Feliz Navidad

El alma de un niño no es el que escribe una lista de regalos, ni adorna un árbol, ni mira boquiabierta las calles llenas de luces. El alma de un niño es la inocencia que permite mirar el mundo con otros ojos, la capacidad para ilusionarse, y sobretodo la capacidad para soñar. Los niños sueñan vivir aventuras, viajar al espacio, volar en un globo, crear inventos maravillosos, ser estrellas de cine, futbolistas… sueñan ser valientes, ser especiales, ser únicos. Sueñan que pueden hacer un mundo feliz. El alma de niño no tiene color, está hecha de sueños, y todos esos sueños están al alcance de su mano, no tienen límites. Los límites son inventos adultos. Los adultos inventamos dónde está la línea que separa lo posible de lo imposible, donde lo posible suele ser lo sencillo, y lo imposible lo difícil. Y más allá de esa línea no intentamos nada. Entonces, el alma de niño, aburrida por estar encerrada en un cerco tan pequeño, se duerme… Pero, ¿y si pudiéramos despertar ese alma de niño? ¿y si no se hubiera perdido para siempre? ¿y si de pronto traspasáramos esa línea y descubriéramos lo que hay más allá de ella? ¿y si hiciéramos que lo imposible fuera posible con el alma que un día tuvimos, y que no caduca cuando termina la Navidad?

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Caminando sin el hemisferio derecho parte II

Me han pasado el siguiente vídeo.  Merece la pena tomarse un rato y escucharlo. Es un gran orador, y además gracioso, pero lo que cuenta es tremendo. Me podría haber ahorrado el esfuerzo de escribir lo de ayer

Estoy convencida de que todo está relacionado. El desequilibrio, el no recibir una educación integral, el explotar sólo aquello que nos puede permitir conseguir medios económicos, el perder dimensión humana, las dificultades para la felicidad…. todo.

Caminando sin el hemisferio derecho

El hemisferio izquierdo se especializa en el lenguaje articulado, control motor del aparato fono articulador, manejo de información lógica, pensamiento proporcional, procesamiento de información en series de uno en uno, manejo de información matemática, memoria verbal, aspectos lógicos gramaticales del lenguaje, organización de la sintaxis, discriminación fonética, atención focalizada, control del tiempo, planificación, ejecución y toma de decisiones y memoria a largo plazo. Los test de inteligencia miden sobre todo la actividad de este hemisferio.

El hemisferio derecho es un hemisferio integrador, centro de las facultades viso-espaciales no verbales, especializado en sensaciones, sentimientos, prosodia y habilidades especiales; como visuales y sonoras no del lenguaje como las artísticas y musicales. Concibe las situaciones y las estrategias del pensamiento de una forma total.

Fuente: Wikipedia

Es curioso cómo desde pequeños se nos estimula para desarrollar las habilidades de las que se encarga nuestro hemisferio izquierdo. En el cole las asignaturas importantes son mates y lengua, y las marías educación artística y música.  La creatividad ni se fomenta ni se valora, las sensaciones no se tienen en cuenta, y  nadie enseña nada acerca de  sentimientos y emociones. Y así, desde pequeños, se nos va enseñando lo que nuestra cultura considera importante y lo que no lo es.

Hoy, hablando con mi amiga raquel, en un momento dado me ha dicho algo así como que las notas del cole son la forma de valorar el trabajo de los niños, así como el dinero es la forma de valorar nuestro trabajo cuando somos adultos.

¿Y qué tipo de trabajos son los que se valoran? -que traducido al contexto del día a día-  ¿con qué profesiones se gana mucho dinero?

Se pueden hacer muchas listas en la cabeza, pero las conclusiones vienen a ser las siguientes: la sociedad valora aquellas profesiones que son capaces de generar dinero. Un broker, un abogado, un ingeniero, un comercial,  un investigador… todos ellos cobrarán en función de su capacidad para generar beneficios económicos. Eso es lo que se valora.

¿Y qué trabajos se pagan peor? ¿Qué trabajos están mal valorados? ¿Qué pensarías si tu hijo te dijera que quiere ser puericultor? ¿O asistente en un geriátrico? ¿O psicólogo clínico? ¿O enfermero? ¿O trabajador social? ¿O maestro? ¿O peor incluso, músico?

“Hijo, te vas a morir de hambre….”

Otro de los grandes argumentos que se esgrimen es la cantidad de inteligencia que hace falta para adquirir una determinada cualificación.  Es que una ingeniería es muy difícil. Ciencias exactas son muy difíciles.  Luego si consigues estudiar algo así, ya no sólo eres merecedor del reconocimiento por tu posible capacidad para generar ingresos, sino también por tu capacidad intelectual, sobradamente demostrada  habiendo sido capaz de estudiar determinadas carreras universitarias. Pero me pregunto si no es también muy difícil quizás, trabajar día y noche con un niños que sufren parálisis cerebral, y hace falta darles la comida, limpiarles las babas, cantarles, darles la mano, estimularlos, abrazarlos, acariciarlos. No hace falta probablemente tener unos grandes conocimientos técnicos, pero sí  una gran  sensibilidad hacia el ser humano. Esa sensibilidad no tiene reconocimiento social, ni valoración económica.

Recuerdo el día en que me operaron de miopía. No era una operación complicada, pero lo cierto es que llegado el momento estaba nerviosa. Una enfermera me estuvo acompañando, y me habló de sus hijos y de otras muchas cosas. ¿Estás nerviosa? -me preguntó ella. No -mentí yo. Después me explicó lo que iba a ocurrir. Tú sobretodo no te muevas cuando te lo indique el doctor. ¿Y si me muevo sin querer? No te vas a mover, no te preocupes. Entonces me pasaron a quirófano, me pusieron unas gotas, se me tensaron todos los músculos de mi cuerpo, me pusieron el láser sobre los ojos, y escuché una voz, que debía ser la del médico e indicaba la llegada del momento crítico “no se mueva”. Entonces alguien me cogió la mano y  la estrechó, como habría hecho mi madre, y yo la tenía helada, y ella caliente. Y lo cierto es que si bien quedé muy agradecida al médico que me intervino y que me dejó tan bien, sin mis gafas, y sin mi miopía… lo que más recuerdo de ese día fue la mano de aquella enfermera que estrechó la mía para calmarme y acompañarme. Se trataba de algo sencillo, de algo que no se estudia, de algo que se lleva dentro y que probablemente sea lo que te empuja a escoger una profesión en la que prima el saber tratar a las personas como personas, el saber comprender, el cariño o la empatía.

“Hijo, te vas a morir de hambre…” pero hijo, adelante, y salva al mundo de su desequilibrio entre hemisferios, mata las marías, pon más lógica en la humanidad, y sobre todo más humanidad en la lógica, llénate de dignidad dignificando, y pon un poco de tu sensibilidad en la deformada escala de valores que nos mueve y nos condena a ser más productivos y menos hombres.

Recuerdo de un fin de semana de verano…

Ayer, una llamada de teléfono me trajo a la memoria un fin de semana del pasado verano.  Llevábamos meses preparándonos para la convocatoria de subvenciones de la Comunidad de Madrid para ayuda al desarrollo. Nieves había estado yendo a unos cursos acerca de cómo preparar la memoria, hablando  de nuestro proyecto, y pidiendo consejo acerca de cuánto podíamos solicitar teniendo en cuenta nuestra mínima estructura como Asociación. Ya teníamos cosas listas, un esquema, redacciones de otras subvenciones solicitadas, un proyecto técnico…. de modo que cuando por fin la CAM convocó las ayudas, sin demasiado margen de tiempo, pensamos que no quedaba mucho por hacer. César, Diana y yo nos ofrecimos a preparar la memoria, y quedamos un fin de semana.

Recuerdo que César llegó provisto de gominolas como para  provocar caries en la boca más sana, y con esto, cafés, cocacolas, tres portátiles y varios pen drives, comenzamos el reparto de tareas.  Recuerdo muchas risas, muchos debates, y muchas bromas. Recuerdo que ya era de noche y nos habíamos quedado sin luz, y que aún faltaba mucho. Y que volvimos a la carga con otras muchas horas que se pasaron volando al día siguiente. Y sobretodo recuerdo que, a pesar de mi escepticismo en cuanto a que consiguiéramos un solo euro de los que pedíamos para el proyecto del hogar en Dar es Salaam o para el microproyecto de la escuela siendo tan pequeños como somos, pensé que sólo por lo bien que me había sentido trabajando hora tras hora en ese equipo, todo ese esfuerzo ya me había merecido la pena. Y una vez que todo eso quedó presentado dejé de esperar nada más.

Ayer, una llamada de teléfono me trajo la euforia incontenida de César. Nos han concedido el microproyecto, la CAM, ya tenemos escuela!!!!!! Era el único aprobado en zona de cooperación considerada como no prioritaria, y uno de los únicos cinco microproyectos concedidos.  De momento me quedé un poco fría, sin saber muy bien cómo reaccionar.  Después, poco a poco, me di cuenta de la importancia que tenía. De que no era tan sólo financiación para una escuela para niños sin recursos en África. Es sobretodo una señal más que indica que los límites nos los fijamos nosotros, y que el hacerlos más grandes es responsabilidad y trabajo de cada uno. Es una señal más de que lo posible es infinito.