Feliz Navidad

por patricia

El alma de un niño no es el que escribe una lista de regalos, ni adorna un árbol, ni mira boquiabierta las calles llenas de luces. El alma de un niño es la inocencia que permite mirar el mundo con otros ojos, la capacidad para ilusionarse, y sobretodo la capacidad para soñar. Los niños sueñan vivir aventuras, viajar al espacio, volar en un globo, crear inventos maravillosos, ser estrellas de cine, futbolistas… sueñan ser valientes, ser especiales, ser únicos. Sueñan que pueden hacer un mundo feliz. El alma de niño no tiene color, está hecha de sueños, y todos esos sueños están al alcance de su mano, no tienen límites. Los límites son inventos adultos. Los adultos inventamos dónde está la línea que separa lo posible de lo imposible, donde lo posible suele ser lo sencillo, y lo imposible lo difícil. Y más allá de esa línea no intentamos nada. Entonces, el alma de niño, aburrida por estar encerrada en un cerco tan pequeño, se duerme… Pero, ¿y si pudiéramos despertar ese alma de niño? ¿y si no se hubiera perdido para siempre? ¿y si de pronto traspasáramos esa línea y descubriéramos lo que hay más allá de ella? ¿y si hiciéramos que lo imposible fuera posible con el alma que un día tuvimos, y que no caduca cuando termina la Navidad?

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