La amigdalitis de Tarzán

Hace unos diez años leí La amigdalitis de Tarzán, de Bryce Echenique. Recuerdo que en aquel momento me encantó. Trata de la historia de dos personas, que se conocen en un momento y lugar equivocados, pero que no obstante, se quieren y mantienen el contacto durante toda una vida. Su amor va evolucionando a lo largo del tiempo: amor pasional, platónico, de amigos inseparables, de cómplices implacables, de hermanos… amor de todo tipo y tamaño, pero siempre del bueno.

Gran parte de sus vidas la pasan separados geográficamente, por lo que su comunicación suele ser epistolar. El libro comienza con las siguiente frase: “Diablos…Tener que pensar, ahora, al cabo de tantos, tantísimos años, que en el fondo fuimos mejores por carta.” A mí me sugiere ternura y tristeza. No tendría por qué serlo, pero a mí me resulta dramática.

 

No sé qué motivos me impulsaron al ver el libro en casa de mis padres, a llevármelo a casa y releerlo. Quizás el buscar de nuevo esa emoción de la primera vez. Pero la primera vez es la primera vez, y la emoción de una primera vez es irrepetible. En todo caso podría encontrar la emoción de una segunda vez. Lo cierto es que no está siendo lo mismo.

 

Hay gente que lee libros sin dejar huella en ellos. Como si de algo sagrado e inviolable se tratara. En cierto modo un libro es así, pero a mí, no obstante, quizás por la irreverencia que lo sagrado me inspira, sí me gusta dejar huella. En mis libros se puede ver, por las esquinas dobladas, donde detuve mis lecturas. Y ya casi nunca lo hago, los peros de leer en el transporte público, pero cuando leía en cama hasta altas horas de la noche, solía resaltar subrayando aquello que me parecía destacable. Por lo hermoso o por sentirme identificada, o por que me hiciera pensar.

 

El caso es que al volver a leer este libro me encontré en la página diecisiete la siguiente frase subrayada: “Me gustaría correr y encontrar un lugar seguro, en vez de correr y correr y estar siempre en ningún lugar.” La única en todo el libro.

En el texto el significado es literal. Pero en su momento creo que me resultaba una buena metáfora de lo que sentía. Me alegré enormemente de marcar mis libros, de ser irreverente, o poco cuidadosa, o lo que quiera que los lectores pulcros opinen de mi forma de leer, porque gracias a ello pude recordar lo que sentía tiempo atrás. Y sobretodo, me di cuenta de que hace mucho que eso es pasado. Ya no temo, ya no corro, ya no busco un lugar. Ya tengo el mío. Y tiene un nombre. Te quiero.