Orquídeas

por patricia

No sé por qué un día, hace unos meses, me entró una vena verde. Y a mí, que la historia de las plantas siempre me ha resultado indiferente, me entró el instinto vegetal y sentí la necesidad de hacerme cargo, y cuidar, y llenar mi casa de ellas.

Y como es natural, una reconoce su ignorancia y su falta de savoir faire, y comienza comprando variedades sencillitas. Esos palitos verdes largos que metes en un vaso con agua que con cambiar un par de veces al año es suficiente y que no mueren nunca… por ejemplo. Bueno, pues con ellos comencé con mi aprendizaje: sí, sí mueren.

Tras este fracaso no me amilané, y compré más palos  y además unas plantitas para la cocina. ¿Cuáles quiere? No sé, deme unas que sean resistentes, que aguanten calor y frío, que no necesiten mucha luz, que no sean muy delicadas.  De modo que me dio unas de las etiquetadas para torpes. Pero también se me murieron. Volví a repetir, y compré otras tres. Sobrevivió una.

Nilda, la mujer que cuida de los niños por las tardes me debió ver tan desesperada que un me trajo unos esquejes de una variedad de un cactus me dejó  ya plantaditos. También murieron.

Así reforzada por mis éxistos me crecí, y decidí aventurarme con una especie delicada; compré una orquídea. Fue a principios de abril. Pero contra todo pronóstico no está muerta. No sólo no ha perdido las flores que traía, no sólo se abrieron todas las que venían de camino, sino que están saliendo nuevos brotes. Está espectacular, pletórica. Es feliz. A pesar de recibir de vez en cuando algún balonazo que otro. Pero es feliz.

Y no deja de resultarme paradójico que haya fracasado con especies normales, fáciles de cuidar y mantener, y que, sin embargo, haya sido capaz de hacer feliz a una especie rara, sensible y delicada.

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Y de verdad siento el exceso de fotos, pero es tan bonita… Sin duda lleva consigo el encanto de lo difícil.

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