Interpelados

No suelo hacerlo, pero hoy voy a colgar un artículo de José Carlos, del que esta mañana he recibido email para informar que abre un nuevo blog para amigos, uno más personal sin orden ni concierto, decía. Me suena.

Pego aquí el primer artículo del mismo.

Interpelados

Posted on junio 2, 2012

Parece un sueño. Cuando vemos el recorrido desde el desastre de Biafra (1967-1970), comprendemos que lo hicieron porque no sabían que era imposible. Cientos de miles de jóvenes se sintieron interpelados. Después del 68, se encontraron sin dioses, sin banderas, sin himnos y lo que era peor, sin referencias.
Una persona puede sobrevivir sin fe y hasta sin amor; pero no sin esperanzas. Los dioses de la intolerancia y del fanatismo habían sido contaminados por la soberbia y la codicia.
Los movimientos revolucionarios habrían de alcanzar su paroxismo y decepción en la revolución soviética y china. Los bien pensantes y las confesiones religiosas no supieron interpretar y dar respuesta al clamor de los pobres y de los explotados. A esa locura soviética, habría de suceder una depresión que atizó fascismos en Italia y Alemania. No fue posible la paz porque esta no se había establecido sobre la justicia sino sobre la venganza.
La Segunda Guerra debió alertar de que por el camino de la fuerza, y la opresión, sólo se llegaría al exterminio que anunciaron las bombas atómicas lanzadas en Japón y las guerras imperialistas en Corea, Vietnam, África y áreas de influencia de las potencias.
En medio de esa sin razón en forma del todo vale y de la ausencia de señas de identidad, más que de valores, se tomó conciencia de los horrores en las antiguas colonias, del hambre, pobreza, destrucción del medio ambiente, explosión demográfica que no iba acompañada de educación, sanidad, promoción de las mujeres, del amparo a las personas mayores y a las dependientes.
Fueron los medios de comunicación quienes abrieron sus ojos sobre esa marea de injusticias. Una vez que cayeron en la cuenta de que había que romper con el orden socio-económico degenerado, muchos se armaron de ilusión y, en los movimientos de Berkeley y otros similares, rompieron con el sistema y, como vagabundos celestes de Internet, se echaron a las carreteras. Con manifestaciones, canciones, graffiti, denuncias al sistema y con el servicio personal a los más desfavorecidos.
Médicos del Mundo, Manos Unidas, Intermón, Solidarios para el Desarrollo y otros movimientos se formaron entonces y acudieron a hospitales para acompañar a los enfermos, a las cárceles, asilos y ancianatos, personas sin hogar, drogadictos y a los afectados por una plaga que denominarían SIDA y que entonces era el mal sin nombre, el síndrome letal en que concurrían otros síntomas.
Una marea se extendió del Norte al Sur para aliviar el dolor y la miseria, para reparar las injusticias y denunciar la explotación de millones de personas y de sus riquezas naturales, para comprender a esas muchedumbres solitarias. Junto a la entrega personal, hecha compromiso, analizaron las causas de esa pobreza, enfermedades, bomba de destrucción masiva como la explosión demográfica, deforestación y avance de desiertos, la contaminación de aguas y del medio ambiente. Muchos se organizaron para ir a convivir con esos pueblos para acompañarlos en la recuperación de sus señas de identidad, en la construcción de pozos y de letrinas, en trabajos artesanales y agrícolas, en la creación de centros de salud y de enseñanza.
Parecía que soñaban pero millones de personas se organizaron en asociaciones civiles, se prepararon y sirvieron en sus ciudades, porque no podrían ir a hacer allí lo que no supieran hacer aquí.
Fue una dicha andar esos caminos y formar a miles de personas, enviar medicamentos, libros, material de trabajo y desarrollar una conciencia de responsabilidad y de solidaridad apoyada en la justicia, en la denuncia, en la toma de partido por los más desfavorecidos.
Fue hermoso mientras duró. Después, la costumbre y la usura del tiempo trajeron estructuras, sin alma, y muchas organizaciones se convirtieron en nichos de empleo y en instrumentos para adormecer conciencias de empresarios, de banqueros y de instituciones políticas. Cuando no en ineficaces gestiones asamblearios.
Aquel movimiento iniciado en los setenta extendió la lucha por la justicia en un mundo en descomposición que nos urge a tomar las armas de la razón y del compromiso contra los culpables de la crisis y aportar propuestas alternativas que contribuyan a un mundo más solidario.
Quizás haya pasado el tiempo de las ONG, pero no el espíritu que los animaba, transformado en indignación, en rebeldía, en lucha contra oligopolios demenciales. Ya todos nos sentimos interpelados ante tanto dolor, tanto desahucio, tanto paro, tanta pobreza y tanta soledad.
¿Se dan cuenta de que ya no se habla tanto en los medios de reparar las injusticias sociales que se manifiestan en decenas de millones de personas en paro, familias desahuciadas por bancos depredadores, en los recortes a la sanidad, educación, pensiones y a personas dependientes? Pretenden hacernos creer que nuestra tarea fundamental consiste en “salvar a los bancos”.

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutensede Madrid (UCM) Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

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Ceremoniales

Me dijeron que iban al Templo y los acompañé hasta allí. ¿Váis por el atardecer?, pregunté. Vamos para tomar algo en un sitio bonito.

EL Templo es bonito. En el Templo puede haber baile de capoeira, torneo con espadas láser, performances con  pintura, disfraz, preparados cámara acción, cursos de fotografía, picnics en el césped con manteles de cuadros, emparedados y globos, guerras de agua, campeonatos de fútbol, chinos vendiendo cerveza, tambores que acompasan los pálpitos y suecas en bikini. En el Templo puedes encontrar cualquier cosa porque el Templo es escenario de un ceremonial de alegría. Un lugar donde vale todo siempre que ese todo implique energía y disfrute. Y el clímax lo marca el sol al ponerse. En el Templo se ve el atardercer más hermoso de Madrid.

Nos despedimos junto a mi coche. A ver si nos llamamos un día. No nos llamaremos, nos hemos acostumbrado a que la casualidad nos regale algún encuentro. Que te vaya muy bien, dijeron. Que disfrutéis el atardecer, les dije.

Subí al coche y me alejé de allí sin ceremonial y sin atardecer. Otro día. Recogí a mis pequeños, y con ellos en el coche, una hora más tarde, en el paseo en el que está una de las casas donde habito de modo itinerante, vino a buscarme el sol al que hacía un rato había conjurado. Ese mismo que normalmente actúa discreto, saliendo por el este, escondiéndose por el oeste, iluminando cuando toca, y enrojeciendo la línea del horizonte. Vino, y vino para sacarme poderoso de mi mirada al frente, para impedir que continuara con semáforos y distancias de seguridad, vino para imponérseme, para obligarme a mirar a lo alto. A demostrar lo inmensa que puede llegar a ser una pequeña y lejana estrella cuando se lo propone, y lo pequeños que nos deja al resto de los mortales. A demostrar que es bello el día en que se propone serlo y que no importa el decorado, que no necesita un Templo, no necesita nada, nada más que a sí mismo para hacerme levantar los ojos, para obligarme a mirarlo, a mirarlo hasta hacer daño, y qué me importa si me duele, hasta conmoverme y caer de rodillas ante su absoluto furioso e inmenso.

Páramo

– Dime qué es un páramo.

– ¿De dónde me estás preguntando?

– Del libro.

– Ya, pero de qué parte, qué hay en la foto, de qué parte del tema, porque eso es del 11, verdad?

Miro el libro. El título de la pregunta se titula “Tipos de llanura en la Comunidad de Madrid”. Me asombro de esa obsesión que tenemos por clasificarlo todo. No tenía ni idea de que las llanuras de la Comunidad de Madrid podían ser vegas, campiñas o páramos. Y eso por no hablar del reduccionismo geográfico, tan paleto y tan de moda en estos tiempos.

– Deja de estudiar con memoria fotográfica, Pablo, un páramo es un páramo, independientemente de en qué página del libro lo explique, bajo qué epígrafe, junto a qué foto, o independientemente de que el páramo esté en la Comunidad de Madrid, en China, en Sebastopol, o en eso que ves desde la ventana del coche aunque no tengas ni idea de cómo se llame el punto geográfico exacto en el que te encuentras.  Y yo quiero saber si sabes qué es un páramo.

– Espera, eso era lo de vega, campiña y páramo, no? Pues no me acuerdo qué era  páramo, pero sé que estaba en Chinchón…

Casi han conseguido que estudie la lista sin saber de qué anda hablando. Páramo. Un páramo es una vasta llanura de terreno calizo, y por tanto estéril. Un páramo es una extensa superficie de tft con mil millones de palabras que han dejado de ser leídas. Un páramo es vivir entre un montón de paquetes de regalo,  e ir arrancando envoltorios para ver que dentro no hay nada. La casa vacía es un páramo. El frío es un páramo. Mirar todo lo que abarca la vista y no ver la línea del horizonte es un páramo. Una forma de tristeza. Eso es un páramo. Por eso no es un buen lugar para asentamientos humanos.

– Anda, ve y repasa.