Últimamente tenemos una cierta habilidad para salir de viaje cayéndosenos el cielo encima y con un frío polar. Eso les escribía en un whatsapp a Pablo y Miguel mientras estábamos en el coche. Pero pasarlo bien con sol y 20° no tiene ningún mérito, seguí.
Cuando llegamos a Teruel llueve sin fuerza. El hotel era más bonito en las fotos. Para comer elegimos un mesón cercano donde sirven las peores puntillas del mundo, pero tiene un 4,2 en google. Está lleno de gente extraña. Hay tres señoras mayores vestidas de faralaes, con flores artificiales en la cabeza y volantes en los pies. Un señor igual que Rompetechos pero en chándal con un hijo igual que él y una mujer que habla alto lo intentan convencer para ponerse un impermeable. El rompetechos en miniatura se niega. Al lado una pareja de enamorados añados, ella le mete el tenedor en la boca a su amado mirándolo con amor maternal, pero en el contexto que cuento. Y todo esto a ritmo de bachata. Estos personajes son un poco pesadillescos, no?, te digo. Si fuéramos David Lynch sacaríamos oro. Y comentamos los personajes de Twin Peaks. Tú mencionas al psiquiatra con un coco y yo a la señora del tronco. Yo recuerdo el sueño de la otra noche: una IA limpiaba un gran charco de sangre. La IA tiene forma de pájaro carpintero. No me pregunto por el por qué de la sangre. Esto no lo digo en voz alta.
Cuando salimos del hotel ya es de noche. Llueve suave y cruzamos hacia el centro por el puente cubierto. En sus tramos no cubiertos se ve el acueducto iluminado y a ti te fallan las piernas por el vértigo.
Paseamos por el centro histórico de Teruel y constatamos lo siguiente :
Uno: en Teruel son más de salado que de dulce. Jamón sí, café con palmera no.
Dos: debe ser la única capital de provincia donde no hay un Zara. Donde no hay ninguna franquicia salvo un Granier. Es tan inusual que por momentos pienso que el pájaro carpintero está por allí. Y que yo no existo.
Tres: las diez atracciones que no debes perderte si vas a Teruel están a menos de cuatro minutos andando unas de otras.
Cuatro: hay al menos una persona increíble que ha pintado en una pared Carmen Martín Gaite for president.
Entramos en la catedral y hay un coro cantando jotas.
Al día siguiente volvemos a cruzar por el puente cubierto. Llueve apenas. El aire es gélido. Fumo en ayunas y mientras evitas mirar el acueducto veo las pinturas murales. Teruel underground esta ahí abajo, te digo. Visitamos el Museo. Está lleno de familias con niños pequeños que tienen frío y están por allí correteando y haciendo saltar las alarmas de proximidad. Planta sótano etnografía, baja prehistoria, primera Roma, segunda Alandalus, tercera Edad media. Vamos los dos armados con cámaras. A mí me llaman la atención dos figuritas para espantar palomas que hay en un ventanuco y me tiro al suelo para conseguir mi perspectiva. Son dos cables pero a mí me parecen dos señores. Pienso en qué pensará el guarda al ver que me dan igual los hallazgos arqueológicos y me tiro al suelo para fotografiar dos putos cables. No hago saltar ninguna alarma.
En la entrada hay una expo de un tipo llamado Javier Peñafiel y se llama La esfinge te prefiere. La comisaria que pretende acercar la expo al público usa palabras como panóptico o confedrama. Nos empeñamos en fotografiar algo que para mí es un alien y para ti un feto. También me llama la atención el super yo y el infra tú.
En la calle fotografío un cartel que empapela la ciudad. Han contraprogramado el 8M, día de la mujer, con un Día para el niño, en el que como actividades pedagógicas y adecuadas para los nenes una asociación que parece salida de las plantas tercera o sótano del museo de antes, les ofrece aprendizaje de anillas, recortes y becerradas. Todo un “maltrata a un animal como se hacía en el siglo XIII, perpetúa la barbarie ancestral y llámalo tradición”. Aunque no está organizado por el ayuntamiento, el hecho de que la alcaldesa sea del PP no parece casual. Como mínimo una autorización ha tenido que dar. Reconozco que desde ese momento miro a los terulenses de otra forma.
El mausoleo de los Amantes de Teruel, y que lleven haciendo de esta historia de amor imposible (yo apuesto a que los mató el marido, -siempre es el marido-) el leit motiv de la ciudad los redime un poco. Más amor y menos crueldad taurina dices.
La otra redención llega cuando entramos en el Flanagans. Es una taberna irlandesa convertida en un tributo a U2. Allí dentro unos diez tipos tocan música celta. Las paredes están llenas de fotos, discos y recuerdos de los U2. Nos quedamos a escucharlos y tú recorres el local reviviendo obsesiones pasadas. Después me dices que Bono se ha vuelto un poco gilipollas. Por qué. Porque apoya a Israel. ¿Es judío? No, pero les apoya. Supongo que es difícil envejecer bien. Supongo.
Es tan insólito este templo a U2 y este concierto de música celta que espero encontrar al pájaro carpintero limpiando sangre en cualquier momento. Quizás no existimos.
A las diez de la noche las calles están desiertas y nos cuesta encontrar un lugar donde cenar. Volvemos en medio de un silencio sepulcral helados de frío. En otra pared alguien ha escrito “puta el que lea”. Sí les hace falta el 8M.
Refugiados en la cama, con una tablet, vemos cuatro capítulos de Su majestad. Caricaturiza la monarquía con total irreverencia. Estamos despiertos. Nos reímos.
Nos reímos.

Dicen que no hay que volver nunca a los sitios web donde se ha sido feliz. Se habla sin saber. Un texto gozoso. Un abrazo, Patricia.
Gracias, Eladio. Yo tampoco sabía si volver.