Relato: El último hombre solo

por patricia

Soy el último hombre no modificado.

El último ser imperfecto en un mundo perfecto, nacido de una Naturaleza superada a la que encarno. En un mundo en el que las mujeres dan a luz a los hijos que siempre quisieron, y no existe un lugar para la duda. La carga genética de sus embriones es modificada. No padecerán enfermedades, estarán dotados de proporciones perfectas, simetría y armonía, y su inteligencia suprema será potenciada para alcanzar un máximo rendimiento. También sus habilidades sociales mejoran, gozando de total autocontrol.

Los ciudadanos modificados se autogobiernan. No son necesarios los agentes del orden, ni de seguridad, ni ejércitos. El gobierno es justo. Las oportunidades las mismas. La distribución y generación de riquezas equitativa. Y el desarrollo sostenible.

El mundo en el que vivo es el Edén soñado por nuestros ancestros… Y yo sufro el castigo de vivir en él.

Soy el eslabón perdido. Soy el hombre solo en medio del paraíso.

Soy el niño que necesita clases de apoyo, al que invitan a los cumpleaños por lástima, el que va al médico una vez al mes.

Soy el adolescente que no recibe llamadas, el que tiene los hombros caídos, la cara cubierta de acné. El que no ha dado nunca un beso. El que se siente diferente y además, tiene la certeza de que lo es.

Soy el adulto para el que han creado un empleo específico apto. El que da gracias el día que despierta sin dolores porque sabe lo que es la enfermedad. El que se conmueve con la belleza, acostumbrado a vivir en la imperfección. El que valora el amor como el bien más sagrado, porque sabe lo que es el día a día sin él. Y sin su posibilidad.

Soy al que pusieron en el camino difícil. El débil. El incontrolado. El dominado por sus emociones. Nadie entiende la manifestación de mis pasiones, ni lo que me conmueven las que quedaron plasmadas por los antiguos. Dudo que nadie comprenda mis pasiones. Dudo que en esas mentes equilibradas, exista alguna pasión.

La voluntad de mi madre me colocó en ese camino, su negativa a mi modificación. Mi madre, la que me amó. La que sufrió mis sufrimientos mientras estuvo viva a cambio de que yo la tuviera para mí: la pasión.

Sí. Me amó. Y una vez muerta ella, ya nadie. Nunca más.

Nadie entiende mis gritos al vacío, el por qué no puedo, el por qué me ahogo, el por qué tengo miedo. Nadie entiende que no entienda mi sentido, ni el que lo busque con todo este sufrimiento imperfecto, con estas ansias imperfectas, con esta angustia imperfecta. Y nadie me acompaña.

Ni tampoco nadie me acompaña en la felicidad que desborda mi cuerpo no modificado cuando termina el día, porque ha terminado y yo lo he vivido, y he mirado el cielo rojo, y me he convertido con él en atardecer, y he imaginado otro ser imperfecto y hermoso, y he soñado que estaba conmigo, y que lo amaba. Y me amaba. Y entonces he sido infinito. Sí, en el sueño. Y nadie entiende que sueñe con cielos de color rojo. O con lluvia que moja. O con olor a café recién hecho.

Soy el último hombre que llora en un mundo donde los ojos de quienes lo habitan no conocen el llanto. Qué llanto podría haber en ese camino fácil, tan ancho, tan perfecto, tan bello. Y qué risas cabe esperar en las bocas de unos hombres cuyos ojos no conocen el llanto.

Fui el último hombre solo. Sirva esto como el epitafio que nadie entenderá, del último hombre que abandona ya un edén al que no pertenece.

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