Felicidades

Se suelen dar por hecho muchas cosas cuando no hay por qué, incluso cuando a nivel teórico podrían considerarse imprescindibles. Como cuando una amiga me dice que odia que cuando le presentan a un hombre le vendan que su mayor virtud es ser una buena persona, puesto que para ella eso es un mínimo. Debería serlo, pero no tiene por qué.

Hay algunos temas muy sensibles en los que uno se pone el listón a tal altitud que apenas se ve porque quizás ni exista. Uno no quiere hacerlo bien, quiere hacerlo perfecto, ir a por el cum laude, es importante, muy importante, de vital importancia, por qué, porque lo que está en juego es la vida -y lo que es más importante: la felicidad- de quien más quieres. Es una responsabilidad vertiginosa. A veces, pensada en esos términos, hasta pesada. Y obliga a aprender a caminar sobre esa cuerda floja tan estrecha y tan poco nítida donde parece ser que se esconde el punto medio, el equilibrio, la virtud, y volvemos de nuevo al vértigo. El punto medio entre la mano izquierda y la derecha,  entre descuidar y sobre proteger. Y ese equilibrio cambia cada día, con cada humor, con cada circunstancia, hasta con el tiempo, si me apuras. No conozco a nadie que no haya perdido el equilibrio alguna vez, o que no se haya sentido perdido. Pero sí a quien después de caerse no ha vuelto a intentarlo y ha dado la guerra por perdida.

Y yo te admiro por tu amor, por tu dedicación y por tu esfuerzo, esos  que se dan por hecho como mínimos, pero no tienen por qué. Pero hay más. Ese más que se encuentra en altitudes que apenas se ven, y puede que haya quien dude de su existencia. Y es que un día las manos pequeñas se pusieron a jugar sobre las palabras escritas sobre la mesa, sin saber aún lo que implican, y yo lo ví y me dio un vuelco, y te miré, y creo que sabes que te miré, y que lo sé, que tú no pudiste evitar que la emoción te desenfocara.  Y eso supone que además de todo eso que se da por hecho y sin embargo tienes, está en ti ese respeto por las manos pequeñas, y el valor y la voluntad de enseñarlas y defender para ellas ese camino difícil que es el de ser libre y fiel a uno mismo. 

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7 comentarios en “Felicidades

  1. Qué bonito homenaje, sí señorita, yo como tú soy padre y soy hijo, como tú sé bien que por mucho que quieras a tus padres no es comparable con l que sientes por tus hijos, imagina entonces lo que se puede sentir leyendo esto, y no eres mi hija 😀

    1. Ni el homenajeado mi padre 😉 al mío le canté una canción. Pero para la gratitud que siento hacia él no hay regalo suficiente. Un beso, y felicidades para ti también.

  2. Qué cierta esa frase… “Debería serlo, pero no tiene por qué”. Me trae recuerdos de gente que ES, aunque no tendría por qué y otros que NO SON pero deberían…

  3. Me he leido ya tres veces tu entrada. La segunda porque la primera no lo había entendido del todo y la tercera porque me ha gustado mucho. Es muy tierna y sensible. Esas manos pequeñas que juegan sobre las letras escritas y los ojos adultos que las miran….qué bien escribes y qué bonito lo que dices.

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