La raíz de todo

Hoy, en la asamblea de padres del cole, han ocurrido dos cosas que me han gustado. No, gustado no, lo siguiente.

La primera de ellas es que en el turno de ruegos y preguntas ningún progenitor ha levantado la mano. Nadie. Eso podría llegar a valorarse como un acontecimiento paranormal, milagroso.

Pero la importante ha sido la segunda: el lema que han elegido para este año, justificado de la siguiente forma:

La justicia, sin amor, nos hace duros.
La inteligencia, sin amor, nos hace crueles.
La amabilidad, sin amor, nos hace hipócritas.
La fe, sin amor, nos hace fanáticos.
EL deber, sin amor, nos hace malhumorados.
La cultura, sin amor, nos hace distantes.
El orden, sin amor, nos hace complicados.
La amistad, sin amor, nos hace interesados.
La responsabilidad, sin amor, nos hace implacables.
La vida, sin amor, no vale nada.

El lema es “la raíz de todo en el corazón“. Siempre me ha parecido un camino bonito por el que andar. De hecho, el mejor. El amor no es un lema, es toda una filosofía de vida.

Anuncios