Casi siempre

Casi siempre me levanto antes de las siete de la mañana. Casi siempre, porque los fines de semana, por suerte, es más tarde. E incluso a diario es casi siempre, porque hoy me he dormido.

Casi siempre me ducho por las mañanas. Casi siempre, porque alguna vez también lo hago por las tardes. Y, bueno, algún domingo hasta libro. Que los domingos son para librar. ¿O no?

Casi siempre tomo café después de la ducha. Casi siempre, porque a veces, si tomo cereales con chocolate, me gusta hacerlo con leche fría, para que el chocolate no se derrita y los cereales crujan. Y la leche fría me gusta sola. Así, sin nada. Sin embargo si es caliente la necesito acompañada. Casi siempre.

Casi siempre utilizo el metro para ir a trabajar. Casi siempre, porque en verano utilizo el Cercanías. Casi siempre, porque alguna vez, me vienen a recoger en coche.

Casi siempre estoy con el ordenador, aunque sea un rato al día.

Casi siempre doy un beso de buenas noches a los niños, casi siempre.

Casi siempre estoy contenta, y, aún cuando no, casi siempre sonrío.

Casi siempre termino un libro cuando lo empiezo, y casi siempre doblo las esquinas para recordar dónde me quedé.

Casi siempre estoy sana.

Casi siempre tengo que estar moviéndome. Con la punta del pie, la pierna entera, un dedo. Como si  tuviera que estar llevando el ritmo de algo que no sé muy bien qué es. Aunque desde fuera sea una especie de baile de San Vito que enerva.  En el sillón, viendo la tele, en la cama. Casi siempre. Hasta que me duermo. Porque entonces no me muevo casi nunca. Que al final, viene a ser lo mismo, por mucho que se les suponga conceptos contrarios.

¿Es que nunca va a haber un siempre? ¿Es que todo se reduce al casi siempre… o al casi nunca?

Casi siempre. Casi siempre es lo cotidiano, es lo habitual. Siempre sin embargo… siempre quiero a mis hijos, estén encantadores o insoportables. Siempre quiero a mis padres.

Y es un siempre que además dura siempre. Desde que el mundo, mi mundo,  es mundo, y hasta que deje de serlo.

Y es difícil encontrar la existencia de un siempre, o incluso de un nunca. Cuánto más además si es de esos a quienes no les afecta el paso del tiempo. Como si permanecieran en algún tipo de dimensión paralela.

Porque mientras casi siempre es lo cotidiano, lo pequeño, lo relativo y lo habitual, siempre es lo excepcional, lo extraordinario, lo mágico, lo absoluto,  lo trascendente, y a veces, lo imposible.

Así que yo me pregunto cómo se puede considerar normalmente que el contrario de siempre es nunca, si es absurdo, si no son más que las dos caras de un mismo concepto.

Yo me pregunto cómo no he caído hasta ahora en algo tan evidente como que el contrario de siempre es casi siempre.