De cuestiones de fe, leyes y polémica.

por patricia

El sábado vi por primera vez los famosos carteles del bebé y el lince. Es lo que tiene la libertad de expresión, que cualquiera puede hacer uso de ella,  Iglesia incluida… y yo incluida. Aunque reconozco que cuando estos señores predican fuera del templo me hacen sentir como mi vecino cuando me ve llegar a casa con las bolsas del Burguer y me dice que cómo se me ocurre darle esa comida a mis hijos, que es poco saludable…

Yo no entiendo muy bien la polémica. Ya que científicamente no se puede determinar en qué momento de la gestación se puede considerar que un embrión o un feto es un ser humano, ese hecho queda reducido  a una cuestión de fe, o de creencia personal. De modo que a falta de una certeza al respecto, la decisión última debería quedar para la  mujer según su conciencia. Si ella no desea ser madre y cree que lo que tiene dentro son un conjunto de células, la decisión de  abortar no supondrá un problema. Si no deseaba ser madre,  pero cree que lo que lleva dentro es ya un ser humano, no tomará esta decisión. Y como en cualquier otra cuestión de fé, estas decisiones merecen todo el respeto.

Y en el fondo, ésta es la única posibilidad coherente. Los supuestos son absurdos. Son un sinsentido. Si el embrión no es un ser humano no hay problema en descartarlo ya esté sano o sufra una malformación, o haya cualquier tipo de riesgos. Y si el embrión es un ser humano, no cabe descartarlo en ningún caso. ¿O es que un ser humano sólo tiene derecho a vivir si está sano, mas no lo tiene en el caso de tener Síndrome de Down o una minusvalía?

¿Quién tiene el criterio para decidir e imponer el que un embrión sea (o no) un ser humano, y con esa condición (o no), gozar (o no) de todos los derechos del mismo? ¿El Estado? No lo creo. Por tanto, el que jurídicamente se permita a las mujeres la posibilidad de actuar libremente según su propia conciencia, me parece la única opción coherente, y la única posible.

De modo que no puedo decir que me considere a favor o en contra del aborto, así en general.  Yo tomé mi decisión cuando tuve que hacerlo. Y sé que hice bien.  Como también creo que han hecho bien todas aquellas mujeres que han seguido lo que sus conciencias les dictaban, pensando que era lo mejor, fueran sus decisiones o no, iguales que la mía.

Para terminar mi reflexión  no voy a poner ninguna imagen. No sabría con cuál  ilustrar las ideas que argumento, como la libertad en cuestiones de fe, y el respeto hacia las mismas.

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