Avatar de patricia lodínDespertando antes de que se vaya el dinosaurio

Llegué el dos de octubre, hace once días . De momento no tengo compañero de celda. No me siento con nadie para comer, que haya alguien a mi izquierda y a mi derecha es un accidente. De momento sólo observo. Tengo que conocer los grupos que hay por aquí, los líderes, quiénes me aceptarían, y sobre todo quiénes pueden protegerme. Ahora mismo estoy solo. Debo ser invisible y observar antes de buscar protección. Si te embisten no grites. Si te provocan no contestes. Si te violan ni tuerzas el gesto. Si te interpelan no te des por aludido, y si insisten no des pie a una conversación, pero tampoco resultes hostil. Tu nombre debe estar limpio para que cuando hayas decidido a quién pertenecer no pueda rechazarte. No bajes la guardia. Mantente alerta. Debes decidir rápido. Y mientras tanto conservar la vida.

En la celda de al lado hay un…

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Una pizarra

Hace unas semanas al salir del metro en La Latina, colgada en una placa metálica de obra me encontré una pizarra colgada. En la pizarra estaba escrito de manera indeleble lo siguiente «antes de morir quiero….» un espacio. Y se repetía de arriba abajo en dos columnas. Y estaba rellena con tiza por gente que supongo se encontró también con esa pizarra, y con esa pregunta.

Me detuve para leer las respuestas. Había de todo:

antes de morir quiero…. viajar                    antes de morir quiero…. follar mucho
antes de morir quiero…. ser feliz                 antes de morir quiero…. una tarde más                    aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaacontigo
antes de morir quiero…el FIFA 2011          antes de morir quiero….entender el mundo (léase con trazo infantil)
antes de morir quiero… amar                       antes de morir quiero: follar (este se repetía)

Yo no llevaba tiza, y de haberla tenido, tampoco habría borrado ninguna declaración de nadie. Pero al preguntarme qué quería hacer antes de morir la respuesta llegó de forma instantánea: vivir. Quiero decir, VIVIR.

Pero por si no quedaba claro, porque parece que uno sólo desea lo que no tiene, me hice una pequeña rectificación: seguir viviendo. VIVIENDO.

Permitirse el lujo de elegir

La conversación comenzó a raíz de una noticia en el telediario de un festival de cine al que había asistido Alec Baldwin. Al verlo lo tildaste de mal actor, de haber participado en películas terribles. Me pregunté por qué una persona que se considera buena acepta proyectos mediocres que tiran por tierra su prestigio profesional.

-Bueno, incluso los mejores, incluso los valientes, los que después producen cine indie, firman de vez en cuando un taquillazo para hacer caja.

-Ya, pero a costa de qué. Podrían ser más selectivos.

-A lo mejor no siempre pueden, no se trata de algo frívolo. Es o una mierda o nada. Noveles, o actores pasados los cuarenta, no tienen más remedio que actuar en bodriazos porque es lo único que les ofrecen.

Me estaba empezando a irritar, ¿por qué me estaba irritando? No sé, pero me estaba irritando. Como si se tratara de algo personal:

-Pero diciendo sí a según qué cosas se están faltando al respeto a sí mismos. Cómo esperan que después se les siga considerando grandes cuando se humillan aceptando según qué papeles. Y estoy segura de que se pueden permitir el lujo de elegir.

El endurecimiento de mi postura, mi juicio, mi inclemencia, te hicieron saltar.

– ¡Y nosotros qué sabemos! ¡Qué sabemos nosotros de ellos, y de lo que pueden o no elegir!

Eso dijiste. Vehemente. Di por zanjado el tema porque estaba de muy mal humor, y ese mal humor me ponía de peor humor aún. Por qué tenía que terminar irritada por Alec Baldwin. Y qué me importa a mí ese tipo. Por qué me tengo que enfadar por los papeles que interpreta o deja de interpretar.  Se acabó la historia. O no. Porque al día siguiente, según iba a trabajar, le seguí dando vueltas. Y sí, claro que se puede elegir. Lo sabía. Y lo sabía porque yo misma acababa de aceptar un papel no terrible pero sí mediocre. Y había podido elegir. Entre eso y nada. Y eso es una elección. Podría haber elegido nada. Que puede que cuando la elección es entre dos opciones desagradables o difíciles la sensación de libertad se diluya, pero lo cierto es que se puede elegir. Es eso o un despido improcedente, es lo que había escuchado unos días antes en un despacho. Está bien, eso. Había contestado yo. Aunque eso fuera mediocre, aunque viniera de quien desprecio. Y había podido elegir. El blanco y el negro. Los absolutos. Lo digno y lo indigno. Pero es que en la vida no todo es blanco o negro, hay una extensa gama de grises. Eso lo he escuchado un millón de veces. Los grises. El miedo, la precariedad, la debilidad, las flaquezas, el miedo, los grises.

Y sí, claro, claro que se pueden comprender. Se pueden comprender porque todos estamos llenos de grises, porque todos tenemos miedos, porque ahí fuera planea el holocausto, porque hay tanta gente sufriendo, porque tenemos responsabilidades, porque no podemos ser inconscientes, por la sensatez, porque la dignidad se va haciendo diminuta, porque el miedo.

Se puede mostrar piedad, clemencia y comprensión frente al gris. Pero el blanco existe y el negro existe, los absolutos existen – lo sabes, cómo no lo vas a saber cuando eres uno de ellos-. Y ya sé por qué estaba tan irritada y de tan mal humor, por qué esos juicios tan duros contra ese dichoso actor, por qué ese desprecio. Porque yo era Alec Baldwin. Y sí, se puede elegir.

Memoria gráfica de la expo….

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El encargo llegó en forma de llamada telefónica. Era Raquel. Tengo una idea fabulosa, dijo, se me ha ocurrido una exposición para La Galería, y creo que es perfecta para que la realice Armapalabras. Se trata de regalar cajas de medicinas, y que vosotras os encarguéis del prospecto. Evidentemente, serán unos fármacos especiales, y curarán males especiales. Lo dejo en vuestras manos. Esa exposición se llamará Farmacia para ti. 

 Se lo comenté a mi socia Ana, y estuvo de acuerdo conmigo en que podía ser un trabajo divertido. Por ser atípico, y por el hecho de que fuera a convertirse en un regalo urbano. Todas las cajas con sus prospectos estarán expuestas en la calle del Príncipe de Madrid, el domingo 23 de septiembre, y quienes  paseen por allí, se encontrarán con todas ellas, y podrán sorprenderse, jugar, cogerlas, abrirlas, leer, volver a dejarlas…

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