Caminando sin el hemisferio derecho

por patricia

El hemisferio izquierdo se especializa en el lenguaje articulado, control motor del aparato fono articulador, manejo de información lógica, pensamiento proporcional, procesamiento de información en series de uno en uno, manejo de información matemática, memoria verbal, aspectos lógicos gramaticales del lenguaje, organización de la sintaxis, discriminación fonética, atención focalizada, control del tiempo, planificación, ejecución y toma de decisiones y memoria a largo plazo. Los test de inteligencia miden sobre todo la actividad de este hemisferio.

El hemisferio derecho es un hemisferio integrador, centro de las facultades viso-espaciales no verbales, especializado en sensaciones, sentimientos, prosodia y habilidades especiales; como visuales y sonoras no del lenguaje como las artísticas y musicales. Concibe las situaciones y las estrategias del pensamiento de una forma total.

Fuente: Wikipedia

Es curioso cómo desde pequeños se nos estimula para desarrollar las habilidades de las que se encarga nuestro hemisferio izquierdo. En el cole las asignaturas importantes son mates y lengua, y las marías educación artística y música.  La creatividad ni se fomenta ni se valora, las sensaciones no se tienen en cuenta, y  nadie enseña nada acerca de  sentimientos y emociones. Y así, desde pequeños, se nos va enseñando lo que nuestra cultura considera importante y lo que no lo es.

Hoy, hablando con mi amiga raquel, en un momento dado me ha dicho algo así como que las notas del cole son la forma de valorar el trabajo de los niños, así como el dinero es la forma de valorar nuestro trabajo cuando somos adultos.

¿Y qué tipo de trabajos son los que se valoran? -que traducido al contexto del día a día-  ¿con qué profesiones se gana mucho dinero?

Se pueden hacer muchas listas en la cabeza, pero las conclusiones vienen a ser las siguientes: la sociedad valora aquellas profesiones que son capaces de generar dinero. Un broker, un abogado, un ingeniero, un comercial,  un investigador… todos ellos cobrarán en función de su capacidad para generar beneficios económicos. Eso es lo que se valora.

¿Y qué trabajos se pagan peor? ¿Qué trabajos están mal valorados? ¿Qué pensarías si tu hijo te dijera que quiere ser puericultor? ¿O asistente en un geriátrico? ¿O psicólogo clínico? ¿O enfermero? ¿O trabajador social? ¿O maestro? ¿O peor incluso, músico?

“Hijo, te vas a morir de hambre….”

Otro de los grandes argumentos que se esgrimen es la cantidad de inteligencia que hace falta para adquirir una determinada cualificación.  Es que una ingeniería es muy difícil. Ciencias exactas son muy difíciles.  Luego si consigues estudiar algo así, ya no sólo eres merecedor del reconocimiento por tu posible capacidad para generar ingresos, sino también por tu capacidad intelectual, sobradamente demostrada  habiendo sido capaz de estudiar determinadas carreras universitarias. Pero me pregunto si no es también muy difícil quizás, trabajar día y noche con un niños que sufren parálisis cerebral, y hace falta darles la comida, limpiarles las babas, cantarles, darles la mano, estimularlos, abrazarlos, acariciarlos. No hace falta probablemente tener unos grandes conocimientos técnicos, pero sí  una gran  sensibilidad hacia el ser humano. Esa sensibilidad no tiene reconocimiento social, ni valoración económica.

Recuerdo el día en que me operaron de miopía. No era una operación complicada, pero lo cierto es que llegado el momento estaba nerviosa. Una enfermera me estuvo acompañando, y me habló de sus hijos y de otras muchas cosas. ¿Estás nerviosa? -me preguntó ella. No -mentí yo. Después me explicó lo que iba a ocurrir. Tú sobretodo no te muevas cuando te lo indique el doctor. ¿Y si me muevo sin querer? No te vas a mover, no te preocupes. Entonces me pasaron a quirófano, me pusieron unas gotas, se me tensaron todos los músculos de mi cuerpo, me pusieron el láser sobre los ojos, y escuché una voz, que debía ser la del médico e indicaba la llegada del momento crítico “no se mueva”. Entonces alguien me cogió la mano y  la estrechó, como habría hecho mi madre, y yo la tenía helada, y ella caliente. Y lo cierto es que si bien quedé muy agradecida al médico que me intervino y que me dejó tan bien, sin mis gafas, y sin mi miopía… lo que más recuerdo de ese día fue la mano de aquella enfermera que estrechó la mía para calmarme y acompañarme. Se trataba de algo sencillo, de algo que no se estudia, de algo que se lleva dentro y que probablemente sea lo que te empuja a escoger una profesión en la que prima el saber tratar a las personas como personas, el saber comprender, el cariño o la empatía.

“Hijo, te vas a morir de hambre…” pero hijo, adelante, y salva al mundo de su desequilibrio entre hemisferios, mata las marías, pon más lógica en la humanidad, y sobre todo más humanidad en la lógica, llénate de dignidad dignificando, y pon un poco de tu sensibilidad en la deformada escala de valores que nos mueve y nos condena a ser más productivos y menos hombres.

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