Nochebuena

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En boca de otro (III)

El hombre

debiera poder ser lo que desea,

debiera poder ser en la medida

de su ilusión y su deseo,

Entonces yo sería tú, que eres tú mismo,

que eres lo deseado del total deseo.

(El nuevo mar. Juan Ramón Jiménez)

Navidad en las multinacionales

Zara llega a aun acuerdo con el gobierno de Brasil por una acusación de practicar trabajo esclavo. 20/12/2011.

Una investigación descubre que Victoria’s Secret que publicita el algodón con el que trabaja como ecológico y de comercio justo, compra este producto a proveedores que emplean mano de obra infantil. 16/12/2011

Apple reconoce que empleó mano de obra infantil en su fabricación de I-Pod. 1/03/2010

Las mujeres de las fábricas de Ikea en Asia trabajan entre 80 y 90 horas/semana y no reciben un salario que permita vivir con dignidad

Ikea, un modelo desmontable. (Libro publicado en 2007, con el resultado de las investigaciones acerca de las condiciones de vida de los empleados de sus proveedores)

El libro negro de las firmas de marca (2001). Tres investigadores denuncian las condiciones a las que se somete a los trabajadores de quienes proveen a empresas como Nike, Adidas, Nestlé, Chicco, Samsung, Siemens, McDonalds...

Más de 400 millones de niños son esclavos en el mundo.

las causas de la esclavitud infantil están en “un sistema económico internacional radicalmente injusto, organizado a la medida de las grandes compañías multinacionales, y un sistema financiero mundial que busca el máximo beneficio y no repara en usar a los niños como mano de obra esclava

Apenas hay multinacional que no esté envuelta en algún tipo de escándalo en cuanto a las condiciones de esclavitud de quienes trabajan para ellos en el tercer muundo. Las multinacionales se escudan siempre en cumplir la legislación vigente en los países donde venden -faltaría más- y diluyen su responsabilidad acerca de las condiciones que las empresas proveedoras imponen a sus empleados, asegurando estar totalmente en contra de abusos laborales y contra la infancia. O bien acuden a países donde no hay legislación en materia labora, o incluso a aquellos donde se permite el trabajo infantil. En otros casos, especialmente con el café y el cacao en Latinoamérica y África, evitan comprar a un único proveedor, y hacen que el rastro de origen resulte difícil de perseguir.

La responsabilidad que no pueden dejar de eludir es que imponiendo según qué precios y según qué plazos, resulta materialmente imposible que  los productos sean elaborados con salarios dignos y en condiciones laborales humanas.

Claro, uno mira a su alrededor y parece imposible escapar de ellas. Las zapatillas que acabo de comprar a mis hijos, el cola cao de por las mañanas, la estantería del salón, la ropa que llevo puesta, la bebida de burbujas, el aparatito con que escucho música, mi teléfono móvil…  y todo ello a costa de sufrimiento ajeno. A veces es mejor no saber,  pero…  ¿y una vez sabiendo?

Medio mundo es esclavo para poder producir lo que el otro medio consume, y  medio mundo se hace esclavo para poder consumir lo que el otro medio produce. Qué paradoja.

En boca de otro (II)

¡Ay, no poder quemarme vivo en ti,

sin hambre, sed ni sueño,

porque no quiero verte sino serte,

ser en ti yo, vivir yo en ti,

ser, terminado como tí, yo mismo siempre,

y siempre igual, siempre distinto,

repetido y sin guía, siempre!

(Extracto de El nuevo mar.  Juan Ramón Jiménez)

En boca de otros (I)

¿Y a qué venía, a qué venía?
Venía sólo a no acabar,
a perseguir en sí toda la luz,
a iluminar en sí toda la vida
con forma verdadera y suficiente.

 

(Extracto de Mensajera de la estación total. 

Juan Ramón Jiménez)

Cuando no tengo tiempo, hablo en boca de otros.

 

Mini job

Ayer, mirando la prensa buscando reinvenciones, me llamó la atención un nombre que no había leído hasta ahora: los minijobs. Qué nombre tan chulo y tan bien traído, se define un poco solo, y más en este contexto de pocojob que hay ahora. El nombre es cool. Vamos, que yo lo leo, y así por lo que dice no lo querría para mí, pero suena tan mono que dan ganas como de adoptarlo -para otros-.

Eso mismo les ha debido pasar tanto al BCE como a los chicos de la CEOE, aunque ellos digan que les guste para fomentar el empleo. En Alemania llevan ya años con este tipo de contrato, y piensan que es el momento de adoptar esa modalidad aquí, cosa que le daría un punto esnob a la lista de las actuales -entre “contrato temporal”, en “prácticas”, de “obra y servicio”, “becario”-etc…-, y minijob, no hay color.

Si así por el nombre ya puedo intuir que no lo querría para mí, el conocer sus características me reafirma en este punto: se trata de un contrato de trabajo para jornadas de un máximo de 15 horas semanales y un máximo de 400 euros. El empresario paga el 2% a Hacienda y el 28% a la Seguridad Social. El trabajador puede, voluntariamente, añadir el 4,5% de sus ingresos como complemento de cotización a la Seguridad Social para ampliar las coberturas de jubilación y de IT (eso le dejaría una retribución máxima mensual de 382 euros). El trabajador tiene derecho, igualmente, a vacaciones remuneradas y, éste puede compatibilizar dos o más mini-empleos de manera simultánea. Está pensado para empleos no cualificados. Y en Alemania, estudiando el perfil de sus 6 millones de usuarios, lo escogen sobre todo estudiantes para poder compatibilizar el trabajo con el estudio.

Leyendo esto, además, me reafirmo en que debe haber algún otro motivo que no sea el de incrementar el empleo. Porque yo no termino de ver cómo podrían estos contratos mejorar la situación de pocojob actual.

Si la situación más preocupante de desempleo es, por un lado, para parados de larga duración, de mediana edad, cualificados o no, y por otro, para jóvenes cualificados –y mucho- que intentan acceder al mercado laboral, el crear una modalidad nueva pensada principalmente para jóvenes que quieren compatibilizar trabajo y estudios, cuando además ya existe la fórmula del becario, ¿de verdad va a solucionar el problema del paro?

¿Por qué no contratan o despiden las empresas? Yo pensaba que era principalmente porque había caído la demanda: no se vende, luego se necesita producir menos, luego se necesitan menos empleados. El problema no es tanto que contratar sea caro como el descenso de actividad.

Teniendo en cuenta que hablamos de España y no de Alemania, ¿por qué podría resultarle a la patronal tan atractiva esta modalidad de contrato? Sí, ya, porque los minijobs son muy monos. Pero si me pongo un poco malpensada puede que forzando un poco el público objetivo para el que fue diseñado, quizás, las empresas podrían compensar la caída de demanda -con la consecuente caída de beneficios- reduciendo costes. Despedir de entrada sale caro –no me extraña que también se quejen- pero bueno, echando números, si consiguen sacar un ERE adelante, deshacerse de más plantilla de la que necesitan para adecuar la dimensión de la empresa a las nuevas circunstancias –las de vender poco- y sustituyen ese exceso en la medida de lo posible por mini contratos a precios de saldo, pues los números igual se arreglan. Pero oye, que tampoco hay que ser tan estrictos, que si en lugar de un estudiante acepta el miniempleo un joven licenciado, con máster, y tres idiomas, pues tampoco se le va a decir que no, que alguien tendrá que dar a los chavales la oportunidad de su primer trabajo -sí, esos a los que antes se contrataba en prácticas-. ¿O que dice que sí una persona que lleva tanto tiempo en el paro que ya se le han terminado tanto la prestación por desempleo como los subsidios, pero siguen vigentes sus cargas familiares? Pues nada, no se les va a hacer el feo, que con tan de echar una mano a quien lo necesita… Lo que ocurre es que 15 horas dan para poco, es decir, que ya que se les contrata, y teniendo en cuenta que hay que ser conscientes de que estamos en un momento en el que hay que darlo todo y arrimar el hombro, pues igual no sería una locura pedirles que alargaran un poquito su jornada. Un minijob son 120 euros al mes; levantar la economía nacional no tiene precio.

Los chicos de la CEOE tienen muy claras las reinvenciones necesarias para salir de la crisis: no aumentar la presión fiscal en las empresas, apostar por la sanidad y la educación privadas, reducir el número de funcionarios, abaratar los despidos, y abaratar las contrataciones. Pero entonces, si más funcionarios y no funcionarios se van a la calle con menor indemnización, y los que trabajan ganan menos, hasta llegar incluso a fórmulas como el minijob, me pregunto si los empresarios de la CEOE piensan remontar sus cifras de ventas comprándose entre ellos sus productos, porque con esos poderes adquisitivos que va a tener el ciudadano medio gracias a sus medidas anticrisis, no veo otra solución.

Yo, por mi parte, les felicito por el nombre minijob. Como estrategia de marketing es buena. Pero si hablamos de soluciones que solucionen y no de nombres que inspiren ternura, yo le daría alguna que otra vuelta al asunto. Estoy segura de que se les puede ocurrir algo mejor.

Invierno

No hace falta que me digas que es invierno
lo veo en la luz relente
de tus ojos
y en que ahora los encienden a las seis.
Y en la lana que le pica a las palabras
de tu boca,
y es que no te pusiste camiseta debajo.
Me lo gritan las hojas
que hace tanto tiempo que se me han caído
que ya no queda ni su rastro en el suelo.
Y por mucho que me arropo los oigo -sus gritos-
congelados entre los dedos de los pies.
Y sobre todo es invierno
porque si no fuera invierno
mi aliento no sería vapor y escarcha
-incomprensible y muda-
y te traería de vuelta
al lugar que ocupa el vidrio
-trémulo pero vidrio-
en tus ojos.

Puto frío.

  
(El otro invierno es sólo una estación, y su frío se quita con jerseys o con una copa de vino. Pero inevitablemente pensar en uno, el estacional, trae a la memoria el otro. Mas queda lejos, el otro. He encontrado una selección de poesías frías aquí)