Relato: Bea y yo.

Lunes
Quand il me prend dans ses bras, il me parle tous bas, je vois la vie en rose…. Portazo.
Escucho sus tacones avanzar por el pasillo. Entra en la habitación.
-¿Qué tal el día, mi amor?
Gruñe. No me mira. Me da la espalda y se mete en el baño. Portazo. Abre el agua.
Sigo cantando. Il me dit des mots d’amour, des mots de tous les jours, et ça me fait quelque chose….– ¿Te importa callarte un poquito? Vengo con jaqueca.
Que no se preocupe que no canto más. Ya no tengo ganas. No sé cómo le cabe tanta mala hostia. Me voy al sofá y la espero viendo la tele.
El telediario. Abro una cerveza y me como unas patatas fritas. Abro otra cerveza. Hoy ponen una peli. No viene.
Me termino la tercera cerveza y me voy a la cama. Allí está ella. De espaldas, dormida. No quiere que la toque, se ha puesto camisón.
Me meto en la cama y no me quito yo tampoco la camiseta. Cierro los ojos. Y ya por fin lo veo todo igual de negro que ella.

Jueves

Hoy tenemos una de esas charlas. Los dos desnudos en la cama, con poca luz. Ella no para de mirarme a los ojos, que aunque oscuros con tanta penumbra, se siguen viendo de color miel. Me mira tan fijamente que me pone nervioso. Y me acaricia la cara con sonrisa tontorrona. Correspondo por no ser grosero, pero lo que me apetece es tocarle las nalgas, decir alguna gracia que le haga reír y follar. Sin cargas emocionales. Y va la tía y me lo suelta. Un día quiero tener un hijo contigo.
Y ya. Estira el brazo, apaga la luz, y se da media vuelta. Fin de la velada. Casi mejor, porque con esa declaración de intenciones se me han quitado las ganas. Eso sí, la última palabra la tengo yo, y antes de cerrar los ojos le digo: “pues… cuando quieras…”

Domingo

Las tardes de domingo siempre han sido una mierda. Y la mañana nos la hemos pasado durmiendo. Así que se puede decir que el fin de semana dura lo que dura el sábado. Vamos, que si ya me jodían antes, cuando la actividad se reducía a tirarme en el sofá con una cerveza para la resaca, viendo telebasura y fútbol, hoy que me la he pasado planchando, ni te cuento. Yo no sé si acerté pidiéndome la plancha. El baño da un asco que te cagas, pero se acaba enseguida. Así que mientras ella se ha pasado la tarde metida en la bañera que ella misma acababa de limpiar, con la música a todo trapo, y después con el messenger, y después a pasear a Torque, yo he estado planchando. Toda la puta tarde. Que se dice pronto. Mira, ya llega. Si hasta parece que le ha dado el sol, o eso o Torque se le ha escapado y le ha hecho correr. Sea lo que sea, trae las mejillas sonrosadas. Se acerca y me besa efusiva. Me toca el culo.
– Déjame, que no voy a terminar en la vida. Cuidado que tienes camisas.
No me hace caso. Se quita la camiseta. Está sudando. La tira encima de la montaña recién planchada y la montaña se tambalea, hasta que se cae. Ni lo ve.
– ¿Pero qué haces? ¡Me lo estás tirando todo!
Me callo antes de atragantarme con su lengua. Y terminamos follando encima del derrumbe de ropa recién planchada, con la plancha encendida.

Cuando acaba tiene las mejillas aún más rojas. Y suda más.
Miércoles

En el trabajo me ha llegado un mail cadena. Uno de esos con miles de preguntas personales que tienes que contestar y reenviárselas a 100 amigos para que a su vez pierdan media hora de su tiempo y la vuelvan a reenviar ante el miedo de que la mala suerte eterna los persiga. Al final prefiero el cuestionario que ponerme a trabajar. Voy contestando deprisa y sin dificultad. Película preferida. Número de hermanos. Carne o pescado. Color que te define. Ahí me quedo parado. Color que me define…Me sonrojo pero lo escribo: “el color de Bea”.
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Relato: From guillestation91

From: guillestation91@gmail.com
To:
eljosete69@yahoo.es
Subject: Mariquita
Date: Mon, 30 Apr 2008 09:35:42 +0200

Hola gay, qué es de tu vida.

Supongo que andarás como siempre, inflándote a tercios mientras le das al billar, qué cabrón. Hace mucho que no voy por el pueblo, tío, ya lo sé, pero seguro que no me pierdo mucho, que seguirás teniendo la misma cara de mariconazo de siempre. Y mientras la recuerde todo está bien. Por aquí todo sigue igual, ya sabes. Menos mal que tengo este trasto. Internet es la hostia. Y con los estudios también me entretengo, cualquiera que me oiga… esto no se lo cuentes a nadie. Y menos al Pelos. Ya ves, ahora que ya da igual, de pronto leo los apuntes y me centro. Y comprendo lo que leo, y me interesa, y tengo ganas de seguir y seguir. Y guardo los apuntes, y recuerdo lo que he leído. Hasta algún problema de mates me he puesto a hacer. Cuando salga de aquí voy a necesitar un programa de rehabilitación. Te voy a meter una paliza al billar que te vas a cagar. Aprovecha a ser el rey de la mesa mientras ande por aquí, porque cuando salga, va a volver el puto amo. Bueno… si es que salgo. Este comentario me habrá costado una colleja, pero no me regañes. No se lo digas a nadie, tío, pero es que esto es muy largo. Es que parece que no va a acabar nunca. Que a veces lo que quiero es que acabe. A ser posible bien, pero que acabe. Me pongo súper filosófico, tío, que igual ni me estás reconociendo, que ya lo sé. Pero es que pienso en el final y tengo miedo. Cómo iba yo a saber que en mi 1’80, hubiera sitio para un tatoo, para el piercing y para el miedo. Todos estamos raros. Hasta mis padres, que intentan disimular, pero no parecen los mismos. Es que no los conozco, tío. Mi madre es más pesada incluso, que ya es decir. Y no me conozco a mí tampoco, porque ahora ya no le digo que no sea pesada, que deje de darme la brasa con tanto abrazo y tanto beso, ya no le digo que me va a amariconar. Ahora me callo, no vaya a ser que por una vez en la vida me tome en serio y deje de hacerlo. Que es que ahora de pronto les ha dado por tomarme muy en serio. Pensarás que soy una nenaza, pero es que mientras me acaricia mi madre la cabeza, y me remueve el pelo, se me olvida el miedo. No se lo digas a nadie, tío. Lo del miedo. Y menos a Sandra. A la Sandra ni media palabra. ¿Cómo está, por cierto? Sigue tan buenorra? Seguro que ya está morena, y pasea su piercing. Me cago en la puta, y yo aquí, perdiéndomelo. A veces me parece mentira que me espere. Que me lo puedes decir, eh? Que si estuviera con otro yo lo entendería. Dile que la escribiré. Que no me llame, y que no venga pa Madrid. Que alguien le dio el teléfono, tío, no te lo conté. Seguro que fue el Pelos, joder, que fallé el mote, que le tendría que haber puesto el Bocas. Me llamó, tío, así, de improviso. Que eso no se hace. Y me quedé mudo. Qué coño mudo, me quedé gilipollas. Y la recordé riendo el día que Santi nos dejó el coche, cómo se tiró el rollo, eso no se me olvida. Y fumamos. Y se reía y se reía. Parece mentira, pero es lo que se me ha quedado a fuego. Más que el polvo. Manda huevos. Y, no me regañes, pero pensé que igual no la volvía a ver reír. Y lloré. Sin control. Me acordé de mi hermano Rodri, que aún se mea por las noches, que no controla. Pues igual yo. Y la tuve que colgar. Y ahora recuerdo tu cara de mariconazo y se mezcla con la risa de la Sandra, y lloro también, pero no se lo digas a nadie, tío, esto entre tú y yo.
Ya te dejo, que hoy tengo ciclo. Estaré unos días sin escribir, ya sabes, me quedo jodido.

Un abrazo,

Guille.