Alicante y los unicornios.

Llegaste a casa por la tarde. Entraste en la habitación de estudio y allí estaba yo sentada, rodeada de papeles, con veinte mil ventanas abiertas en el navegador, escribiendo encorvada, con el cenicero lleno de colillas, un vaso de agua, un aire irrespirable. Toses y agitas los brazos como haciendo que llegas a mí apartando el humo. Me preguntas qué tal lo llevo. Yo me doy la vuelta para darte un beso, te digo que muy bien e inmediatamente después sigo con lo que estaba. Tú sigues intentándolo, me empiezas a contar algo y yo hago como que te escucho. Me gustaría poder escucharte, pero como cada tarde no he cumplido con lo que me he propuesto estudiar, me falta mucho, tengo la cabeza embotada, ya me está costando concentrarme, estoy de mal humor porque soy incapaz de memorizar los datos de detalle, pero estoy bien y trato de mantenerme al margen de pensamientos de ese tipo, intento no pensar en lo que no puedo, intento no pensar que me quedan dos meses para el examen, intento no pensar en lo que me falta y solo trato de continuar, y te quiero escuchar, pero no puedo. Siento que tengo la columna desmadejada, y que se me ha empezado a caer la cara. Me das unos besos y me dices que soy muy bonita. Pues no sé, yo desde dentro me noto con una cabeza enorme, la cara caída y la espalda arrugada, y disto mucho de cualquier cosa que se acerque a la belleza. Pero te sonrío. Te voy a ofrecer un plan estupendo, me dices, ir al supermercado, porque yo mañana no puedo y así nos lo quitamos de encima. Miro la hora en el ordenador, son las siete y media. ¿Puede ser dentro de una hora? Es que aún no he terminado. Puede ser cuando quieras. Y luego nos podríamos tomar una caña. Lo que quieras.

Esta mañana mi jefe nos dice que ha conseguido que esperen a final de mes para decidir si cierran la empresa. Nos dice que aunque nos había dicho que no hacía falta que trabajáramos el fin de semana, que nos jugamos mucho y que por favor vayamos en algún momento. Está muy angustiado, porque está convencido de que puede sacar la empresa adelante, y porque si la empresa cierra se queda sin nada. Él no está preparando ninguna oposición.  No sé si sabéis lo que nos jugamos, nos dice. A mí me da la sensación de que me lo estoy jugando todo constantemente. Se le ocurren cosas  a cada rato, y me he pasado la tarde contestando emails. No perdáis la fe, dice. Yo no sé qué creer. No haberle contado que estoy estudiando me hace sentir mal. No es tanto culpabilidad como sensación de deslealtad. En realidad creo que no es tanto por no habérselo contado sino por saber que yo, cierre o no cierre la empresa tengo un plan B que me gusta más que en lo que estamos. Y que cierre o no la empresa, el pensar en no conseguirlo me genera igual vértigo. Aunque sin trabajo más.

Antes de irme al supermercado paso por la habitación de Pablo para supervisar el trabajo que le he puesto ahora que me he vuelto a convertir en su tutora. Hoy era el primer día de análisis musical. Parece contento. Con esta asignatura no le he pedido que me haga una exposición, así que voy a terminar un poco antes. Con mis hijos me muevo por equilibrios inestables. Algunas veces tengo la ingenua sensación de que la situación está controlada. Incluso en esta época adolescente. Ahora no. Ahora es una de esas en la que creo que se me ha ido de las manos, que en realidad se me debió haber ido hace mucho pero que solo ahora soy consciente, y que no tengo ni la menor idea de cómo poder llevarla a cauce yo sola porque no está en mi mano, o no solo. El descontrol es académico. Hasta ahora habían tenido algún tropiezo ocasional, pero más o menos, la cosa iba. Este año ha sido una debacle. A Pablo le han quedado seis en la primera evaluación y cinco en la segunda. Y a Miguel una en la primera y cuatro en la segunda. Conservo la calma. Hablo con Pablo y le pido que piense qué quiere hacer. Llega a la conclusión de que se ha equivocado de Bachillerato, que no quiere seguir con ciencias y que quiere repetir y hacer el de artes. Perfecto, creo que te pega mucho más. Pero mientras tanto estudias cada día asignaturas del año que viene para ir cogiendo el aire. Le reestructuro academia, le busco temarios de Arte y de análisis musical, le programo trabajo, le vigilo cada día, le quito Internet de su cuarto y le restrinjo el móvil. Hablo con Miguel pero no me da muchas pistas. Le quito la consola, le restrinjo el móvil, le apunto a academia. Miguel me preocupa especialmente. Si en primero de secundaria ya estamos así me temo que el resto de su vida académica va a ser un infierno. Acaba de volver de la academia, quejándose, me han tenido dos horas copiando cosas, dice, estoy agotado, mamá, déjame la consola. No. No tengo ni la menor idea de si esto va a servir para algo o no, y además me cuesta mantener la firmeza. Me aburre la firmeza. Me agota la firmeza.

Por fin nos vamos al supermercado. Voy contenta porque después de una mañana de tratar de salvar la empresa y una tarde de estudio de oposiciones y de control de estudios de hijos, llenar la nevera es un recreo. Además después nos vamos a tomar una caña, y prepárate porque te tengo que contar un huevo de cosas del temario que le he sacado a Pablo para la tarde de hoy, y también del que me he estado metiendo yo misma entre pecho y espalda cuando has entrado y estaba ahí con la cabeza grande, el culo desparramado y la espalda encorvada. Me sonrío sola mientras pienso que es mejor que te pidas una doble. Todo iba tan bien. Leche, zumo, fruta… hasta que paso por la zona de las comidas. Empiezo a pensar qué hacer para comer al día siguiente, y para cenar, y después para comer y cenar otra vez, y para comer y cenar después, y empiezo a ver destellos brillantes, siento que me va a explotar la cabeza, y que me voy a poner a gritar. De hecho creo que ya he gritado porque me coges por los hombros y me dices vale, cogemos lo que pesa y no es de comer y lo demás ya lo compramos en otro momento, vale? Tus palabras funcionan como un bálsamo, como si me hubieras apartado un cáliz. Poco a poco me confío, y hablo de nuevo y te cuento que esto mismo me ha pasado un poco cuando he ido a comprar la comida a mediodía. Me he bloqueado y solo he sido capaz de comprar precocinados. De comida pizza y de cena canelones.  Y me río contenta, pensando que por hoy lo he conseguido y ya se ha pasado el trago. Y al verme contenta te confías también, y como ves que se me ha pasado el bloqueo, cuando acabamos con todo lo demás me instas a entrar de nuevo al infierno de la carne. Creo que para arreglarlo intentas hacer tú las propuestas, pero esto ya no hay quien lo arregle. “Mira, lo pienso yo, lo hacemos rapidito y acabamos, vale?, para empezar un redondo de ternera” Noooooooooo, otra vez no, ¡dios! hemos comido carne en salsa dos veces ya esta semana, es insoportable, comer es insoportable!!!. Salgo como una furia, cojo dos o tres cosas,  vuelven los fogonazos, me empiezan a dar pinchazos en la cabeza y siento que me crece mucho, se me caen los ojos, y la cara, y las ganas de matar a alguien dan paso a las ganas de llorar. No vuelvo a decir ni una palabra hasta que estamos fuera de ese sitio.

¿Nos tomamos una caña? Te has enfadado. Piensas que se va a tomar una caña conmigo mi madre, o algo así, pero solo dices que no, que ya es muy tarde y que los canelones tardan mucho en hacerse. Los canelones se me queman. Pienso que ya es el colmo de la torpeza, que no soy capaz de ni de comprar ni de calentar precocinados, que he llegado a un estado supremo de incapacidad. Pablo me mira y me pregunta qué me pasa, debe ser que la cara se me ha caído de verdad. Nada, estoy bien. Después dice que los canelones están muy buenos.

Al día siguiente por la tarde a mitad de un tema abro otra ventana nueva en el navegador. Pienso que a veces el cansancio se parece bastante a la tristeza, y yo no tengo buen talante para eso.  Decido que necesito levantar los pies del suelo y que nos vamos a ir a buscar unicornios. Compro unas entradas, reservo un hotel. Por primera vez en muchos días me sonrío. Después sigo estudiando.

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9 comentarios sobre “Alicante y los unicornios.

    1. Solo en términos relativos y pequeños. En términos absolutos, tienes razón, y como dice Pablo en su carpe diem límite, y qué más te da, si igual mañana estás muerta….

  1. Quizás porque los estoy leyendo estos días, asocio tu texto al de Laura Freixas y sus diarios. Ciertos afanes, ciertas angustias, ciertas dosis de felicidad…Los diarios de la Freixas dan para eso. A mí me están interesando mucho. El volumen que tengo acaba prácticamente de editarse, TODOS LLEVAN MÁSCARA, años 1995 y 96. Creo que te gustarían. Un abrazo grande, Patricia.

  2. Uf, espero que ya hayas encontrado unicornios y estés más relajada porque te veo al borde del colapso. Pero es que estaba intentando ponerme en tu lugar con todos los enanos que te están saliendo a la vez y sólo de pensarlo me he agobiado 😓 Suerte con Pablo (más vale rectificar a tiempo) y con Miguel (Que duró lo de prohibir y cuanta lucha interna). Y lo de las comidas/cenas es un agobio, a mi Wetaca.com me ha salvado la vida, te lo recomiendo, el tiempo que ahorras en pensar que cocinar, comprar y cocinarlo después vale su precio en oro, ya sólo cocino los fines de semana 😁. Muchos besos y ánimos 😘😘😘

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