El de después de comer

por patricia

Los espacios para fumadores son cada vez más escasos. Y me refiero a los privados. En mi casa tengo reservado el tendedero y la cocina. A fin de cuentas, y muy a mi pesar, siempre los he tenido reservados casi en exclusiva para mí. Fumando o sin fumar. Mujer tenía que ser.

Tanto en casa de mis padres como en la de mis suegros, directamente me voy a la calle. Así que hoy, después de comer en casa de los segundos, y a pesar de la lluvia intensa, he cogido unas llaves y me he ido a fumar conmigo misma. Otra cosa no tendrá la calle, pero espacio para un momento a solas…

Cuando terminé, abrí de nuevo la pesada puerta del portal, y vi que salía del ascensor un viejecito. Así que me quedé sujetando la puerta para facilitarle la salida. Cuando llegó hasta mí, me miró con gran extrañeza, y me dijo: “¿Cómo supiste que yo iba a salir?”

¿Qué?

-Señor, yo no lo sabía, coincidió que yo entraba en ese mismo momento.

– No, no, ¿cómo es posible? ¿Cómo podías saber que yo iba a salir?

Estaba claro que aquel señor no se iba a conformar hasta que yo le diera una explicación racional al encuentro casual que para él no lo era. Sin duda, yo sabía que él saldría, y estuve esperando para poder sujetarle la puerta. Las coincidencias no existen. Y él no se iba a marchar sin que yo le aclarase el misterio. Así que no tuve más remedio que hacerlo:

– Intuición femenina…

Al señor se le iluminó la cara, abrió los ojos, arqueó las cejas, sonrió y entendió. Entonces abrió el paraguas, salió a la calle y dijo como para sí, pero en voz alta: “claro, era eso…”

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