31 de diciembre

Cómo somos, necesitamos que un día nos de la excusa para poder decir en alto aquello que sentimos, normalmente cuando se trata de algún sentimiento blandito. Porque un día te puedes llenar de ira y mandar a la mierda a quien tienes al lado, pero lo que de ninguna manera puedes, es mirar a ese alguien fijamente a los ojos y decirle “deseo que seas muy feliz”. ¿Por qué? Porque es una mariconada. Porque es raro. Porque no se hace. Y punto. Porque hay unas normas. Porque la felicidad, tanto en masa como en particular, se desea el día 31 de diciembre, cuando acaba el año, cuando empieza el nuevo. Porque el año nuevo representa el futuro.

A mí me parece que desear felicidad, así en general, es lo natural. Desear la propia se da por supuesto. La de amigos y familiares también. Pero igualmente inmediato me parece el desear la de cualquiera a quien no conoces de nada. Por el mismo motivo por el que uno desea la de las personas a quienes quiere. Por egoísmo puro y duro. Y es que la felicidad es contagiosa, al igual que el sufrimiento.