Relato: Larvas

Larvas.

 

Dicen que existe un insecto que para reproducirse, aguijonea a un gusano inyectándole un veneno que lo paraliza, pero no lo mata.

Después, el insecto introduce dentro e él sus larvas, y el gusano permanece vivo e inmóvil mientras éstas crecen, hasta que nacen.

Entonces es devorado por ellas.

1. La picadura

Fue un día de calor sofocante, y más sofocante incluso a las cuatro de la tarde. Lo seguía con la mirada sin escuchar lo que decía. Era clase de Anropología Social. Eran horas para el sueño, no para ir alerta. Pero cuando acabó la clase, cogió su portafolios, y salió del aula, mi sueño no salió con él. Se quedó enredado en mi pecho, y fue creciendo y creciendo.

2. Los efectos del veneno en el ser humano

Mi parálisis comenzó con torpeza de movimientos, siguió con inapetencia, y con una incapacidad mental que me impedía concentrarme en cualquier cosa que no fuera él. Y a la rabia que sentí por mi condición de alumna, y al odio inmenso hacia la fecha impresa en mi documento de identidad, como recuerdo continuo de mi desgracia, les siguió una tristeza infinita. La tristeza de quien conoce al comenzar una historia cuál va a ser su final.

3. Las larvas crecen en el gusano. El gusano se rebela.

Fui a revisar mi examen, presa de la ansiedad de luchar por mi vida, o de hacer frente al destino.

Me senté frente a él a solas. Un instante. Y la vida se fue apagando. El corazón dejó de latir, y sentí cómo la sangre dejaba de regar el cerebro. Pero antes de que mi cuerpo se desplomara, hice un último intento por sacarme esas dos palabras que estaban devorando mis entrañas.

Y frente a la mirada del atónito profesor, que recibía a una alumna de sobresaliente para revisar un examen, me escuché decir TE QUIERO.

4. Un antídoto.

Pu púm. Pu púm. Pu púm.

Escuché de nuevo el latido. Y la sangre regando el cerebro. Moví los dedos de las manos, y tras ellos pude moverme entera. Entonces arrastré hacia atrás la silla, levanté la mirada y me encontré con su sonrisa.

La tomé con las dos manos, y la coloqué con cuidado en el vacío que dejó aquello que se había quedado llenando ahora el despacho. Y con ella dentro no eché la vista atrás mientras salía.

 

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