el estadio del espejo

pienso donde no soy, soy donde no pienso

(Lacan)

(…) el estadio del espejo revela la configuración del yo del sujeto. Como para que tal haya ocurrido ha sido menester el estímulo externo desde un semejante, Lacan deduce de allí que, en principio, inicialmente, todo yo es un Otro.

Lacan observa que el gran júbilo que el niño experimenta al reconocerse en un espejo es, sin embargo, sólo efímero. Se reconoce y se desconoce casi al mismo tiempo, porque aquello que reconoce no es él, sino sólo una imagen de él. Una imagen separada, que no le pertenece. La completitud que observa es sólo un engaño, una ilusión de sujeto completo que no es más que una imagen. Una figura imaginaria de no fragmentación, engañosa y que al mismo tiempo lo confronta con la propia enajenación. Aquello que el niño ve está fuera de sí, no está en su cuerpo, sino en el espejo. El estadio del espejo implica por ello una experiencia de división o escisión del sujeto (…)

El estadio del espejo

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De un grupo de robin hoods, y de hipócritas de templo.

Centenares de familias acudiendo a beneficencia a por bolsas de alimentos básicos. Centenares de supermercados que tiran a la basura alimentos aptos para el consumo humano pero no para la venta. Centenares de contenedores a los que se echa la llave para evitar tentaciones de obtener alimentos de forma indigna.

Cargos públicos que no dimiten ni son detenidos  estando imputados en delitos de corrupción, apropiación indebida, robo de dinero público, prevaricación. Gobernadores que aparecen sonrientes ante las cámaras para arrojar cifras de más de cinco millones de parados, y constantes incrementos de tipos de interés que harán que haya que incrementar los recortes para poder seguir pagando la deuda pública. Sonriendo para aplicar recortes con que recapitalizar a la banca. Gobernadores que piden la solidaridad del pueblo, pero sin sacrificar un ápice el beneficio empresarial.  Gobernadores que predican la unidad, la solidaridad y la democracia. Gobernadores que saben muy bien a qué se deben.

Jueces que imputan y detienen a las pocas horas, a dos personas que han robado  carros de la compra para llevarlos a una ONG. Gobierno y oposición condenando enérgicamente los hechos. Predican cumplimiento de la ley, buena imagen y unidad en tiempos de crisis.

“haced y guardad de lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen. Atan cargas pesadas e insoportables y las echan a los hombros del pueblo, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.(…) ¡Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, de anís y del comino, y descuidáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe! ¡Guías ciegos, que coláis un mosquito y os tragáis un camello! ¡Ay de vosotros, fariseos hipócritas, que sois como sepulcros blanqueados, pero por dentro estáis llenos de huesos de muertos y de podredumbre!”  Mt 23

Yo no tengo fe, considero que el hecho de que exista o no un dios es  intrascendente. Pero sí siento una gran admiración por ese personaje histórico que fue Jesús de Nazaret, uno de los tíos con más amor y sentido de la justicia, de los más revolucionarios, antisistema e indignados del mundo. Jesús de Nararet, hoy, sería despreciado  por perroflauta, por cuestionar el neoriberalismo, por criminalizar el oro de los templos. Si volviera a nacer, lo volveríamos a crucificar.

Tenemos lo que nos merecemos ?

Llevo unos días pensando en calcetines

Mi amiga Raquel dice muchas veces que aunque sea estéril dolerse de según qué cosas, es inevitable, porque no somos calcetines. Mi madre me dice muchas veces, cuando me ve indignada, que enfadarme no va a hacer que cambien las cosas, que sólo servirá para pasar un mal rato. Ella es práctica, yo no. Ella no quiere que pase malos ratos, yo tampoco. Últimamente me ve indignada muchas veces. Todo me indigna. Y ella, para tratar de calmarme, me dice que no me enfade. Y pienso en la frase de Raquel, en que si fuera un calcetín no me enfadaría. Pero no soy un calcetín. No soy un calcetín. Y enfadarse, rebelarse,  indignarse, y llorar de pura rabia no es práctico, pero es humano. Ella me dice que no me enfade y yo debo estar lejos de ser calcetín, porque cuando me dice eso me enfado más.

Si fuera un calcetín evitaría entrar en mi lavadora. Mi lavadora es un ser cruel que se divierte desparejando calcetines. De otro modo no me explico tantos calcetines solos a la hora de tender. A veces la pareja aparece algunas lavadoras más tarde. Otras veces se quedan sueltos, en el cajón. Ya para siempre.

Quizás a veces sí me sienta un poco calcetín, porque cuando los tiendo y resultan impares me produce cierta pena. Un calcetín, solo, puede por sí mismo tener sentido. Claro.  Con un calcetín solo se puede hacer una marioneta, coserle ojos, nariz y boca, llenarlo con una mano, hacer reír a muchos niños. O adornar la chimenea en navidad. O ser la funda de un móvil. Un calcetín solo puede estar lleno de arte y talento, puede incluso ser una jodida estrella un calcetín solo. Pero a pesar de eso, a pesar de todo ese sentido impar, ese sentido solo y único, a quién queremos engañar… los calcetines se concibieron para ser dos.

Y lo cierto es que aunque yo no sea un calcetín, a pesar de las ventajas prácticas para evitar disgustos que habría tenido el serlo, me descubrí el otro día conmoviéndome cuando encontré, dentro de mi lavadora, la pareja de uno que llevaba un tiempo perdido. Y ya que ellos no pueden, pobres calcetines, sentí yo por ellos esa felicidad inmensa de encontrarse sentido, sentido amplio, el que va más allá del impar.

Pobres calcetines…