El evangelio según Jesucristo

Lleva en su regazo el libro. No ha hecho falta que avanzara demasiado en sus páginas para que se reflejara en su rostro la crudeza de los grandes dolores humanos del existir, de las miserias humanas, de las miserias del cuerpo, pero las que se reflejaban en su cara eran las otras, esas que forman un nexo natural entre todos los seres humanos, todos, sin excepción, sin importar siglo o el milenio del calendario, el sexo, el clima, el lugar geográfico.
Ella camina con los hombros algo caídos, arrastrando el peso de una de las crudezas más crudas de aquellas que está leyendo.
“No es preciso tener culpa para ser culpable”
La culpa puede ser dimensionable como puede ser eterna y universal, hereditaria, por los siglos.
“La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre, Es lobos de que hablas ya se comió a mi padre, Entonces sólo falta que te devore a ti, Y tú, en tu vida, fuiste comido o devorado, No solo comido o devorado, sino también vomitado.”
Amén.
Y con la lectura el lobo va tomando cuerpo, corre hacia ella y jadea en su nuca. Para qué. Para nada. No se sabe qué lobo es, si el de ella. No, no hay lobos personalizados, la persona es ella. Sólo hay un lobo. Es único.
Lee las crudezas sin detenerse. Y si se levanta del parque continúa al llegar a casa, y si el metro llega a la parada de destino continúa por las escaleras mecánicas, a ciegas por los pasillos, a trompicones por la calle. Engulle, además de la culpa, el miedo, la soledad, la incertidumbre, las preguntas que se abren con silencios por respuestas, la crueldad, la sangre, el dolor, la soledad, la ausencia de sentido.
“Dios es pavoroso…”
“el destino es lo más difícil que hay en el mundo…”
“Cuándo llegará, Señor, el día en que vengas a nosotros para reconocer tus errores ante los hombres”
“Hombres perdonadle, porque él no sabe lo que hizo”
Pero no se trataría de naturaleza humana sin el anverso de lo terrible: lo maravilloso. Y como muestra de justicia, ya que de lo terrible no ha escatimado el autor detalle ni limado arista, describe una concepción del amor que ella, en su regazo también reconoce en su lectura. Hace poco que ha leído en otros lugares que el amor tiene todas las formas. Pero sabe que no todo el mundo lo siente. Hay quien no ha amado nunca. Eso también se refleja en los rostros. No al menos ese amor que tiene todas las formas, que no tiene un principio o un final, que no es ni pequeño ni grande, sino todo, que simplemente es. Ese que les regaló a Jesús de Nazaret y María de Magdala:
Mi deseo será encontrarte siempre. Me encontrarías incluso después de morir”
“Aunque no puedas entrar, no te alejes de mí, tiéndeme siempre tu mano, aunque no puedas verme, si no lo haces me olvidaré de la vida, o ella me olvidará”.
“Se amaban y decían palabras como éstas, no sólo porque eran bellas o verdaderas, si es posible que sean lo mismo al mismo tiempo, sino porque presentían que el tiempo de las sombras estaba llegando a su hora, y era preciso, que empezaran a acostumbrarse, todavía juntos, a la oscuridad de la ausencia definitiva.”
Ese del propio Saramago y Pilar:
“A Pilar, que todavía no había nacido y tanto tardó en llegar”
“A Pilar, mi casa”
“A Pilar, mi casa”
“A Pilar”
“A Pilar, como si dijera agua”
“A Pilar, hasta el último instante”
“A Pilar, que no dejó que yo muriera”
Ese de…
ella lo reconoció, como todo lo anterior, también lo lleva en el regazo.

Usted no es dios

Ayer por la noche, en el capítulo de House, hubo una escena entre House y su psiquiatra en la que el psiquiatra le preguntaba: ¿por qué le das más importancia a tus fracasos que a tus logros? House contestaba que los logros tenían una duración corta, exactamente hasta que llegaba un fracaso. Y que sin embargo los fracasos permanecían para siempre. El psiquiatra le contestó “cuando uno fracasa, cuando uno se equivoca, debe aprender a pedir perdón y  pasar página“. Entonces House le contesta ” ¿Me quiere decir que yo hago un daño terrible, pido perdón y se acabó, paso página? Eso es injusto“. Y el psiquiatra le contesta “¿de modo que piensa que el sufrir eternamente por un error cometido es una forma de impartir justicia? Usted NO ES DIOS, usted es sólo un hombre, un hombre más hecho polvo que tiene que aprender a pasar página.

Y el escuchar eso supuso para mí  una especie de revelación. Y no una revelación de algo que no supiera, sino esa sensación extraña, como cuando uno ve una fotografía de alguien que hace tiempo que no ve, que uno no ha olvidado, que uno sabe que existe o existió, pero que de pronto, al ver esa fotografía, hace que todo su recuerdo sobrevenga de pronto, de golpe, con una extraordinaria nitidez.  Y sentí una tremenda piedad por el ser humano en general. Porque es cierto, sólo somos hombres,  pequeños y vulnerables, sin ninguna guía con la que enfrentarnos al miedo, a la incertidumbre, al dolor, como ciegos que buscan la luz ayudándose con un bastón.

Hombres, hombres pequeños, piedad por ellos, porque en ellos veo la misma fragilidad que en un niño, niños como Miguel, que por la noche me dijo con miedo: mamá, me duele aquí. Y yo le di un beso aquí. ¿Para qué, mamá? Para que no te duela. ¿El qué? El dolor. Para que no te duela el dolor que te duele. ¿Y cuando te vayas de la habitación te vas a quedar en el pasillo, por si vienen los monstruos? Y sí,  cuando le acuesto me quedo en el pasillo, para comerme  sus monstruos, para que no entren en su habitación ni en sus sueños.

Pero los niños crecen, y se convierten en hombres. Y los dolores duelen, y los miedos aparecen, y la incertidumbre. Pero el hombre ya no es niño, es hombre, y tiene que saber cómo enfrentarse a ellos, para pasar página, para seguir adelante, él solo. Debería saber, pero no sabe, y cada hombre se inventa su manera, cada hombre lo hace como puede, para seguir hacia delante, para intentarlo, como ciegos que intentan ver con la ayuda del bastón. Y no estamos solos, porque  a todos nos une esa lucha, esa búsqueda a veces serena, a veces desesperada, a veces dolorosa, a veces feliz, a veces asombrosa, pero siempre búsqueda de la luz, de la felicidad, de la paz, de pasar página para  seguir hacia delante. Hacia delante. Siempre.

PD: No he podido evitar recordar a Machado:

Es una tarde cenicienta y mustia,

destartalada,como el alma mía;

y es esta vieja angustia

que habita mi usual hipocondría.

La causa de esta angustia no consigo

ni vagamente comprender siquiera;

pero recuerdo,y,recordando,digo:

-Si,yo era niño,y tú, mi compañera.

Y no es verdad,dolor,yo te conozco,

tú no eres nostalgia de la vida buena

y soledad de corazón sombrío,

de barco sin naufrgio y sin estrella.

Como perro olvidado que no tiene

huella ni olfato y yerra

por los camino,sin camino,como

el niño que en la noche de una fiesta

se pierde entre el gentío

y el aire polvoriento y las candelas

chispenates,atónito,y sombra

su corazón de música y de pena,

así voy yo,borracho melancólico,

guitarrista lunático,poeta,

y pobre hombre en sueños,

siempre buscando a Dios entre la niebla.