antiguo trabajo, otro de otro trabajo, otros de proyectos personales… No soy de quedarme inserta en un círculo que tomar en bloque. Si bien me llevo con mucha gente, amistad, entendiendo por amistad eso que es mucho más profundo, que va más allá de bromas, trivialidades y buenos momentos ligeros, la tengo con personas muy contadas, muy escogidas, y a mi juicio muy especiales.

El otro día, hablando con Manu, me decía tras haber estado hablando con un amigo suyo con el que hacía años que no hablaba que ahora entendía por qué era su amigo. ¿Y por qué? -le pregunté-. Por complicidad, – me dijo-. No nos parecemos en nada, pero existe. Yo le dije que llamaba a ese algo difuso que existe y que te une a ciertas personas “conexión”.

A raíz de esa conversación me puse a pensar en la conexión que me une a cada uno de mis amigos, de los de verdad, mi pequeño y maravilloso mosaico, y una de las más fuertes la tengo con Raquel. La conozco desde que éramos niñas, y a lo largo de nuestras vidas hemos alternado temporadas de convivencia estrecha con otras de alejamiento. Sin embargo, haya pasado el tiempo que haya pasado, cuando nos vemos esa conexión está ahí. Siempre.

Raquel es un ser  asombroso. Tiene una inteligencia muy fuera de lo común, una creatividad desbordante, imaginación, y una determinación incansable para encontrar el lado bello de todo, y si no lo encuentra lo construye. Y mira que a veces es difícil. Pero a pesar de momentos de dolor, de desconcierto, de desorientación, de pérdida y de distorsiones, lo construye. Por no hablar de lo bonita que es ella, de su sentido del humor, de su conmovedora búsqueda incesante. Con ella hablo de unos temas  y de una forma que no se repite prácticamente con nadie más.

Una de las cosas que más le gusta a Raquel últimamente, y quizá lo que me hace sentir más orgullosa de ella -al fin y al cabo, la inteligencia, la imaginación o la belleza no son mérito propio, pero lo que  hace con todo eso sí-,  es hacer regalos. Su Galería de la Magdalena fue concebida no tanto como arte urbano, sino como un regalo para las personas. Hay mucha gente que no lo entiende. “¿Y por qué cada semana empleas tiempo y dinero en idear tus exposiciones que cuelgas y regalas en la calle?” Porque cuando hay personas que andan por la calle y disfrutan con ello, y se paran a mirar, y a jugar, o se llevan algo a su casa, le hace feliz.

El caso es que hace poco me envió por mail el último regalo en el que había trabajado. Esta vez era un regalo especial, imagino que para ella uno de los que más, uno para su madre. Un vídeo. 

 Aquí lo dejo.

Después de hacerlo se enteró de que había un concurso para vídeos realizados con la aplicación Super 8 de i.phone, y decidió presentarlo. Y supongo que le haría ilusión ganarlo, para su madre, aunque no pueda llamarla para contárselo.

Parece ser que haciendo click en me gusta, hay más posibilidades. Si te gusta, dilo. Es bonito.

 

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6 comentarios en “Madeira no es Tenerife

  1. Nuestras definiciones de cosas vitales se asemejan mucho, mucho. Esa conexión que se queda perennemente en “stand by” así pasen cinco años (o los que tengan que pasar). Me ha gustado mucho el video de Raquel lo estoy pasando como (dicen se pasa) la gonorrea.

  2. Ratifico lo asombroso de Raquel… todo. Creo es la persona más inteligente que jamás he conocido, combinando, encima, inteligencia y creatividad. Y, además, creo que en ella la inteligencia y la creatividad no tienen límite, ya se encarga ella de probarlo en todos los formatos posibles. Impresionante vídeo o, más bien, videollamada, aunque a mí no me deje dejar el “me gusta”. Bs. A las dos.

  3. Muy lindo post, conmovedor. Lo leí el día que se publicó y me dejó pensando mucho porque hace un par de semanas viví una situación similar, un reencuentro con esas amistades de la infancia. Resulta que me volví a encontrar con mi mejor amigo entre los 5 y 14 años, a quien tenía prácticamente 18 años sin ver! En 1993 su familia se mudó del pueblo donde crecimos y perdimos el contacto. Gracias al Facebook nos volvimos a escribir hace un par de años y pudimos coordinar un reencuentro. José Antonio vive en Venezuela y estaba en un viaje de vacaciones en Europa, visitando varios países. Le invité a visitarme en Francia, y sin dudar, le dije que se viniera a pasar 4 días por Dijón. No puedo negar las dudas sobre cómo iba a manejar la camaradería luego de tantos años, donde cada quien ha hecho su camino y donde gustos, preferencias e intereses hayan podido cambiar drásticamente. La sorpresa fue rotunda. En esos cuatro días me encontré a una persona que era el resultado que se podía esperar de aquel amigo curioso, inteligente, hábil como nadie reparando equipos electrónicos, colaborador, conversador, coño! Pues todas las características que unieron esa gran amistad de años de infancia. Una experiencia increíble. Al ver nuestras vidas actuales era muy claro para él que yo me haya dedicado a la Academia y que haya continuado con la música, que han sido siempre mis mayores intereses, “tu eras entre nosotros el que iba a terminar en eso” decía él. Para mi fue muy satisfactorio ver como él ha desarrollado una carrera exitosa en el comercio, actividad en la que el siempre demostró cualidades casi innatas! Todo esto me ha hecho pensar sobre qué claro están los niños cuando eligen a sus amigos. A esa edad uno busca con honestidad compartir gustos, intereses, humor, chistes, pues lo que alegra a los niños, y no como se vuelve con la edad adulta donde comienza el networking y los lazos profesionales, que pueden ser un grillete en el tobillo. A los amigos de infancia no tienes que darles explicaciones, ellos te ven a los ojos y ya saben si algo te está sucediendo o no. Hay que, en la medida de lo posible, conservarlos, porque pueden ser muy valiosos, tanto como Raquel o José Antonio. Saludos!

  4. Me ha encantado el video, es precioso. Igual que es preciosa tu descripción de Raquel. Es tan difícil encontrar esa amistad cómplice, la de verdad, la que dura toda la vida, pase lo que pase. Un beso para las dos.

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