El amor difícil

El amor difícil


Quizá tú no me viste,

quizá nadie me viese tan perdido,

tan frío en esta esquina. Pero el viento

pensó que yo era de piedra,

y quiso con mi cuerpo deshacerse.

Si yo pudiera encontrarte,

quizá, si te encontrase, yo sabría

explicarme contigo.

Pero bares abiertos y cerrados,

calles de noche y de día,

estaciones sin público,

barrios enteros con su gente, luces,

teléfonos, pasillos y esta esquina,

nada saben de tí.

Y cuando el viento quiere destruirse

me busca por la puerta de tu casa.

Yo le repito al viento

que si al fin te encontrase,

que si tú aparecieses, yo sabría

explicarme contigo.

Luis García Montero, Habitaciones Separadas.


Y sin duda me quedo con la dedicatoria:

Si alguna vez la vida te maltrata,

acuérdate de mí,

que no puede cansarse de esperar

aquel que no se cansa de mirarte.

En blanco y negro

De pronto me sentí como aquel día, en el Retiro, porque me miraba a los ojos como aquel payaso, que estaba enseñando a la niña a hacer pompas de jabón inmensas, y  yo  era una de esas muchas personas en blanco y negro que, a lo lejos, aprovechando las ventajas del zoom, quería sacar una foto a la niña con la pompa de jabón, y sin saber por qué, el objetivo fue tras aquel payaso, y me miró de pronto fijamente, a mí, aún estando tan lejos. E hice click.

Pero esta tarde estaba en la sala de formación, con otros muchos compañeros. Enfrente el retroproyector pasando las mismas  diapositivas que tenía en papel sobre la mesa. El nuevo Plan General Contable, artículo 11. Artículo 12… El tratamiento de las operaciones vinculadas. Obligatoriedad de documentación… El tratamiento del leasing como una compra a plazos. Las restricciones a la hora de provisionar… Manos levantadas, y preguntas. Y más preguntas. Pero yo estaba en blanco y negro, sin dudas, sin anotaciones, sin interés, siendo el único motivo para vencer el sueño un único pensamiento en la cabeza: en qué momento de mi vida me habría equivocado tanto como para haber acabado aquí, sin interés.

Entonces noté la mirada fija, la de la responsabilidad, porque de nada sirve utilizar las circunstancias y adaptarlas para justificar el dejar de luchar por los propios deseos.

Y ya deja de mirarme así, aunque sea dulcemente, le dije.  Si ya lo sé, ya, si ya lo he dicho.  No sé en qué momento, pero me he equivocado.  Click.

payaso

Enlatados

Hoy he cogido el metro en Nuevos Ministerios. Nada más pasar el billete por el torniquete, he visto un banco con una vaca sentada en un extremo, de piernas cruzadas. ¡Anda! ¡De la  Cowparade!

Foto del Metronauta.
Foto del Metronauta.

Sobre el banco ,un cartel que decía algo así como «No podrá hablar contigo, pero es la única vaca que sabe leer. Siéntate a su lado, abre tu periódico, y hazte una foto con ella». Entonces me hice la imagen mental: efectivamente, la vaca de piernas cruzadas estaba diseñada para que pareciera estar leyendo un periódico ajeno, haciéndose la encontradiza.

Pero ¿y ese cartel a modo de manual de instrucciones?  ¿Tan poco humanos somos que nos tienen que poner por escrito las instrucciones de dónde y cómo debemos hacernos las fotos? Ya hace tiempo que en las telecomedias nos dicen cuándo debemos reír con una guía de risas enlatadas, no sé por qué me extraño. ¿De verdad somos tan tarugos que no merecemos que se nos permita reír cuando algo nos haga gracia o elegir la instantánea que mejor nos parezca? ¿Es que necesitamos instrucciones para todo? ¿Necesitamos que nos digan dónde está la belleza? ¿Necesitamos que nos digan qué es el arte? ¿ O dónde está el humor? ¿ O cómo debemos reaccionar ante los estímulos?

¿Tan faltos de sensibilidad y criterio que nos hace falta que nos expliquen cuándo y cómo debemos sentir?