Errantum Lumen is dead

Hace más o menos un año se me ocurrió relatar aquella noche en la que nos encontramos un vampiro. Como además dijo su nombre, difícil de olvidar, ahí quedó en mi relato, junto con mis impresiones y mis recuerdos acerca del suceso, unas más objetivas, otras fruto de mi percepción puede que alterada por ese afán literario mío.

Poco tiempo después, Errantum Lumen, me hizo saber que se/me había encontrado y leído mi relato, y concertamos una entrevista. No sabía muy bien qué me iba a encontrar. No queda una para tomar un café con un ser sobrenatural todos los días. Y aunque no suelo tomar demasiadas precauciones, y la curiosidad le hubiera ganado la batalla al miedo, sí procuré quedar a una hora en la que no hubieran desaparecido los últimos rayos de sol. Cómo es posible que cuando me preguntó Patsí hace unas semanas que si no tenía ninguna anécdota a raíz de escribir en el blog no se me ocurriera particularizar mi sí en una historia tan buena, que escribir escribimos muchos, pero quién puede decir que captó el interés de Drácula.

El caso es que cuando quedé con él su aspecto había cambiado. No se trataba de la criatura nocturna de aspecto ebrio y enigmático tan parecido a Gary Oldman. Tenía el pelo corto, un nombre cercano, una cámara y una conversación amena. Más que conversación diría narración. Hacía pocos meses que había dejado de ser vampiro, al principio más por imposición que por convencimiento. Y me contó que, antes de serlo, había sido fotógrafo -claro, la luz-, y me pareció que había nostalgia. Como si ya no fuera nadie, como si  fuera pasado. Pasado de fotógrafo, pasado de vampiro. Y ahora…  ¿ahora qué era? Tenías razón con lo de la luz, me dijo, la he perdido. Y esa frase era en sí misma toda una declaración de voluntades. Ahora qué, ahora la luz.

No me dejó al margen. Desde noviembre del año pasado, cuando nos conocimos en una terraza frente a la Ermita, me ha ido haciendo partícipe de su búsqueda personal, convirtiéndome en discreto testigo. A veces para encontrar algo en el presente y buscar ilusiones futuras hay que remover en el pasado, en las experiencias, en los recuerdos, no para levantar heridas, sino con ánimo de curarlas.

El otro día me mandó un mail dándome testimonio de la muerte definitiva de Errantum. Y como sabe que me gustan las historias con final feliz, no me deja sin saber que ahora vive New Errantum Lumen, y que tiene un proyecto que aún no ha estrenado, yo espero que ocurra pronto.

Cuando hay luz no hacen falta leyendas. Eso es lo que todos buscamos.

¡Suerte!

Errantum Lumen

Apareció una noche. Mi amigo Manu y yo habíamos salido a Las Vistillas y habíamos terminado tomando un pisco sour en un local con mucho diseño pero  muy frío en La Latina. Ese hombre, que probablemente habría llamado la atención en cualquier sitio, destacaba como iluminado por luces de neón en aquel peruano ultramoderno.

Manu, que es buen fisonomista, cayó pronto en quién hacía pensar. Gary Oldman. LLevaba perilla y pelo largo, camisa, y por motivos que quizá sean subjetivos y que no puedo descifrar, resultaba muy oscuro. Me di cuenta de que no era a Gary Oldman a quien me recordaba, sino a Drácula. Hablaba con gente en la barra, gente que iba y venía. Hablaba con gente pero estaba solo. También se acercó a hablar con nosotros. Se presentó como Errantum Lumen, famoso artista. “¿No me conocéis?, – dijo un poco indignado, -¡Buscad en Internet Errantum Lumen y sabréis quién soy!”

Errantum Lumen. La primera parte de ese nombre suyo sí parecía corresponderle. Pero sin embargo, me pareció contradictorio que una persona tan oscura se autodenominara lumen. Me pregunté cuándo habría perdido la luz y por qué. Además de faltarle luz le sobraba alcohol. Él tampoco debía tener acerca de ese punto la misma percepción que yo, porque aún nos pidió dinero para seguir bebiendo. Recuerdo que antes de irnos le deseé suerte y no le gustó. Supongo que le parecí condescendiente.

Lo estuve buscando por Internet, y aparte de un blog con pocas entradas, con algunas fotos fechadas hace años, no encontré nada más. Me decepcionó un poco,  porque en realidad, y ahora me doy cuenta,  quería encontrar otra cosa, la revelación de alguno de sus misterios, alguna señal que me hablara de la luz, o de la falta de ella, algo que colmara de alguna manera las expectativas que aquel misterioso personaje me había generado, y que no se quedara todo en un dipsómano excéntrico. Pero no encontré nada más.

Ayer lo vi al ir a entrar en el metro de Ópera.  Su visión me hizo detenerme para observarlo. Pelo largo, perilla, camisa,  una lata de cerveza,  el mismo halo de oscuridad y misterio, y el mismo poder de atracción. Y seguí observándolo mientras bajaba las escaleras del metro, pensando para mí misma,Errantum Lumen,  no me engañas con tus nombres,  eres quien pareces.

Volví a casa algo distinta. Reconocer a un vampiro otorga una extraña sensación de lucidez.