teletransportación

Leo en prensa que el premiado con el Nobel en Física dice que ve la teletransportación como algo altamente improbable, y respiro con alivio. La teletransportación es uno de esos sueños recurrentes. Como volar, o ganar la primitiva. Ya sabes, cuando estás en un atasco, o cuando llegas a la estación de tren y el tuyo acaba de irse, o cuando echas de menos pero no existe siquiera la posibilidad de atravesar medio mundo… ya sabes,  el wish you were here de pink floyd pero al revés, porque si la teletransportación estuviera ya operativa estaríamos hablando de un wish i were there, o  de un i’ll be there, right now.  Concretamente en esos casos, en los más necesarios, la teletransportación resulta inútil, porque entiendo el wish you were here como uno de esos echar de menos  al margen de la materia o de si existe o no una distancia física,  como ese otro eje espacio tiempo que no está sometido a leyes.

Hago la reflexión completa y entiendo por qué la belleza de la teletransportación reside en su imposibilidad. Si yo pudiera teletransportarme a cualquier lugar significaría, que también el resto del mundo podría hacerlo. Cualquier persona, conocida o no, familiar o no, con previo aviso o no, con autorización o no, podría quebrantar las leyes físicas, el eje espacio tiempo, juguetear con la materia y personarse en cualquier momento del día o de la noche, en cualquier situación. Cualquier persona. En cualquier lugar. A cualquier hora. Imagino un par de posibilidades, sin complicarme demasiado, sin necesidad de rebuscar entre  las más desagradables o violentas dentro del catálogo de lo posible. Me bastan para entender que la teletransportación es uno de esos sueños que nunca, jamás, bajo ningún concepto, deben cumplirse. Que son sueños sólo en la medida en que no se hacen realidad.

Respiro con alivio de nuevo. Rezo, en el sentido de how i wish, es decir, en el sentido de desear ante nadie, por la sensatez de los físicos, y también -por si acaso fallara- por su impotencia. Por el eje espacio tiempo. Por mi materia y sus incapacidades. Por la vigencia del sentido de los pestillos en según qué puertas. Bien merecen el esfuerzo de un trasbordo, el cansancio de un viaje, las horas echando de menos.

Aún somos capaces de la presencia?

Traducción del útlimo artículo de Jean Paul Galibert:

“La presencia era una vinculación directa y total de mi yo a un lugar. Antes era posible encontrar un lugar y ocuparlo por completo. Cada presencia disfrutaba de las ventajas y asumía los inconvenientes de un lugar. A la inversa, el objeto hipermoderno es un sistema de polipresencia; es decir, de presencia simultánea de mi yo en varios lugares. La polipresencia se propone obtener el mayor número de ventajas de diferentes lugares, minimizando los inconvenientes de cada uno.

Toda presencia permitía el secreto, mientras que ninguna telepresencia lo permite, porque la telepresencia supone la presencia implícita pero constante de un sistema y de un operador.

Toda multiplicación de lugares es una división de mi yo. Mi yo puede distribuir su presencia, repartir sus grados de presencia entre los diferentes lugares para maximizar las ventajas y minimizar los inconvenientes: es la distribución de presencia. Pero toda distribución de presencia es una distribución de ausencia, porque mi yo distribuido no está nunca por completo en un lugar. Así que toda presencia, desde el momento en que está conectada, se convierte también en una ausencia”

Jean Paul Galibert