Lo importante y lo urgente

Cuando el otro día charlando con Manu lancé sin recordar ahora bien a santo de qué, aquello de distinguir entre lo importante y lo urgente, no era consciente de lo que eso mismo me iba a hacer pensar, desde ese mismo momento.

Desde que nacemos, el mundo tal y como está montado, y el hecho de que el tiempo sea tan limitado -y por tanto valioso- nos enseña a actuar priorizando en términos de urgencia. Todo tiene un plazo, todo tiene un tiempo, una hora, y un límite. Y todo nos empuja a convertir lo urgente en lo prioritario dentro de nuestro sistema de preferencias,  sin cuestionarnos siquiera su importancia.

Ese día, según pensaba en aquella frase, hice lo que suelo hacer cuando quiero analizar algo, y es llevarlo al terreno real, o a mi terreno, y dentro de eso pensé en la última decisión en la que habían intervenido la importancia y la urgencia. Y es que al final, cada decisión supone priorizar. Supongo que habría sido más urgente quedarme en la oficina terminando rápidamente el trabajo que estuviera haciendo esa mañana, pero sin embargo había considerado más importante emplear un rato  en compartir momentos,  café y un cigarro. Y me alegré por ello.

Me alegré de que últimamente estuviera analizando mis prioridades no tanto por su urgencia, sino  por su importancia. Eso me llevó a pensar también en mis estudios. Para mí es importante. Me gusta lo que estudio y sobretodo me gusta el por qué. Y el examen tiene un plazo.  Sin embargo le dedico poco más que un par de horas al día. Porque dedicarle más tiempo me supondría sacrificar el de mis chicos. Y ellos son más importantes. Hay sacrificios que no merecen la pena.  Frente al argumento de “es sólo un año” la respuesta es que es un año cuyos momentos no voy a recuperar. Como dice mi padre, la vida está hecha de momentos.  Y yo los quiero hechos de lo que para mí es importante.

La urgencia está casis siempre asociada a una meta, a un resultado, a un destino.  Y estamos acostumbrados a concentrarnos en eso,  en las metas, en el destino, y eso precisamente  nos aleja de la importancia del camino. La prisa, la urgencia por llegar a una meta, nos hace sacrificar el momento presente.  Y de pronto soy consciente de que llevo un tiempo entendiendo  que la meta, el destino,  no debe ser más que una guía para descubrir el camino por el que andar, pero nunca una presión, nunca un plazo, nunca una urgencia, nunca un espejismo que me desvíe de  lo que es verdaderamente importante: amar el camino, ser feliz caminando.

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2 comentarios en “Lo importante y lo urgente

  1. Dejo una cita que leí en el blog de César, de la que me he acordado al hablar de todo esto:

    Una persona que actúa sin deseo es capaz de concentrarse en la acción en sí misma y realizarla mejor que alguien obsesionado por lo que va a conseguir. Renunciar al fruto no quiere decir que este nunca llegue, sino que nuestros actos no están motivados por su expectativa. El hecho de no esperar nada nos hace libres. Un niño juega por amor al juego, sin pensar en nada más.

    La india por dentro; Álvaro Enterría

  2. Interesante reflexión. Estoy totalmente de acuerdo, supongo que porqué yo ultimamente estoy priorizando más que nunca, no hay nada como darte cuenta de lo que es importante realmente. Una hora más en el despacho me hace adelantar trabajo, pero es una hora de menos que estoy con ellos, y el tiempo pasa tan rápido…
    La cita muy buena.

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