En blanco y negro

De pronto me sentí como aquel día, en el Retiro, porque me miraba a los ojos como aquel payaso, que estaba enseñando a la niña a hacer pompas de jabón inmensas, y  yo  era una de esas muchas personas en blanco y negro que, a lo lejos, aprovechando las ventajas del zoom, quería sacar una foto a la niña con la pompa de jabón, y sin saber por qué, el objetivo fue tras aquel payaso, y me miró de pronto fijamente, a mí, aún estando tan lejos. E hice click.

Pero esta tarde estaba en la sala de formación, con otros muchos compañeros. Enfrente el retroproyector pasando las mismas  diapositivas que tenía en papel sobre la mesa. El nuevo Plan General Contable, artículo 11. Artículo 12… El tratamiento de las operaciones vinculadas. Obligatoriedad de documentación… El tratamiento del leasing como una compra a plazos. Las restricciones a la hora de provisionar… Manos levantadas, y preguntas. Y más preguntas. Pero yo estaba en blanco y negro, sin dudas, sin anotaciones, sin interés, siendo el único motivo para vencer el sueño un único pensamiento en la cabeza: en qué momento de mi vida me habría equivocado tanto como para haber acabado aquí, sin interés.

Entonces noté la mirada fija, la de la responsabilidad, porque de nada sirve utilizar las circunstancias y adaptarlas para justificar el dejar de luchar por los propios deseos.

Y ya deja de mirarme así, aunque sea dulcemente, le dije.  Si ya lo sé, ya, si ya lo he dicho.  No sé en qué momento, pero me he equivocado.  Click.

payaso

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3 comentarios en “En blanco y negro

  1. Uf, a veces es peor darte cuenta de esa alta de interés, que el continuar así, sin darte cuenta, en una continua rutina. Esto si es una auténtica reflexión, y de las que te hacen pensar (quizás demasiado).
    La foto… desde luego la clavaste. Esa mirada con esa media sonrisa… parece decir tanto.
    Un beso.

  2. Quierodormir, ser consciente de una equivocación no es malo. No tener sueños, o renunciar a ellos sí lo es. Es como no vivir.

    Karmen, yo la consciencia de la equivocación la tengo desde hace mucho, pero de vez en cuando es más nítida, como ayer. Sin embargo es importante tenerla (¿cómo poner remedio si no?). Me he resignado a dedicar al menos ocho horas de mi vida a algo que ni me interesa ni me motiva. No me disgusta y me da de comer. Y los sueños para los ratos libres. Sé que eso es lo que le ocurre a la inmensa mayoría de la gente. Sólo me pesa no haber intentado otra cosa. Como no descarto la posibilidad de quizás, intentarlo algún día. Pero resignarse a hacer de la vida una continua rutina… ¡la vida es demasiado corta y demasiado valiosa como para hacer eso!

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